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¿Qué pasó realmente antes de la DANA en Valencia? Así fueron las horas de alerta crítica

Varias personas retiran barro con cepillos en Alfafar. / Matías Chiofalo
Con más de 223 fallecidos y pérdidas materiales inmensas, la DANA en Valencia ha sido una de las catástrofes naturales más graves de los últimos años en España

El 29 de octubre, la DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) azotó la provincia de Valencia, dejando una devastadora inundación que provocó desbordamientos masivos, especialmente en el barranco del Poyo. Este caudal se multiplicó a niveles sin precedentes, alcanzando más de 2.000 metros cúbicos por segundo, afectando trágicamente a varios municipios de la Huerta Sur, como Paiporta, Torrente y Benetúser. Este episodio mostró fallas en los sistemas de alerta y coordinación que, aunque activados en distintos momentos, llegaron demasiado tarde para evitar las graves consecuencias.

Días Previos: Las Primeras Alertas

El domingo 27 de octubre, la AEMET (Agencia Estatal de Meteorología) emitió un pronóstico de fuertes lluvias para el martes y miércoles, alertando de una “gota fría” que podría provocar precipitaciones intensas. Al día siguiente, lunes 28, la Agencia de Seguridad y Emergencias de la Generalitat reforzó este aviso, advirtiendo de precipitaciones de hasta 150 l/m², aunque la intensidad de la tormenta alcanzaría los 500 l/m² en Chiva.

Escalada de alertas y primeras medidas

El martes 29, a las 6:42 de la mañana, la AEMET emitió una alerta roja, y a las 7:30, se suspendieron las clases en diez municipios afectados por la DANA. Emergencias autonómicas y Protección Civil pidieron evitar desplazamientos, mientras la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) convocaba una reunión con varios organismos, incluidos la UME, Guardia Civil, ADIF, y otros cuerpos de seguridad.

La tarde del Martes: Una tormenta descontrolada

Alrededor de las 11:45, la CHJ lanzó un aviso especial en la cuenca del río Magro, mientras la delegada del Gobierno en Valencia, Pilar Bernabé, declaraba en televisión que el peligro disminuiría hacia las 18:00 horas. Sin embargo, la situación se tornó caótica. El presidente autonómico, Carlos Mazón, quien asistió a una reunión de emergencia, declaró que las lluvias se desplazaban hacia Cuenca y que la situación debería mejorar.

A las 15:04, el caudal del barranco del Poyo, que había mostrado una leve disminución, comenzó a incrementarse de forma alarmante. Para las 17:00, el caudal alcanzó los 325,52 m³/s y una hora después superaba los 1.725 m³/s, mientras que para las 18:55 llegaba a 2.280 m³/s. Los habitantes de Paiporta y Benetúser fueron sorprendidos por un desbordamiento devastador.

Los fallos en la coordinación y comunicación

Aunque el Centro de Coordinación de Emergencias de la Generalitat estableció el nivel rojo y se activó el Centro de Coordinación Operativo Integrado (CECOPI) en La Eliana, hubo inconsistencias en la comunicación. La CHJ, según la Generalitat, no actualizó los datos del caudal del barranco del Poyo en tiempo real, perdiendo dos horas y media en emitir alertas críticas. A las 17:56, la CHJ finalmente notificó que el embalse de Forata comenzaba a verter agua, y se temían desbordamientos de más de 1.000 m³/s en el río Magro. Sin embargo, la situación del barranco del Poyo no fue tratada con la misma urgencia.

La crítica alerta a las 20:11 y el desbordamiento del barranco

Hacia las 20:00, tras la comunicación del secretario de Estado de Medio Ambiente, la Generalitat optó por enviar un mensaje de alerta masiva a través del sistema Es-Alert, recomendando evitar desplazamientos en la provincia de Valencia debido al riesgo de ruptura de la presa de Forata. La alerta fue recibida a las 20:11 horas, cuando el barranco del Poyo ya estaba desbordado y afectaba gravemente a varias localidades.

La DANA en Valencia se convierte así en una de las peores catástrofes recientes de España, dejando, hasta el momento, 223 fallecidos y pérdidas materiales incalculables. Las lluvias y las crecidas superaron todos los registros históricos, mientras que la falta de coordinación y los fallos en la comunicación han puesto en duda los protocolos de gestión de emergencias en situaciones de extrema gravedad.