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Falsas licenciaturas, lealtades ciegas y silencio oficial: la tormenta académica del PSOE

La secretaria general del PSPV-PSOE, Diana Morant, comparece ante los medios de comunicación. / Eduardo Manzana

La salida de José María Ángel Batalla tras la revelación de su licenciatura falsa arrastra a la ministra Morant y pone en evidencia la impunidad curricular en el entorno de Pedro Sánchez

El Gobierno de Pedro Sánchez vuelve a tambalearse bajo el peso de un patrón que se repite: la falsificación de títulos académicos entre sus cargos públicos. Esta vez, el epicentro del terremoto es José María Ángel Batalla, excomisionado para la reconstrucción de la DANA en la Comunidad Valenciana, cuya dimisión forzada tras revelarse que mintió sobre su licenciatura ha desatado una cadena de consecuencias políticas e internas para el PSOE y, especialmente, para su ala valenciana.

La ministra de Ciencia, Diana Morant, que defendió al dimitido con argumentos de “generosidad” y “dedicación”, se ha quedado sin margen político ni retórico. Su posición como líder del PSPV-PSOE —ya debilitada— se tambalea ante el descrédito acumulado por los casos de currículos falsos que rodean al partido en la Comunidad Valenciana.

Una dimisión que no resuelve el problema: Bernabé y la tesis de Sánchez en la sombra

La salida de Ángel Batalla es, según palabras de la vicepresidenta María Jesús Montero, “lo correcto”, aunque se refiera a hechos de “hace muchísimo tiempo”. Pero el problema no es cronológico, sino sistémico: no es el único caso ni es el último.

El foco se desplaza ahora a Pilar Bernabé, delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana, que aseguró tener dos licenciaturas (Filología Hispánica y Comunicación Audiovisual) que jamás terminó, como reveló la prensa en abril. Hasta ahora, ni Morant ni Moncloa han exigido responsabilidades, manteniendo un silencio elocuente.

Y en la trastienda permanece otro asunto que cada vez pesa más: la tesis doctoral del presidente Pedro Sánchez, cuya autoría y originalidad han sido objeto de serias dudas académicas desde 2018. Morant, alineada férreamente con el sanchismo, no ha hecho ni una sola mención a este caso, demostrando que el principio de exigencia solo se aplica al adversario político.

Impunidad curricular: una crisis de legitimidad

Los tres nombres —Ángel, Bernabé y Sánchez— representan más que casos individuales: son síntomas de una cultura política que banaliza el mérito, falsea el mérito académico y normaliza el engaño. La ministra Morant, lejos de tomar distancia, ha optado por respaldar sin matices a los suyos, reforzando una narrativa donde el control institucional ha sido sustituido por la lealtad ciega al líder.

Mientras tanto, la Diputación de Valencia ha abierto una investigación a Carmen Ninet, esposa del excomisionado, por presuntamente ocupar un alto cargo técnico en un museo público sin la formación necesaria. El entorno de poder en la Comunidad Valenciana parece tejerse con una telaraña de afinidades políticas antes que de competencias acreditadas.

El precio de la sumisión política

En este contexto, la figura de Morant se ve cada vez más reducida a la de peón disciplinado de Moncloa, sin margen para liderar ni renovar un partido regional desorientado. Como apunta El Debate, su autoridad se explica más por su adhesión a Sánchez que por liderazgo propio.

El resultado es un PSOE valenciano que pierde terreno frente al Gobierno autonómico de Carlos Mazón, según reflejan las encuestas, y que se empantana en crisis internas que no logra resolver ni asumir con transparencia.