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Sombras en el Ático: Un thriller psicológico atrapado entre la paranoia y el cliché

Un frame de la película. / X
Su atmósfera inquietante y la actuación de Clara Jensen son sus mayores fortalezas, aunque el guion no arriesga lo suficiente para convertirla en un referente del género

Los thrillers psicológicos han evolucionado hasta convertirse en un género que, cuando se maneja con inteligencia, puede sumergir al espectador en una atmósfera de paranoia, tensión y engaño. Sombras en el Ático (2023) se presenta con una premisa intrigante: una mujer atrapada en un matrimonio con un político manipulador y un amante oculto en su propia casa, hasta que un asesinato cambia el juego.

Con una historia que promete manipulación, giros inesperados y una lucha por la supervivencia, la pregunta es inevitable: ¿cumple la película con las expectativas o se pierde en su propio laberinto de secretos?

Una historia de secretos… que quizá hemos visto antes

Phoebe (interpretada con solvencia por Clara Jensen) es una mujer atrapada en un matrimonio con Ethan, un político de carrera impecable, pero con un carácter controlador y amenazante. En busca de escape, Phoebe inicia una relación con Lucas, un escritor cuya vida profesional está en decadencia. El romance prohibido pronto se convierte en una pesadilla, cuando Phoebe persuade a su amante para que se esconda en el ático de su casa, donde podrán encontrarse en secreto sin levantar sospechas.

La tensión de este peligroso juego es innegable: la claustrofobia de Lucas, la constante amenaza de ser descubiertos, la presión psicológica sobre Phoebe. Sin embargo, lo que comienza como una exploración del miedo y la obsesión pronto recurre a giros narrativos demasiado previsibles. Cuando Lucas aparece asesinado en el ático, la película entra en una espiral de sospechas y revelaciones que, aunque efectivas en el momento, no logran sorprender realmente al espectador experimentado en el género.

Un thriller atrapado en sus propias sombras

El director David Langford maneja con habilidad la tensión y el ritmo. La cinematografía refuerza el ambiente opresivo, con tomas cerradas y una iluminación tenue que convierten la casa en un personaje más, un lugar donde la oscuridad esconde secretos en cada esquina. El uso del ático como espacio central es un acierto: no solo es un refugio, sino también una trampa.

Sin embargo, la mayor debilidad de la película está en su guion. Aunque el desarrollo de Phoebe es sólido, Ethan y Lucas se sienten como antagonistas unidimensionales. Ethan es el clásico esposo manipulador sin mayor matiz, y Lucas, a pesar de su posición vulnerable, no logra generar la empatía suficiente. Esto provoca que, en lugar de un triángulo psicológico complejo, la historia avance a través de tropes ya conocidos del género: el marido peligroso, el amante atrapado, el giro final que intenta redefinirlo todo.

Además, el tercer acto se siente apresurado. La película dedica tiempo a construir su atmósfera, pero la resolución llega con una velocidad que deja preguntas sin responder. Aunque el desenlace logra impactar, el camino hasta él se percibe demasiado mecánico.