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Pamela Anderson reivindica su carrera con ‘The last showgirl’

Pamela Anderson protagoniza The Last Showgirl, un proyecto que define como decisivo en su carrera. / EP
Pamela Anderson protagoniza The Last Showgirl, un papel que le permite reencontrarse con su faceta más íntima como actriz, reivindicar su trayectoria y canalizar décadas de emociones contenidas.

Pamela Anderson regresa al cine con un proyecto que la define y al mismo tiempo la transforma. En The Last Showgirl, dirigida por Gia Coppola, la actriz se enfrenta a una historia que conecta íntimamente con su propia vida. A sus 57 años, Anderson ha decidido poner fin a décadas marcadas por el peso de una imagen pública moldeada desde su aparición en Los vigilantes de la playa, y ofrecer una interpretación que aspira a reconstruir su identidad profesional como actriz.

La película, presentada en el Festival de San Sebastián y actualmente en cartelera en España, narra la historia de una bailarina cuyo espectáculo llega a su fin. Para Anderson, no es simplemente un papel, sino una oportunidad de reencontrarse con sí misma y de expresar emociones largamente contenidas. “Nunca me habían ofrecido algo así”, afirma, añadiendo que el guion fue el primero que le generó la necesidad visceral de actuar. “Sentí que era cuestión de vida o muerte”.

Reconocida durante décadas como símbolo erótico, la actriz reflexiona ahora sobre cómo el aspecto físico condicionó su carrera. “Tengo 57 años y mi carrera ha tenido que ver con lo físico”, admite. No obstante, señala que, en esta etapa de su vida, encuentra una sensualidad distinta en su trabajo: más íntima, honesta y vulnerable. “Es mucho más sensual para mí ahora que lo que fue en el pasado”, declara.

En sus propias palabras, The Last Showgirl representa no solo una actuación, sino una experiencia curativa. La actriz describe el rodaje como una forma de purga emocional. “He sido capaz de encontrar una manera de expresar algo de esa ira y dolor reprimido”. El papel le ha servido para canalizar las emociones acumuladas a lo largo de una carrera marcada por el escrutinio público, los escándalos y la constante expectativa mediática.

A lo largo de su trayectoria, Anderson ha protagonizado títulos como Barb Wire o Scary Movie 3, y ha participado en múltiples series de televisión. A pesar de su constante presencia pública, confiesa que durante años se sintió fuera del mundo interpretativo real. “Desde Los vigilantes de la playa hasta Broadway no sé lo que ha pasado en medio. Me he perdido varias décadas de mi vida”, comenta. El proyecto de Coppola le ha devuelto la inspiración. “Sabía que lo podía hacer, nunca es demasiado tarde”.

La actriz reconoce que el activismo la ayudó en los años más inciertos, permitiéndole encontrar sentido cuando pensaba que su carrera artística había concluido. Pero ahora siente que ha iniciado un nuevo capítulo. “Estoy aprendiendo, todavía trato de averiguar cómo funciona esto. Es como una purga, es muy curativo”.

Anderson también aborda la escasez de papeles interesantes para mujeres mayores de 50 años en la industria. Considera que el momento actual es propicio para contar historias reales, centradas en la madurez, la evolución personal y las relaciones. “A los 50 sientes que pasas de una edad a otra”, explica. En ese tránsito, cree que reside un potencial narrativo aún poco explorado.

La actriz también destaca el valor de sus compañeras de reparto. “Me enamoré de todas”, dice al referirse a actrices como Jamie Lee Curtis, de quien elogia su energía y autenticidad. Relata que antes del rodaje realizaron ejercicios en común que las ayudaron a construir una conexión sólida.

Durante la preparación del filme, el equipo contactó con verdaderas showgirls, quienes compartieron sus historias y técnicas. Anderson espera haber estado a la altura del respeto que profesan por su arte: “Espero que estén orgullosas de la película cuando vean el resultado”.

En sus reflexiones finales, Anderson recuerda con humor su juventud y los sueños que plasmó en Playboy. “Escribí que quería ser buena madre y ganar un Oscar… pero estaba de broma”, cuenta. Sin embargo, mira atrás con agradecimiento y cierta sorpresa por haber llegado hasta aquí. “Quién me iba a decir a mí, con 25 años, que iba a llegar aquí…”.