Erin Brockovich no quería que Julia Roberts la interpretara
A 25 años del estreno de la película Erin Brockovich, el relato biográfico que catapultó a Julia Roberts a ganar el premio Oscar a la mejor actriz, la figura real detrás de la historia continúa generando titulares. La historia de Erin Brockovich, una mujer sin formación legal que logró una de las mayores victorias judiciales contra una gran corporación contaminante, se convirtió en un símbolo de lucha social y justicia ambiental. No obstante, el vínculo entre la verdadera Brockovich y la actriz que la interpretó en la gran pantalla no fue del todo armónico.
Erin Brockovich, madre soltera y trabajadora sin experiencia jurídica previa, consiguió un empleo en un pequeño despacho de abogados, donde pronto llamó la atención por su estilo directo y su vestimenta poco convencional. Su decisión de investigar los motivos de un extraño patrón de enfermedades entre varios clientes la llevó a descubrir una red de contaminación del agua atribuible a la empresa Pacific Gas and Electric (PG&E), lo que dio pie a una demanda sin precedentes. Esta hazaña fue llevada al cine en el año 2000 por el director Steven Soderbergh, con Julia Roberts en el papel protagonista.
La película fue un éxito rotundo, tanto en taquilla como en premios, y consolidó aún más la carrera de Roberts. Sin embargo, Erin Brockovich expresó en su momento ciertas reservas respecto a la elección de la actriz para interpretarla. Aunque reconoció la calidad interpretativa de Julia Roberts, señaló que, en su opinión, otra actriz podría haber captado mejor su esencia. “Nunca pensé que alguien como Julia Roberts aceptaría este papel tan fuera de lo común”, comentó Brockovich. Para ella, la candidata ideal habría sido Goldie Hawn, a quien consideraba más cercana a su personalidad extrovertida y estilo provocador.
La activista también hizo referencia al aspecto físico del personaje. Erin, reconocida en su entorno por utilizar prendas llamativas como sujetadores con estampado de leopardo, minifaldas y tacones de aguja, señaló un aspecto en el que la película se apartaba de la realidad: “Lo único que no es preciso es que las faldas no son lo suficientemente cortas”, le dijo directamente al director Steven Soderbergh durante una proyección.
Por su parte, Julia Roberts también manifestó que su transformación para el papel no fue sencilla. En una entrevista concedida a Entertainment Weekly, reconoció que su vestuario era todo un reto. La actriz llegó a bromear sobre ello con una frase contundente: “Yo tengo cosas en mi armario que llamaría vestidos, pero Erin tiene cosas que llamaría ‘vestis’. Y el ‘dos’ final, esa parte que suele cubrir tu culo, es lo que falta”. A pesar de sus dudas iniciales, Roberts ofreció una interpretación que se convirtió en una de las más celebradas de su carrera.
El contraste entre el carácter espontáneo, algo irreverente, de la verdadera Erin Brockovich y el estilo más sobrio de Julia Roberts generó ciertas fricciones, aunque la activista nunca negó el impacto positivo que la película tuvo en su vida y en la causa ambiental. En la actualidad, Erin continúa vinculada a la defensa del medioambiente y sigue siendo una figura de referencia en la lucha contra la contaminación industrial, un cuarto de siglo después de haber saltado a la fama.