¿Por qué Una batalla tras otra es la película que todos están comentando?
Entender una novela de Thomas Pynchon debe ser una de las mayores complicaciones que existen en esta vida. Atreverse a llevarla al cine (aunque sea inspirándose remotamente en ella) es una hazaña destinada solo a los valientes. En el caso de Paul Thomas Anderson, podemos decir que no es solo una valentía, sino casi una temeridad, puesto que ya se atrevió en 2014 con Puro Vicio (Vicio propio en la novela de Pynchon traducida al español e Inherent Vice en inglés), historia de un detective privado (Joaquín Phoenix) en Los Ángeles en los 70. Ahora vuelve a la carga con Una batalla tras otra, en cines este viernes, y las cosas le han salido sorprendentemente bien.
Una batalla tras otra se inspira en Vineland (1990), donde Pynchon relataba los años del gobierno de Reagan en una región inventada por el escritor, ubicada en California. La novela también se desarrolla en los 70, como excusa para contar la historia de la joven Prairie en busca de su madre, Frenesi, una heroína y figura legendaria de los movimientos radicales de finales de la década anterior. Aunque Anderson siempre ha manifestado su admiración por la novela, Una batalla tras otra se inspira muy lejanamente en la historia de Pynchon y ni siquiera la década se corresponde con la del libro. Aquí todo el mundo tiene un iPhone.
En Una batalla tras otra, como figura principal está un grupo revolucionario radical que se hace llamar French 75 y que lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. La acción comienza en un centro de detención de inmigrantes en la frontera con México. En esa primera parte cobran protagonismo Perfidia Beverly Hills (una contundente y poderosa Teyana Taylor), amante de Bob Ferguson (Leonardo DiCaprio en plan fumeta), y el malo malísimo de la historia, el Coronel Lockjaw (un Sean Penn componiendo a un villano caricaturesco y, sin embargo, creíble) que se obsesiona con Perfidia.
La segunda parte transcurre 16 años después, cuando el personaje de DiCaprio y su hija Willa (una jovencísima Chase Infiniti) viven apartados del mundanal ruido en el tranquilo pueblo de Baktan Cross y con identidades falsas, hasta que Lockjaw decide ir a por ellos con la idea de borrar su pasado para poder entrar en un grupo de supremacistas blancos amantes de la Navidad. Todo adornado con la banda sonora de Jonny Greenwood, un frecuente ya en la filmografía de Thomas Anderson.
Delirante y pynchoniana —no olvidemos que la mente del misterioso escritor ha llegado a concebir un personaje que sufre una erección cada vez que se detona una bomba—, la película prácticamente ha coincidido con el estreno de Eddington de Ari Aster, y ambas componen un relato/parodia bastante acertado y completo de la deriva política y social de Estados Unidos en los últimos años. Pero en realidad no intenta adoctrinar a nadie y se ríe un poco de todo el mundo, desde los supremacistas blancos a los amigos no binarios de la hija de DiCaprio, pasando por el entrañable personaje-sensei de Benicio del Toro, inmigrante que vive con otras 20 personas en un mismo apartamento y que habla en español sin subtítulos buena parte de la película. La película compone un relato bastante acertado de la deriva política y social de Estados Unidos en los últimos años, sin intentar adoctrinar a nadie.
Lo más sorprendente de todo es el hecho de que Anderson haya decidido ambientar en el presente esta especie de road movie o película de persecución, algo que no hacía desde 2002. Su última película (Licorice Pizza) transcurría en una década de los 70 bastante nostálgica y dulcificada, y pudiendo haberse decantado por la misma década que relata Pynchon en su novela, es curioso que el director haya preferido ambientarla en el presente.
Parece que todas las papeletas apuntan a que Leonardo DiCaprio recibirá su nominación a Mejor Actor en la próxima edición de los Oscar por su papel de Bob Ferguson, una especie de Gran Lebowski con bata y el cerebro tan destrozado de 30 años de consumo de opiáceos que no recuerda bien cuál era el punto de encuentro de la resistencia, en caso de tener que huir si le busca el enemigo. También es más que probable que Sean Penn acabe nominado como Actor de Reparto porque su Coronel Lockjaw es el que realmente roba el protagonismo en todas las escenas en las que aparece y compone uno de los mejores papeles de su carrera. Todo el reparto, en realidad, está convenientemente perfecto.
¿Y Paul Thomas Anderson? Pues, si tenemos en cuenta que está considerado un iconoclasta y uno de los mejores directores actuales y que, además, no ha ganado todavía ningún Oscar, las cosas también parecen estar a su favor, incluso con el estreno en un momento tan particular (las películas que compiten en los premios suelen estrenarse bien entrado el otoño, aunque este podría ser un simple movimiento estratégico). El filme, por el momento, no ha hecho más que cosechar críticas muy positivas y cuenta con Steven Spielberg como uno de sus mayores defensores.
¿Puede funcionar una historia que aborda la supremacía blanca y la revolución negra en un momento tan polarizado como el actual? DiCaprio enfatizó en una reciente entrevista con The New York Times que Anderson no pretendía en ningún momento imponer su agenda política o sistema de creencias al público: "Dice que eso es como tomar medicina... al final, la verdadera esencia de la película reside en la historia de padre e hija, ya que Bob y Willa deben superar la brecha generacional para poder sobrevivir. Si hay algo de política en esta película, creo que se trata de cómo algunas personas todavía están estancadas en sus costumbres y otras han abrazado el futuro".