Angelina Jolie encarna a María Callas en un drama introspectivo
El director chileno Pablo Larraín ha concluido su trilogía cinematográfica dedicada a figuras femeninas icónicas del siglo XX con 'María Callas', una película que aborda los últimos días de la soprano griega en su residencia de París. Esta nueva obra, protagonizada por Angelina Jolie, se centra en la fragilidad y el aislamiento de la legendaria cantante de ópera, alejándose de la típica narrativa biográfica para ofrecer un retrato que prioriza la emoción y la introspección por encima de los hechos cronológicos.
La cinta arranca en un punto determinante: el crepúsculo de la vida de María Callas. De esta forma, Larraín establece desde el inicio un tono de melancolía inalterable, una sensación de irremediable decadencia que impregna cada escena. La estructura del filme no se limita a una línea temporal fija, sino que interconecta el presente con evocaciones del pasado, trazando un paralelismo entre la Callas de sus últimos años y aquella que brilló en los escenarios de todo el mundo. Sin embargo, el director evita los convencionalismos del biopic tradicional y opta por una narrativa más sensorial, donde la atención se centra en la atmósfera y en los silencios tanto como en las palabras.
En la película, Angelina Jolie encarna a María Callas con un enfoque contenido y una interpretación que se apoya en el lenguaje corporal y en los gestos mínimos para transmitir la complejidad del personaje. La decisión de utilizar grabaciones originales de la cantante, en lugar de que la actriz interprete las arias, refuerza la intención de Larraín de respetar la esencia de la artista sin intentar replicarla. La banda sonora se convierte, así, en un elemento fundamental del relato, enfatizando la desconexión entre la Callas de antaño y la mujer que enfrenta sus últimos días en soledad.
La dirección de fotografía de Edward Lachman juega un papel crucial en la construcción del universo visual de la película. La paleta cromática y el tratamiento de las texturas refuerzan la sensación de una existencia detenida en el tiempo, una vida en la que los días transcurren en un constante estado de melancolía. Los encuadres estáticos y la composición de las imágenes, meticulosamente calculados, evocan la sensación de que la protagonista se encuentra atrapada en su propio pasado.
El filme mantiene una conexión temática con los dos trabajos anteriores del director, 'Jackie' (2016) y 'Spencer' (2021), que también exploran la vida de mujeres públicas atrapadas en una realidad que las asfixia. Mientras que 'Jackie' sigue a Jacqueline Kennedy tras el asesinato de su esposo y 'Spencer' retrata los últimos días de Lady Di en la familia real, 'María Callas' se enfoca en la reclusión autoimpuesta de la soprano tras la pérdida de su voz, su amor y su prestigio. Esta repetición de temáticas también se extiende a la estructura narrativa: el relato se desarrolla en un espacio cerrado, donde la protagonista enfrenta sus demonios personales en un ambiente casi claustrofóbico.
A lo largo del metraje, la película establece un diálogo entre la Callas real y su representación en la escena operística. El filme enfatiza la ironía de una vida dedicada a interpretar tragedias en el escenario, mientras que la suya propia terminó por reflejar ese mismo destino. Como el propio Larraín mencionó en la presentación del filme en el Festival de Venecia, "María Callas pasó su vida cantando óperas donde inevitablemente moría". La película recoge este concepto y lo lleva a su máxima expresión, mostrando cómo la línea entre la ficción y la realidad se desdibujó en la vida de la diva.
Con una duración de 123 minutos, la película exige del espectador paciencia y una disposición a sumergirse en una narración pausada y contemplativa. El ritmo, deliberadamente lento, enfatiza la sensación de que la protagonista vive en un limbo existencial.
El filme también incorpora referencias poéticas que aportan una capa adicional de interpretación. Pier Paolo Pasolini, quien dirigió a Callas en su única incursión cinematográfica en 'Medea' (1969), le dedicó un poema en el que la describía como "un pajarito con la poderosa voz de un águila; un águila temblorosa". La película recoge este simbolismo y lo emplea como una metáfora recurrente para representar la vulnerabilidad de la cantante.