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El insecto de Cantabria que sobrevivió 100 millones de años para contarnos cómo era la Tierra

Interior de la cueva de El Soplao. / A.S.

Cretevania orgonomecorum, descubierta en Cantabria, se convierte en una especie clave para comprender la biodiversidad y evolución de los ecosistemas antiguos

En el corazón de la cueva de El Soplao, uno de los yacimientos paleontológicos más valiosos de Europa, un fragmento minúsculo de ámbar ha revelado una sorpresa que permanecía sellada desde hace más de cien millones de años. Se trata de una nueva especie de avispa evánida, Cretevania orgonomecorum, cuyo hallazgo aporta información inédita sobre la biodiversidad del Cretácico y sobre cómo funcionaban los ecosistemas en un mundo dominado por dinosaurios y mares tropicales.

Una cápsula del tiempo perfecta

El ámbar, resina fosilizada con un poder de conservación extraordinario, ha permitido que este diminuto insecto llegue hasta nosotros con un nivel de detalle casi imposible en otros tipos de fósiles. Las antenas, las venas de las alas, la forma del tórax y del abdomen aparecen preservados como si el tiempo no hubiera pasado, abriendo una ventana directa al pasado profundo de la Tierra.

El ejemplar destaca por su tamaño —entre los mayores del género— y por rasgos anatómicos únicos que permiten diferenciarlo con claridad de otras especies conocidas. Su descripción no solo amplía el catálogo del género Cretevania: también obliga a revisar su clasificación interna y a repensar cómo evolucionaron estas avispas durante el Cretácico.

Más que un fósil: una herramienta científica global

El valor de Cretevania orgonomecorum va mucho más allá de su novedad como especie. Las avispas evánidas pueden actuar como fósiles guía, un tipo de referencia biológica muy útil para datar sedimentos y establecer conexiones entre yacimientos del mismo periodo situados en distintos puntos del planeta.

Gracias a su amplia distribución geográfica y a su gran diversidad, esta nueva especie se convierte en un recurso clave para reconstruir la cronología y la dinámica ecológica del Cretácico, un periodo decisivo en la historia de la vida.

El descubrimiento ha sido posible gracias a una investigación conjunta del IGME-CSIC, la Universidad de Barcelona, la Universidad de Valencia, la Academia de Ciencias de China y la Universidad de Oxford, con apoyo del Gobierno de Cantabria y del Ministerio de Ciencia e Innovación.

El Soplao: uno de los grandes tesoros paleontológicos europeos

El yacimiento cántabro es una referencia mundial. Más de 1.500 inclusiones fósiles han sido documentadas hasta la fecha y al menos 30 nuevas especies han sido descritas gracias a sus resinas. Su excepcional capacidad de conservación se debe a un antiguo entorno costero, donde ríos, bosques y mares interactuaban dejando atrapados en resina insectos, polen, fragmentos vegetales e incluso pequeños arácnidos.

Entre los descubrimientos más destacados figura la garrapata más antigua conocida, hallada en 2017, que permitió reconstruir un ecosistema completo del Cretácico. Con la aparición de esta nueva avispa, El Soplao vuelve a situar a Cantabria en el centro de la investigación paleontológica internacional.

Por qué importa para la humanidad encontrar una nueva especie de hace 100 millones de años

A primera vista, puede parecer que una avispa de apenas unos milímetros tiene poca relevancia. Pero cada fósil en ámbar es un microdocumento histórico, un registro insustituible que nos ayuda a entender:

  • Cómo evolucionan los ecosistemas y por qué desaparecen o se transforman.

  • Cómo cambian las especies frente al clima, un conocimiento crucial en tiempos de calentamiento global.

  • Qué biodiversidad existió y cómo se relaciona con la actual.

  • Cómo se distribuyó la vida en el planeta y qué procesos biológicos se repiten hoy.

Comprender el pasado no es un lujo científico: es una herramienta para anticipar el futuro. Cada hallazgo permite reconstruir piezas perdidas del puzle evolutivo y nos recuerda que las crisis, las adaptaciones y los cambios en la biodiversidad son fenómenos antiguos que pueden enseñarnos a proteger la vida actual.

Un fósil diminuto con un impacto enorme

Tras permanecer en silencio, atrapada en resina durante cien millones de años, esta pequeña avispa emerge ahora como una protagonista científica. Su aparición refuerza la singularidad de El Soplao como un laboratorio natural único y demuestra que, incluso en la escala más diminuta, la naturaleza conserva claves esenciales para comprender la historia profunda de la vida en la Tierra.