19.06.2024 |
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CIENCIA

Desafiando la percepción: ¿Por qué no sentimos el movimiento de la Tierra?

La Tierra, inmersa en un viaje constante a través del cosmos, plantea la pregunta: ¿por qué no percibimos su movimiento? Factores como la inercia, la gravedad y la adaptación sensorial ofrecen respuestas.
La tierra vista desde una estación espacial internacional. Nasa / Archivo
La tierra vista desde una estación espacial internacional. Nasa / Archivo
Desafiando la percepción: ¿Por qué no sentimos el movimiento de la Tierra?

El planeta Tierra, nuestra morada en el vasto universo, se desplaza a una vertiginosa velocidad de 107.280 kilómetros por hora alrededor del Sol. Este movimiento constante plantea una interrogante intrigante: ¿por qué no percibimos este trepidante viaje sideral?

Constancia y Fenómenos Inerciales

Para abordar esta cuestión, la astrofísica chilena Javiera Rey ofrece una perspicaz analogía: "Imagina que viajas en un avión", describe Rey, quien es cofundadora de Star Tres, una plataforma de divulgación científica en América Latina. "Al despegar, sientes una presión hacia el asiento, pero una vez en vuelo estable, la sensación de movimiento disminuye significativamente".

Este principio de inercia, que nos mantiene en nuestra posición de reposo a menos que una fuerza externa actúe sobre nosotros, se aplica tanto al vuelo en avión como al movimiento terrestre. La Tierra, al mantener una velocidad constante, parece inmutable en su trayectoria.

La Fuerza Invisible de la Gravedad

La física teórica Solmar Varela, de la Universidad Central de Venezuela, compara este fenómeno con la experiencia de conducir un automóvil a velocidad constante. "Mientras viajas en línea recta, el movimiento es apenas perceptible, pero al tomar una curva, sientes una fuerza que te empuja hacia el lado opuesto".

La rotación de la Tierra genera una fuerza centrífuga, que teóricamente nos impulsaría hacia el espacio exterior. Sin embargo, la atracción gravitacional del planeta actúa como un sólido cinturón de seguridad, manteniéndonos firmemente arraigados a su superficie.

El Principio de Relatividad y el Desplazamiento Terrestre

Durante siglos, la creencia en el geocentrismo prevaleció, argumentando que si la Tierra se moviera, lo sentiríamos. Este dogma se desvaneció con las contribuciones de Nicolás Copérnico, Johannes Kepler y Galileo Galilei, quienes propusieron el modelo heliocéntrico y demostraron la relatividad del movimiento.

Galileo, mediante experimentos realizados en un barco en movimiento, refutó la noción de que el movimiento terrestre sería evidente para sus habitantes. Estos hallazgos sentaron las bases del principio de relatividad, que sostiene que el movimiento es relativo al punto de observación.

Adaptación y Acostumbramiento

La familiaridad con el movimiento terrestre desde el nacimiento, así como la adaptación de nuestros sentidos y la atmósfera misma, contribuyen a nuestra incapacidad para percibir el movimiento de la Tierra. Marta Ábalos, profesora de Física de la Tierra en la Universidad Complutense de Madrid, señala que "nuestro sistema auditivo se ha adaptado para evitar los mareos que podrían resultar del movimiento terrestre".

En última instancia, el desplazamiento constante de la Tierra se convierte en un telón de fondo silencioso para la vida en el planeta, un fenómeno omnipresente pero apenas perceptible en la rutina diaria.

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