Espacio exterior

Alarma en los observatorios: un objeto de otro sistema estelar acaba de entrar en el nuestro

Un objeto interestelar, bautizado como 3I/ATLAS, ha irrumpido en el Sistema Solar a más de 100.000 km/h, despertando la curiosidad —y las teorías— de científicos y aficionados

Trayectoria del cometa interestelar 3I/ATLAS. / Daniel Resa
Trayectoria del cometa interestelar 3I/ATLAS. / Daniel Resa

Un nuevo viajero del espacio profundo ha cruzado las fronteras de nuestro Sistema Solar, y no ha pasado desapercibido. Se trata de 3I/ATLAS, un objeto interestelar cuya detección ha encendido alarmas, teorías y debates tanto en la comunidad científica como en redes sociales. Con una velocidad vertiginosa, una cola cometaria activa y un tamaño sin precedentes, 3I/ATLAS es ya el tercer objeto interestelar conocido que visita nuestro vecindario cósmico, tras los históricos casos de Oumuamua (2017) y 2I/Borisov (2019).

¿Qué es 3I/ATLAS y de dónde viene?

El objeto fue descubierto el pasado 1 de julio de 2025 por el sistema de telescopios ATLAS (Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System), ubicado en Chile. Desde un primer momento, los astrónomos notaron que la trayectoria de este cuerpo no se ajustaba a ninguna órbita solar común. Su velocidad —calculada en más de 100.000 kilómetros por hora— y su ángulo de entrada confirmaron que 3I/ATLAS no está ligado gravitacionalmente al Sol, lo que lo convierte oficialmente en un objeto interestelar.

Según los cálculos más recientes, el perihelio —el punto más cercano al Sol— ocurrirá el 29 de octubre de 2025, cuando el objeto se aproxime a unos 206 millones de kilómetros de nuestra estrella. Tras ese paso, continuará su camino hacia el espacio profundo, probablemente para no volver jamás.

Un tamaño colosal y una apariencia activa

A diferencia de Oumuamua, cuyo tamaño estimado no superaba los 400 metros y que generó controversia por su forma y comportamiento erráticos, 3I/ATLAS impresiona por su tamaño. Observaciones del Vera C. Rubin Observatory y de telescopios europeos de la ESA han estimado que el objeto tiene aproximadamente 11 kilómetros de diámetro, lo que lo convierte en el objeto interestelar más grande jamás registrado.

Además, 3I/ATLAS presenta actividad cometaria clara, con una cola visible y una coma —una nube de gas y polvo que lo rodea—, provocadas por el calentamiento solar. Esta característica lo diferencia notablemente de Oumuamua, que no mostró signos de desgasificación.

¿Una nave extraterrestre? El debate científico

El hallazgo de 3I/ATLAS ha despertado una ola de especulaciones, sobre todo tras la publicación de un artículo preliminar firmado por el conocido astrofísico Avi Loeb (Universidad de Harvard) junto a Adam Hibberd y Adam Crowl. En su análisis, los autores no descartan que el objeto pudiera tratarse de una sonda interestelar de origen artificial, enviada por una civilización avanzada.

Entre sus argumentos destacan su velocidad, trayectoria y la posibilidad de que haya sobrevolado planetas del sistema solar como Venus, Marte o Júpiter, recogiendo datos o desplegando tecnología. También sugieren que su paso cercano por detrás del Sol a finales de octubre podría ser una maniobra para ocultarse temporalmente de la observación terrestre.

Sin embargo, desde la NASA se ha emitido un comunicado oficial en el que se aclara que la hipótesis de un origen artificial es "altamente improbable" y que todas las evidencias actuales apuntan a un origen natural, más concretamente, a un cometa interestelar.

Un visitante único y fugaz

Lo que hace a 3I/ATLAS especialmente fascinante no es solo su tamaño o su comportamiento activo, sino el hecho de que estos visitantes interestelares son increíblemente raros. En los más de 4.500 millones de años de historia del Sistema Solar, solo tres objetos de este tipo han sido detectados, gracias a las modernas tecnologías de observación astronómica. Y cada uno ha aportado pistas valiosas sobre los procesos que ocurren más allá de nuestra vecindad solar.

De acuerdo con la NASA y la ESA, no representa ningún peligro para la Tierra ni para los planetas cercanos. Aun así, su visita está siendo aprovechada por observatorios de todo el mundo para recoger datos cruciales sobre la composición, estructura y origen de estos misteriosos viajeros cósmicos.

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