Van Aert, en su año más gris: sin victorias y con la confianza bajo mínimos
El belga de Visma-Lease a Bike busca en el Giro y el Tour la chispa perdida tras una primavera sin gloria
Wout van Aert vive un 2025 inesperadamente gris. El ciclista belga del Visma-Lease a Bike, símbolo de polivalencia y fiabilidad en los últimos años, no ha logrado aún una victoria de prestigio esta temporada y comienza a ser inevitable hablar de una crisis que va más allá de lo deportivo. Los resultados no acompañan, las dudas aumentan y su lenguaje corporal refleja más desánimo que ambición. Un gigante que sigue peleando, pero que no termina de reencontrarse.
Todo empezó con esperanzas. Tras una pretemporada marcada por la recuperación de una lesión en la rodilla provocada por una caída en la Vuelta a España 2024, Van Aert volvió al barro del ciclocross con dos victorias que devolvieron ilusión a sus seguidores. Su triunfo en Dendermonde, en condiciones dantescas, parecía la prueba de que seguía teniendo ese motor incomparable. Pero en el Mundial de Lièvin, otra vez Mathieu van der Poel se cruzó en su camino. El neerlandés lo venció en un nuevo cara a cara tenso y simbólico, una derrota que dolió más en lo emocional que en lo deportivo.
En carretera, el declive fue más evidente. Sin triunfos en ninguna de las grandes clásicas de primavera, su terreno favorito, Van Aert ha vivido una sucesión de puestos decepcionantes: 11.º en Omloop Het Nieuwsblad, 75.º en Kuurne-Bruselas-Kuurne, discreto en E3 Saxo Classic, y sólo un segundo puesto en A Través de Flandes, donde su equipo desaprovechó una ventaja táctica clara. En el Tour de Flandes y París-Roubaix, logró sendos cuartos puestos. Meritorios, sí, pero insuficientes para un corredor que acostumbra a ganar.
“Lo intento todo, pero no sale”, dijo con resignación tras su último revés en la Brabanzona, donde fue superado por Remco Evenepoel. “Aparentemente ya no tengo un buen sprint”, añadió a Eurosport, en una frase que encierra una mezcla de honestidad y tristeza. Van Aert, que tantas veces ha brillado en llegadas masivas, empieza a cuestionar una de sus principales armas. La falta de triunfos no solo le afecta en la clasificación, sino también en su confianza.
Las razones de este bajón son múltiples. El desgaste físico tras la intensa temporada de ciclocross podría estar pasando factura, pese a que este año redujo su calendario invernal. La táctica del Visma-Lease a Bike, cuestionada en varias carreras, también ha contribuido. En A Través de Flandes, por ejemplo, la ventaja numérica no se tradujo en control. Además, el equipo en general ha estado menos brillante que en años anteriores, y eso ha impactado en el rendimiento individual de su líder.
A ello se suma la emergencia de nuevas estrellas. El nivel de las clásicas se ha elevado con la presencia dominante de Pogacar, Van der Poel, Evenepoel y corredores como Powless, que le arrebató la victoria en Flandes. El margen de error se ha reducido drásticamente, y cualquier vacilación cuesta caro.
Y luego está el factor mental. Acumular segundas posiciones, podios sin gloria y carreras perdidas por detalles mina incluso al carácter más fuerte. Van Aert parece haber perdido parte de la alegría que siempre le acompañaba. Su frustración es visible, y aunque sigue siendo un símbolo de lucha, también muestra señales de cansancio emocional.
Para revertir esta dinámica, el belga ha reordenado su calendario. Apostará por un doble objetivo: Giro de Italia y Tour de Francia. En el Giro buscará una victoria parcial que le devuelva la confianza, ya sea en llegadas al sprint, etapas de media montaña o contrarreloj. En el Tour, se espera que vuelva a ser una pieza clave para su equipo, como cazador de etapas o gregario de lujo.
Queda por ver si este cambio será suficiente. Algunos comienzan a cuestionar su lugar entre los llamados “Big 6” del ciclismo mundial, sugiriendo que ciclistas como Pedersen merecen más ese estatus. Pero Van Aert tiene aún mucho que decir. Con 30 años, cuenta con experiencia, clase y el hambre necesario para reinventarse. Su calidad está fuera de duda, pero quizá deba elegir mejor sus batallas.
Lo que es innegable es que su historia en 2025 está lejos de terminar. En la próxima Amstel Gold Race, con Pogacar, Pidcock y Evenepoel como grandes rivales, tendrá otra oportunidad de cambiar el rumbo. Porque a los campeones no se les mide sólo por los títulos que ganan, sino también por cómo responden en los momentos de adversidad. Y Wout van Aert, aunque dolido, no está vencido.