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Pogacar y Vingegaard reescriben la leyenda del ciclismo con piernas de acero

Pogacar durante el Tour de Francia. / Jan De Meuleneir
El Ventoux no necesitó un ganador para firmar una de las etapas más inolvidables del ciclismo moderno

El Mont Ventoux fue testigo de una batalla sin precedentes. La etapa 16 del Tour de Francia 2025 nos dejó mucho más que un nuevo ganador: nos regaló una subida para la eternidad. Tadej Pogacar y Jonas Vingegaard, los dos grandes emperadores del ciclismo moderno, ofrecieron un espectáculo ciclópeo, digno de grabarse en mármol, aunque ninguno de los dos cruzó la meta en primera posición.

El duelo, librado en las empinadas y desérticas rampas del coloso provenzal, no tuvo vencedor, pero sí dejó una estela de récords, datos asombrosos y una confirmación rotunda: estamos viviendo una era dorada del ciclismo.

Una subida fuera de lo humano

Vingegaard fue el primero en lanzar los ataques, mostrando una valentía casi temeraria. El danés del Visma-Lease a Bike tiró con todo en varias fases del ascenso, buscando dejar atrás a un Pogacar que, como tantas otras veces, respondió con frialdad, serenidad y potencia descomunal.

La lucha fue tan igualada, tan intensa, que los relojes —y los datos— aún resuenan en la comunidad ciclista. Según Karlis Ozols, reputado analista de rendimiento ciclista y colaborador de La Flamme Rouge, la subida de ambos fue una de las mejores jamás registradas en los exigentes 15,7 kilómetros del Mont Ventoux desde Bédoin.

  • Jonas Vingegaard completó la subida en 54 minutos y 32 segundos, con una potencia estimada de 6,52 W/kg, una cifra que asombra incluso a los más escépticos.

  • Tadej Pogacar fue aún más rápido: 54 minutos y 30 segundos, con 6,44 W/kg de potencia media. Subió casi a rueda, pero siempre con sangre fría.

Récords borrados del mapa

Para entender la magnitud del rendimiento de Pogacar y Vingegaard, basta con mirar al pasado. En 2004, Iban Mayo estableció un tiempo récord de 55:51 durante una cronoescalada en el Dauphiné. Ese registro, durante años considerado inalcanzable, ha sido pulverizado no por uno, sino por cuatro ciclistas en una sola jornada. Además de Pogacar y Vingegaard, Primoz Roglic (55:38) y Florian Lipowitz también volaron por encima de aquel hito histórico.

La leyenda del Ventoux acumula nombres míticos: Marco Pantani, símbolo de la épica y el dolor en la montaña, firmó un 57:33 en esta cima mítica. Hoy, esa marca queda reducida casi a un número simbólico en los libros, superada por una generación que desafía los límites del cuerpo humano.

Sin levantar los brazos, pero agrandando su mito

Ni Pogacar ni Vingegaard ganaron la etapa, pero su actuación ensombreció al resto del pelotón y capturó la atención de todo el mundo ciclista. Fue una demostración de potencia, resistencia y clase. Una guerra sin bombas, pero con piernas que rugen como motores. Fue ciclismo en su forma más pura y devastadora.

Y aún queda Tour...

Pese a la entrega total en el Ventoux, la batalla por el maillot amarillo no está cerrada. Pogacar sigue liderando con más de cuatro minutos de ventaja, pero el mensaje está claro: Vingegaard ha vuelto. Y lo ha hecho con la fuerza de un titán, dejando claro que no está dispuesto a rendirse.

Las etapas que vienen son aún más salvajes: Col de la Loze, La Plagne, y el quebrado terreno de los Vosgos, que promete emboscadas y sorpresas. Este Tour aún no ha escrito su último capítulo, y todo indica que Pogacar y Vingegaard no solo están compitiendo por la victoria… están escribiendo una rivalidad que se recordará por décadas.