ciclismo

Pogacar silencia a los Pirineos y se acerca a su cuarto maillot amarillo

El ciclista esloveno Tadej Pogacar (UAE Team Emirates-XRG) gana la decimotercera etapa del Tour de Francia. / x
Con un tiempo imperial de 23:00 minutos, Pogacar pulverizó los registros en una jornada en la que las piernas eran metrónomos y cada curva, una sentencia

Con un golpe de pedal cargado de historia, poesía y furia deportiva, el esloveno Tadej Pogacar, líder de UAE Team Emirates-XRG, fulminó este viernes la decimotercera etapa del Tour de Francia 2025, una cronoescalada infernal de 10,9 kilómetros entre Loudenvielle y la cima brumosa de Peyragudes. 36 segundos de ventaja sobre el danés Jonas Vingegaard (Visma-Lease a Bike) no solo le otorgaron la victoria, sino que reafirmaron con rotundidad su dominio en la general, encendiendo las luces del cuarto título en París.


El rugido de los campeones volvió a oírse en el altipuerto donde la leyenda se cultiva entre rampas de doble dígito.
Allí, Pogacar, tricampeón (2020, 2021, 2024) y vigente campeón mundial, reeditó su dominio alpino, evocando aquella tarde mágica de 2020 en La Planche des Belles Filles, cuando derrumbó al mundo —y a su compatriota Primoz Roglic— con una cabalgata de otro siglo. Esta vez, el enemigo era otro: un Vingegaard batallador, pero incapaz de contener la tormenta eslovena.

Con un tiempo imperial de 23:00 minutos, Pogacar pulverizó los registros en una jornada en la que las piernas eran metrónomos y cada curva, una sentencia. Por detrás, Vingegaard (23:36) y Roglic (24:20) apenas pudieron asomarse al esplendor del líder, mientras el belga Remco Evenepoel (Soudal-Quick Step), desfondado, se alejaba de la batalla en la sombra con un decepcionante 25:39.

El perfil no mentía: 8 kilómetros al 7,9 %, con muros de hasta el 16 %, transformaron la ruta en una trinchera vertical. Y allí, donde el Tour mide a los elegidos, Pogacar dictó la ley de los cielos. El esloveno ya comanda la clasificación general con 4:07 de ventaja sobre Vingegaard y 7:24 sobre Evenepoel, un margen que comienza a oler a victoria definitiva.

La jornada comenzó con nombres modestos, como el francés Mattéo Vercher (TotalEnergies), marcando los primeros cronos, y un veloz Lennert Van Eetvelt (Lotto) bajando de los 28 minutos. Pero fue Luke Plapp (Jayco-AlUla) quien agitó el avispero con un notable 24:58, a 26,2 km/h de media. Su alegría, sin embargo, fue efímera: los gigantes del Tour ya se preparaban para asaltar la cima.

El estadounidense Matteo Jorgenson marcó registros que ya eran promesa, y Roglic, con su siempre elegante pedalear, rebajó la marca en medio minuto. Pero cuando Pogacar firmó 5:28 en Escadaoux, 5 segundos mejor que Evenepoel y 8 mejor que Vingegaard, quedó claro que la etapa tenía dueño antes de que la línea de meta lo confirmase.

El sábado aguarda una etapa de altura, con 4.950 metros de desnivel acumulado y el regreso del mítico Col du Tourmalet, vía Luz-Saint-Sauveur: 19 kilómetros al 7,4 %, preludio de una jornada brutal que se completará con el Col d’Aspin y la llegada a Superbagnères (12,4 km al 7,5 %). Un recorrido que remite a la mítica etapa de 1986 y que podría consagrar —si queda alguna duda— al mejor escalador de su generación.


Pogacar, con la mirada serena y las piernas de fuego, no pedalea por segundos: cabalga por la historia.
Y el Tour, como si fuera consciente de su destino, se deja escribir, una vez más, con tinta eslovena y sudor de campeón.