ciclismo

Pogacar escribe la epopeya de Kigali: campeón del mundo tras 104 km en solitario

El esloveno, que ya había conquistado el arcoíris en Zúrich 2024, repite título mundial con una de las fugas más largas y memorables desde la epopeya de Adorni en 1968

Tadej Pogacar durante la carrera en ruta del Mundial de Kigali. / EP
Tadej Pogacar durante la carrera en ruta del Mundial de Kigali. / EP

El Mundial de Kigali 2025 pasará a la historia como el día en que Tadej Pogacar volvió a desafiar los límites de lo posible. El esloveno conquistó su segundo maillot arcoíris consecutivo tras protagonizar la fuga en solitario más larga jamás vista en unos Mundiales desde 1968, cuando Vittorio Adorni escribió su epopeya en Imola. Pogacar atacó a 104 kilómetros de meta y resistió hasta el final en un recorrido brutal, coronando una de las gestas más impresionantes que haya vivido nunca el ciclismo moderno.

Kigali, escenario de una epopeya

El circuito ruandés, con sus ascensiones al Mont Kigali, el muro adoquinado de Kimihurura y el ambiente único de un país que respira ciclismo, fue el marco perfecto para la gesta. Miles de aficionados abarrotaron las cunetas, en una ciudad donde la bicicleta no es solo deporte, sino símbolo de resistencia y futuro. La humedad, el calor y los desniveles convirtieron la prueba en un examen despiadado que destrozó las piernas de casi todos… menos de uno.

El ataque que cambió la carrera

Pogacar decidió dinamitar la carrera mucho antes de lo esperado. A 104 kilómetros de la meta lanzó su ataque, primero acompañado, después en solitario. Cuando restaban 66, ya rodaba únicamente con su sombra. El esloveno manejó el cronómetro con una frialdad quirúrgica: cada vuelta, cada subida, cada tramo adoquinado fue un golpe más para sus rivales.

Su pedaleo, sereno y contundente, recordó a las grandes gestas del pasado, pero con un añadido: el contexto único de Kigali, donde el calor, la altitud y la pasión del público elevaron la fuga a categoría de epopeya.

Evenepoel, orgullo y plata

Detrás, Remco Evenepoel encarnó el espíritu de la resistencia. Sufrió una avería, perdió posiciones y se encontró aislado en pleno caos. Pero el belga, campeón de 2022, se rehízo a base de orgullo y valentía. Su ataque constante en cada rampa, su lucha contra sí mismo y contra el tiempo lo llevaron a conquistar una plata heroica que Kigali celebró como un triunfo moral.

Healy, bronce; España, entre la ilusión y la decepción

El bronce fue para Ben Healy, que emergió en la batalla por el tercer cajón mientras por delante la carrera tenía dueño absoluto. Para España, quedaron luces y sombras: Juan Ayuso intentó seguir el primer demarraje de Pogacar y, aunque se descolgó, dejó una imagen combativa; Carlos Canal trabajó sin descanso en el segundo grupo; y Marc Soler e Iván Romeo tuvieron que abandonar entre la frustración y la mala fortuna.

Kigali, ciclismo en estado puro

Las calles de Kigali ofrecieron un espectáculo inolvidable: niños ondeando banderas, mototaxis paradas a pie de carretera, el ruido ensordecedor de un país que vibró con cada pedalada. Ruanda, tierra de colinas y de memoria, se convirtió en epicentro del ciclismo mundial, demostrando que este deporte es también un puente cultural y social.

Pogacar, más allá de la victoria

Cuando Pogacar cruzó la meta, no necesitó gestos grandilocuentes. Bastó con levantar los brazos suavemente, como quien confirma una verdad que todos ya habían entendido: que estaba presenciando una victoria para la eternidad. Con este triunfo, el esloveno no solo repite arcoíris, sino que se instala en la leyenda del ciclismo, superando incluso su cabalgada de Zúrich 2024.

“Sabía que sería un día duro, pero también sabía que quería escribir algo especial”, declaró Pogacar tras recibir el maillot arcoíris entre los aplausos de Kigali.

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