Pogacar conquista su quinta Lombardía consecutiva y se consagra en la eternidad del ciclismo
En el escenario dorado del otoño lombardo, entre hojas que caen y montañas que se tiñen de cobre, Tadej Pogacar volvió a escribir historia. El esloveno, vestido con el maillot arcoíris de campeón del mundo, conquistó su quinta victoria consecutiva en Il Lombardía, sumando así su décimo Monumento y alcanzando una dimensión que trasciende lo deportivo: la de la eternidad.
Un dominio sin precedentes
En Bérgamo, Pogacar volvió a desafiar las leyes del tiempo y del ciclismo moderno. Lo hizo con la naturalidad de quien parece pedalear sobre otra realidad. A sus 27 años, el líder del UAE Team Emirates ya no compite solo contra sus rivales, sino contra los nombres grabados en mármol: Coppi, Merckx, Hinault, Indurain. Ninguno de ellos ganó cinco Lombardías seguidas. Ninguno combinó, como él, la belleza del ataque puro con la constancia del campeón eterno.
“Quería terminar el año como lo empecé: disfrutando del ciclismo. Este es mi lugar favorito, y ganar aquí, con el arcoíris, es algo indescriptible”, declaró emocionado Pogacar tras cruzar la meta.
El ataque de un inmortal
La “Clásica de las hojas muertas” amaneció con nostalgia y despedidas —Majka, Meintjes o Puccio decían adiós al pelotón—, pero el guion pronto cambió. Pogacar, acompañado de su inseparable gregario Rafal Majka, esperó el momento exacto: el Passo di Ganda, a 37 kilómetros del final. Allí, entre rampas de más del 10%, se levantó sobre los pedales y lanzó un ataque seco, limpio, definitivo.
Remco Evenepoel intentó responder. También Pello Bilbao, Alaphilippe y el joven portugués Seixas, joya emergente del ciclismo europeo. Pero ninguno pudo seguir el ritmo del campeón del mundo. En cuestión de segundos, Pogacar volaba solo hacia la historia.
“Cuando se puso de pie, todos sabíamos lo que iba a pasar”, reconoció Evenepoel con resignación. “No puedes competir contra alguien que parece venir de otra galaxia.”
El esloveno coronó el Ganda en solitario y descendió hacia el valle como si el tiempo se detuviera. Su pedalada, firme y elegante, fue un homenaje al ciclismo clásico: sin mirar atrás, sin cálculo, solo pasión.
Diez Monumentos, una leyenda viva
Con esta nueva joya en su palmarés, Tadej Pogacar alcanza los 108 triunfos profesionales, entre ellos tres Tours de Francia, un Giro de Italia, dos Liejas, dos Flandes, dos Strade Bianche, un Mundial y ahora cinco Lombardías consecutivas. Es una cifra que desafía la lógica moderna, en una era donde la especialización suele limitar la gloria.
“Tadej no corre para ganar, corre para dejar huella. Lo hace con la sonrisa de un niño y la precisión de un cirujano”, resumió Mauro Gianetti, su director deportivo en el UAE.
Su equipo, por cierto, también rompe récords: con la victoria en Lombardía, el conjunto emiratí alcanza 94 triunfos en la temporada, una cifra sin precedentes en el ciclismo profesional.
Pogacar, el mito moderno
Hay campeones y hay símbolos. Pogacar pertenece al segundo grupo. Es, como dicen en Italia, un “artista de la bicicleta”, alguien capaz de emocionar incluso a quienes no entienden de watts ni de porcentajes de desnivel. Su forma de atacar, su ambición constante y su humildad fuera de la carretera lo han convertido en un fenómeno global.
Medios de todo el mundo lo comparan con los grandes mitos del deporte contemporáneo: Federer en la elegancia, Nadal en la constancia, Messi en el talento natural. Y no es casualidad. El esloveno ha cambiado la percepción del ciclismo, llevándolo de nuevo a los titulares internacionales y a los corazones de los aficionados.
“El ciclismo moderno gira en torno a él. Es nuestro punto de referencia, nuestra medida de lo posible”, escribió La Gazzetta dello Sport tras su victoria.
Una temporada de arcoíris
Desde su conquista del Campeonato del Mundo en Zúrich, Pogacar ha mostrado una versión aún más completa. Domina en todos los terrenos: montaña, clásicas, contrarreloj. Su maillot arcoíris no es solo un símbolo de prestigio, sino también de inspiración. Cada vez que ataca, el pelotón parece inclinarse ante él.
Il Lombardía fue el cierre perfecto a una temporada donde lo ganó casi todo y, sobre todo, redefinió lo que significa ser ciclista en el siglo XXI.
El final de una era… o el inicio de otra
En Bérgamo, mientras los focos se apagaban y el público coreaba su nombre, Pogacar levantó la vista hacia el horizonte. Parecía consciente de que estaba tocando algo más que una victoria: la inmortalidad.
“No pienso en los récords. Solo quiero disfrutar, seguir aprendiendo y correr mientras me divierta. Si eso me lleva a la historia, que así sea.”
Quizás por eso, cada triunfo suyo trasciende el resultado. Pogacar no solo gana, da sentido al ciclismo. En una época dominada por la tecnología y la estrategia, él representa la pureza del ataque, el instinto y la emoción.
La hoja final del calendario WorldTour 2025 se cerró con su nombre, como las anteriores cuatro temporadas. Pero esta vez, con el arcoíris sobre los hombros, el otoño ya no marca el fin del curso, sino la eternidad de un campeón.