CICLISMO

Pogacar arrasa Flandes: el dios de los muros vuelve a escribir historia

Tadej Pogačar, un triple ganador del Tour de Francia que gana en Flandes y ya suma ocho Monumentos. / X
La divinidad vuelve a abrirse paso entre un montón de seres terrenalesLa divinidad vuelve a abrirse paso entre un montón de seres terrenales

En el corazón de la primavera flamenca, cuando los adoquines arden bajo el peso de la historia, Tadej Pogacar volvió a mostrarse como lo que es: un elegido. En el Tour de Flandes 2025, el genio esloveno sumó su segundo triunfo en Oudernaarde, dejando en el camino a todos, incluso a su eterno némesis, Mathieu Van der Poel, al que derrotó con crudeza, majestuosidad y un toque de rabia tras su derrota en San Remo.

El paisaje belga, tapizado de público y pasión, volvió a ser el escenario de una batalla épica, una más entre dos colosos que ya escriben su propia Biblia ciclista. Y esta vez, el que escribió el capítulo fue Pogacar, quien con esta gesta suma su octavo monumento, igualando a leyendas como Rik Van Looy y superando a mitos como Boonen, Bartali y Cancellara.

Un ataque celestial en el Viejo Kwaremont

La carrera se encendió como una cerilla en la pólvora en el segundo paso por el Kwaremont, cuando el esloveno activó su maquinaria infernal. Demoledor en todos los muros, Pogacar lanzó la primera gran ofensiva que seleccionó a los hombres fuertes: Van Aert, Jorgenson, Pedersen... y un Van der Poel que, pese a haber besado el asfalto 156 km antes de meta, respondió como solo lo hacen los campeones: con orgullo y músculo.

El duelo entre los dos titanes se prolongó en el Paterberg, en el Koppenberg, en el Taaienberg, hasta que en el Kruisberg se produjo la selección definitiva: Pedersen explotó y solo quedaron los dos dioses luchando por el Olimpo flamenco.

Van der Poel, a merced de un coloso herido

El viento de cara no fue excusa. Tampoco el cansancio. Ni siquiera la historia que empujaba los pedales de Van der Poel, que soñaba con revalidar su reinado. Pero no. El mejor ciclista del siglo XXI decidió que ese domingo era suyo. Como en 2023, Pogacar sentó a Van der Poel en el Kwaremont, ese muro que ya es suyo, y se marchó en solitario como un emperador herido que regresa del exilio para recuperar el trono.

La vendetta estaba servida. Lo que se perdió en la Liguria italiana, lo recuperó entre los adoquines belgas. A lo grande. A lo Pogacar.

Una imagen eterna

Su imagen, con el casco desalineado, los hombros moviéndose como un péndulo sobre el adoquín, y su figura alejándose en el plano televisivo como un cometa, quedará en la retina de millones. No necesitó mirar atrás. Solo miró hacia adelante. Hacia la historia.

Mads Pedersen se impuso a Van der Poel en el sprint por el segundo lugar, completando el podio. Van Aert, siempre competitivo, fue cuarto, y Iván García Cortina, el mejor español, terminó noveno, entre los grandes.

El dominio de una leyenda

Tadej Pogacar no tiene rival. Solo la historia puede discutirle algo. Con cada pedalada, borra nombres ilustres y escribe el suyo en letras más grandes. Ya no es el joven prodigio del Tour. Es una divinidad ciclística que aparece cada primavera para recordarnos que hay algo más allá del deporte. Que hay algo eterno. Que hay algo divino en lo que hace.

Y la temporada aún no ha terminado. El domingo que viene, Roubaix, y quizás, otra página para su evangelio personal