Mikel Landa cae y se despide entre lágrimas de su posible último Giro
El Giro de Italia comenzó este año con un sabor agridulce para el ciclismo español. Lo que debía ser una fiesta del Landismo, con un Mikel Landa motivado, ilusionado y en un estado de forma excepcional, acabó convertido en una pesadilla. El ciclista vasco del Soudal Quick-Step, a sus 35 años y con la que posiblemente era su última participación en la Corsa Rosa, sufrió una grave caída a solo cinco kilómetros de la meta en la primera etapa entre Durrës y Tirana, en Albania. La escena, dramática, lo mostró inmóvil y dolorido en el suelo, evacuado en camilla e inmovilizado hacia un centro hospitalario. El sueño rosa de Mikel se esfumó antes incluso de comenzar.
Un final trágico para un inicio esperanzador
Landa llegaba a Albania tras una preparación minuciosa. En la previa, reconocía que su mayor anhelo no era necesariamente el podio, sino volver a levantar los brazos en una etapa, algo que no lograba desde hacía tiempo. Su figura estilizada durante la presentación oficial, su condición de líder absoluto del Soudal y el respaldo de una sólida estructura hacían pensar que este Giro podría ser su reivindicación definitiva o, al menos, su despedida soñada.
Pero el destino fue cruel. En un descenso rápido y peligroso en los kilómetros finales de la jornada, Landa perdió la trazada, impactó con un bordillo y cayó aparatosamente. No hubo imágenes del momento exacto del accidente, pero sí se le vio llorando de rabia y dolor antes de ser atendido y retirado del recorrido. Un inicio demoledor para quien ha sido, durante más de una década, uno de los grandes referentes del ciclismo nacional y el rostro de miles de aficionados que lo han seguido con devoción bajo el lema: “Landismo o barbarie”.
Un arranque de Giro electrizante... y caótico
Mientras el pelotón aún digería la ausencia forzosa de uno de sus protagonistas, la etapa no dio tregua. Fue una jornada eléctrica, nerviosa, tensa. El Lidl-Trek, con un trabajo coral liderado por ciclistas como Ciccone y Verona, seleccionó el grupo en los dos pasos por la cota de Surrel (3ª categoría), con pendientes del 13%. Este ritmo dejó fuera de combate a varios velocistas puros y allanó el terreno para el gran protagonista del día: Mads Pedersen.
El danés no desaprovechó la oportunidad. Supo mantener la calma, se colocó bien en el esprint final y superó con autoridad al belga Wout van Aert, llevándose la victoria y vistiendo la ‘maglia rosa’. Pedersen, que ya ha ganado en Clásicas y suma más de medio centenar de triunfos como profesional, sigue consolidándose como uno de los corredores más completos del pelotón. Su rendimiento en este Giro puede marcar un nuevo hito en su carrera.
Ayuso, tocado pero no hundido
Otro foco de atención fue Juan Ayuso, uno de los grandes favoritos al triunfo final. El joven del UAE Team Emirates sufrió una caída sin consecuencias graves, pero tuvo que trabajar duro para reengancharse al grupo principal. Su jornada fue más exigente de lo previsto, y si bien logró salvar los muebles, no se le vio cómodo ni dominante. De cara a las próximas etapas, será clave observar su recuperación y su evolución táctica en un Giro que ha comenzado con más obstáculos de los esperados.
El ciclismo español, golpeado
El golpe para el ciclismo español es doble: por la lesión de Mikel Landa, que pone en duda su preparación para el Tour de Francia y podría precipitar su retirada, y por el arranque irregular de Ayuso. La imagen del vasco, tirado en el asfalto, evoca los pasajes más duros de su carrera, tan marcada por momentos de brillantez como por infortunios. El Giro de Italia, el escenario donde tantas veces brilló, vuelve a ser también el lugar de uno de sus días más oscuros.
En definitiva, este 10 de mayo será recordado como uno de los días más negros del Landismo. Una jornada que arrancó con esperanza y terminó con el sueño roto de un corredor irrepetible, idolatrado no solo por sus gestas, sino por su manera de entender el ciclismo. En Tirana se apagó, al menos por ahora, una de las últimas llamas de una era. Y el Landismo, como tantas veces, vuelve a abrazar la barbarie.