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Kaden Groves rompe el guion con una victoria épica en la etapa 20

El ciclista australiano ganador de la etapa 20 del Tour, Kaden Groves. / x
El velocista oceánico desafió el terreno quebrado, la tormenta y las estadísticas para conquistar la etapa 20 del Tour de Francia con una cabalgada final que fundió al pelotón

En una jornada bisagra, donde la montaña cedía el testigo al viento de la llanura, y el Tour alzaba la vista hacia París, el ciclismo volvió a recitar su poema más salvaje. Fue Kaden Groves, el 'expreso de Brisbane', quien rompió el guion previsto con una victoria que no solo se corrió con las piernas, sino también con el alma y el instinto.

Desde Nantua hasta Pontarlier, 184,2 kilómetros de trampas topográficas y meteorología inclemente, los corredores vivieron un vía crucis táctico. La amenaza de tormenta cayó pronto sobre la carrera, y con ella, la tensión aumentó como la presión de una rueda al límite de estallar.

El primero en rebelarse contra el pelotón fue el danés Kasper Asgreen (EF Education-EasyPost), que se lanzó como un obús sobre el húmedo asfalto. Tras él, el noruego Jonas Abrahamsen (Uno-X Mobility) intentó dar continuidad al reto, y poco después se sumaron Mauro Schmid (Jayco AlUla) y Wout van Aert, el siempre impredecible mago belga del Visma-Lease a Bike.

Pero sería otro australiano, el valiente Harry Sweeny, quien marcaría la fuga más seria. Su intento, sin embargo, murió en la orilla, exprimido por una persecución organizada y liderada con maestría por el español Iván Romeo, que hasta entonces venía firmando su mejor actuación en una grande.

A 21,5 kilómetros para la llegada, cuando la gloria ya parecía tener dueño, el destino mostró su cara más cruel. En una curva mojada, Romeo derrapó violentamente, acabando en el asfalto con un impacto que estremeció hasta al espectador más curtido. Su caída dejó la carretera abierta a la suerte… y Groves no perdonó.

Con el reloj y el terreno a favor, el velocista de Alpecin-Deceuninck dio un zarpazo demoledor a 16,5 km del final. Mientras Van den Broek y compañía intentaban reaccionar, el australiano volaba en silencio, dejando atrás los fantasmas de las etapas perdidas y cruzando la meta con los brazos abiertos y el maillot empapado de gloria.

Tiempo oficial: 4h06’08”. Pero la cifra es anecdótica frente a la dimensión emocional de su gesta. Porque no fue solo una victoria de etapa, fue un acto de resistencia ante el caos. Un sprint contra el infortunio.


✒️ Epílogo para la memoria

A un día de París, el Tour ya ha repartido casi todas sus cartas, pero en esta jornada número 20 quedó claro que la leyenda se escribe también en la víspera, y que el ciclismo, como la vida, es un equilibrio delicado entre riesgo y recompensa.

Kaden Groves se lleva la etapa, pero la épica… esa se queda con nosotros.