dopaje

Jesse Muis, el campeón que su padre dopó sin saberlo

A los 17 años era una estrella en ascenso, hasta que una traición familiar lo empujó al dopaje, las adicciones y, finalmente, al delito
Varios ciclistas en una carrera. / X
Varios ciclistas en una carrera. / X

Jesse Muis representaba el futuro dorado del ciclismo neerlandés. Con apenas 17 años, su nombre circulaba en las esferas más altas del deporte base europeo como una de las ruedas más prometedoras del pelotón. Pero la historia del joven nacido en Países Bajos acabó torciéndose con la crueldad de una pesadilla tejida en familia. Hoy, a los 27 años, Muis no compite por una medalla, sino por su libertad, sumido en un laberinto de adicciones, delitos y traumas que comenzaron con una traición irreversible: fue dopado por su propio padre.

Todo estalló en 2015. Un control antidopaje reveló la presencia de nandrolona en su organismo. Lo que parecía una infracción más se convirtió en una bomba cuando se descubrió que el culpable era su progenitor, Theo Muis, ex ciclista profesional. Lo hizo a escondidas, sin el consentimiento del joven. Las consecuencias fueron fulminantes: Theo fue suspendido de por vida y Jesse, pese a su inocencia, fue apartado del ciclismo durante cuatro años. Su carrera se truncó antes de despegar.

El impacto psicológico fue brutal. Muis se vio marginado, sin rumbo, traicionado y sin la red de apoyo que suele rodear a los deportistas de élite. Cayó en las adicciones: empezó con analgésicos, siguió con anfetaminas, GHB y opioides como la oxicodona. Su caída fue rápida y devastadora. En 2024, tras años de descontrol, intentó suicidarse, pero sobrevivió. Lo peor aún estaba por llegar.

Endeudado, desesperado y sin salida, Jesse protagonizó un violento episodio que volvería a llevarlo a los titulares, esta vez en la crónica de sucesos. Asaltó una joyería en la localidad de Hardinxveld-Giessendam. Armado con una pistola, amenazó a los empleados, puso el arma en la cabeza de uno de ellos y llegó a efectuar un disparo al suelo. Fue reducido por familiares del personal tras un forcejeo y entregado a la policía. El asalto, lejos de una operación profesional, fue una acción desesperada de un joven perdido, incapaz de soportar la presión de una deuda que superaba los 100.000 euros.

Durante el juicio, Jesse asumió su responsabilidad. Su testimonio fue sobrecogedor. Explicó cómo su caída comenzó con el dopaje no deseado, siguió con problemas económicos, apuestas, ansiedad y una adicción que se llevó todo por delante. Declaró estar en tratamiento, con la intención de rehabilitarse, encontrar trabajo y empezar a saldar sus deudas.

La Fiscalía ha solicitado cuatro años de prisión, uno de ellos condicional si Jesse se compromete a un programa de desintoxicación y asistencia financiera. Su defensa pidió clemencia, argumentando que ya ha iniciado un cambio real desde su ingreso preventivo. El veredicto se conocerá el 27 de junio.

Sea cual sea la sentencia, el caso de Jesse Muis permanecerá como una de las historias más trágicas del ciclismo moderno. Una carrera brillante apagada por el dopaje paterno, la exclusión y las adicciones. Un joven que, entre rejas, lucha por redimirse, reescribir su historia y, tal vez, volver a encontrar la línea de meta.

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