El Giro más imprevisible en años: experiencia, juventud y el regreso del sterrato
La 108ª edición del Giro d’Italia ya ha comenzado y lo ha hecho desde un escenario inédito: la ciudad de Durrës, en Albania. Se trata de una edición profundamente simbólica, no solo por su arranque en los Balcanes y su final previsto en Roma, sino también por el homenaje a la figura del fallecido Papa Francisco, cuya memoria quedará marcada en la última jornada con un recorrido que pasará por la Ciudad del Vaticano y concluirá frente al Circo Máximo. Pero más allá del contexto espiritual, esta edición presenta un trazado brutal y dos grandes nombres dispuestos a disputarse la gloria: Juan Ayuso y Primož Roglič.
El ciclista alicantino del UAE Team Emirates, en pleno auge deportivo y considerado por muchos como el heredero natural de Tadej Pogacar, lidera una de las escuadras más potentes del pelotón. Llega a este Giro tras un inicio de temporada espléndido, con cinco victorias destacadas, incluida la Tirreno-Adriático, y con el cartel de principal favorito. La ausencia de Pogacar le otorga el papel protagonista en un equipo donde compartirá esfuerzos con otros hombres fuertes como Adam Yates e Isaac del Toro.
Frente a él estará Roglič, que regresa al Giro con la firme intención de repetir el título logrado en 2023. El esloveno encabeza al Red Bull-BORA-hansgrohe con la ambición de dominar en terreno montañoso y en las cronos, sus especialidades. Su veteranía, su regularidad y su capacidad de sufrimiento en las etapas más duras lo convierten en una amenaza constante, como ya demostró en la reciente Volta a Catalunya, donde derrotó a Ayuso en un duelo que dejó entrever lo que puede suceder durante estas tres semanas.
Pero el Giro nunca es solo cosa de dos. Esta edición incluye una nómina de aspirantes que también buscarán subir al podio o, al menos, dejar su sello. Richard Carapaz, campeón en 2019, Egan Bernal, ganador en 2021 y aún en fase de recuperación plena, y Mikel Landa, con dos podios previos en la Corsa Rosa, se suman al selecto grupo de favoritos. A ellos se añaden jóvenes promesas como Thymen Arensman, Einer Rubio o Max Poole, llamados a romper el guion.
El recorrido es otro de los grandes protagonistas. Con 3.443 kilómetros repartidos en 21 etapas y un desnivel acumulado de 52.350 metros, esta edición ofrece un trazado exigente y variado. Las dos contrarrelojes individuales —una en Tirana de 13,7 km y otra en Lucca-Pisa de 28,6 km— pondrán a prueba la capacidad de los líderes para mantener sus opciones, mientras que la montaña se adueñará del espectáculo en jornadas clave como la ascensión al Passo di Llogara, el Monte Grappa, el Mortirolo o el temido Colle delle Finestre, que será escenario de una de las etapas más exigentes y decisivas.
El componente épico lo completa el 'sterrato', los caminos de grava blanca que caracterizan algunas regiones italianas y que se convertirán en terreno de batalla en etapas como la Gubbio-Siena, que incluye 30 kilómetros de tierra y final en la mítica Piazza del Campo, como en la Strade Bianche. Además, la penúltima etapa entre Biella y Champoluc promete ser infernal, con cuatro puertos encadenados que podrían decidir el ganador antes del paseo final en Roma.
Por si fuera poco, esta edición no solo ofrece espectáculo deportivo, sino que también representa una operación económica de primer nivel. El Giro mueve más de 30 millones de euros por edición, según diversos estudios, y repartirá en 2025 un premio total de 1,6 millones de euros. El vencedor final se llevará más de 265.000 euros, y cada jornada que un ciclista porte la Maglia Rosa supone una bonificación de 2.000 euros.
Cinco campeones del pasado estarán en la salida de Tirana: Roglic, Hindley, Bernal, Carapaz y Quintana. Todos ellos aportan experiencia y prestigio a una carrera que mantiene su esencia legendaria, nacida en 1909 bajo la tutela de La Gazzetta dello Sport. Hoy, más de un siglo después, sigue viva la pasión por esta gran vuelta que, en 2025, promete emoción, dureza y gloria.
Ayuso y Roglic parten como los elegidos, pero el Giro es imprevisible. La montaña dictará sentencia. La historia está lista para escribirse.