Las cuentas pendientes de Pogacar: el campeón total que aún no lo ha ganado todo
Tadej Pogacar ya no sorprende cuando levanta los brazos. Lo insólito, a estas alturas, sería que no lo hiciera. Cada carrera en la que participa se convierte, por inercia, en otra oportunidad para ampliar un palmarés que ya roza lo histórico. Sin embargo, incluso en una trayectoria que parece haberlo ganado todo, aún quedaban huecos por rellenar. Este domingo, en los Campeonatos de Europa, el esloveno tachó otra “X” de su lista de pendientes: campeón continental, un título que se resistía desde su primera participación en 2021, cuando fue quinto.
La victoria en Drenthe tiene un significado especial. Pogacar no solo añadió otro trofeo a su vitrina (ya son 106 victorias como profesional), sino que cerró un círculo simbólico: el de dominar en todos los terrenos, contra todos los rivales y en casi todos los escenarios posibles.
“No se trata solo de ganar, sino de hacerlo de maneras diferentes”, dijo el corredor del UAE Team Emirates tras cruzar la meta. “El ciclismo me sigue divirtiendo como el primer día, y eso es lo que me mantiene empujando”.
Un palmarés para la eternidad
En apenas siete temporadas como profesional, Pogacar ha construido una hoja de servicios que parece más propia de una carrera de dos décadas. Ha ganado cuatro Tours de Francia, un Giro de Italia y ha subido al podio en casi todas las grandes vueltas en las que ha participado. En pruebas por etapas menores, ha conquistado la París-Niza, la Volta a Catalunya, la Tirreno-Adriático (por partida doble), el Dauphiné y el UAE Tour (tres veces).
En clásicas, su dominio es incluso más asombroso: dos Mundiales, tres Strade Bianche, dos Tours de Flandes, una Amstel Gold Race, dos Flechas Valonas, tres Liejas-Bastoña-Lieja, dos Montreal y cuatro Giros de Lombardía. A ello se suma, desde este fin de semana, el título europeo.
Pogacar no es solo un corredor que gana —es uno que elige cómo y cuándo hacerlo—. Capaz de atacar a 50 kilómetros de meta en un monumento, de descolgar a rivales en los Alpes o de esprintar en un repecho flamenco, el esloveno encarna la figura del “ciclista total”, un concepto casi extinto en el ciclismo moderno.
Las “X” que quedan por tachar
Aun así, su hambre no cesa. En su calendario imaginario aún quedan algunas casillas por marcar:
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Milán-San Remo, donde ha sido dos veces tercero.
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París-Roubaix, en la que debutó en 2024 con un sensacional segundo puesto.
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La Vuelta a España, donde fue tercero en 2019 y renunció a participar en 2025 en el último momento.
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Los Juegos Olímpicos, con un bronce en Tokio 2021 y la espina de no haber ganado el oro.
Más allá de los grandes títulos, Pogacar también ha expresado su deseo de conquistar carreras como la Itzulia o la Clásica de San Sebastián, pruebas que el calendario le ha impedido disputar con regularidad. Pero si algo ha demostrado el esloveno es que, con él, el tiempo nunca es un obstáculo.
Un corredor fuera de época
La comparación con los mitos del ciclismo es inevitable. Su precocidad recuerda a la de Eddy Merckx, su capacidad para mantener la forma todo el año evoca a Bernard Hinault, y su mentalidad ambiciosa, sin miedo a perder, conecta con la de Alberto Contador.
Sin embargo, Pogacar rehúye esas comparaciones: “No pienso en si puedo ser el mejor de la historia. Pienso en disfrutar de lo que hago y en seguir corriendo como si fuera la primera vez”, repite con naturalidad.
Lo cierto es que su impacto va más allá de los resultados. Pogacar ha devuelto al ciclismo algo que parecía perdido: la sensación de espectáculo constante. Corre sin cálculo, sin miedo a atacar desde lejos, con una sonrisa contagiosa y una deportividad que contrasta con la frialdad de otros dominadores de su calibre.
El futuro de un fenómeno
A los 27 años, el líder del UAE Team Emirates sigue en su plenitud. Su contrato con el equipo emiratí se extiende hasta 2027, y su entorno asegura que su gran objetivo para las próximas temporadas será la triple corona (Tour, Giro y Vuelta), un reto solo logrado por Merckx, Hinault, Anquetil y Contador.
La próxima cita será el Mundial de Zúrich 2026, donde podría intentar un doblete histórico con el maillot arcoíris y el europeo. Pero, conociendo su ambición, nadie se atreve a ponerle límites.
Pogacar ya no compite contra el pelotón. Compite contra el tiempo, contra la historia, contra la idea misma de perfección en el ciclismo.