07.10.2022 |
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La sequía y la falta de energía, la antesala del desabastecimiento

El bajo nivel en el que están las reservas hídricas a nivel mundial impulsará la falta de electricidad y el encarecimiento de los productos básicos, lo que hace preveer un otoño y un invierno complicados

El pantano del Ebro, que registra una capacidad menor que durante la misma semana del pasado 2021 y menos que la media de los últimos diez años. / Richard Zubelzu
El pantano del Ebro, que registra una capacidad menor que durante la misma semana del pasado 2021 y menos que la media de los últimos diez años. / Richard Zubelzu
La sequía y la falta de energía, la antesala del desabastecimiento

La prolongada ausencia de lluvias y las altas temperaturas están obligando a varias comunidades autónomas y ayuntamientos de toda España a imponer restricciones en el consumo de agua, mientras los pantanos se encuentran al 40,4 % de su capacidad, una situación que podría empeorar en los próximos meses y que no es particular de España, si no que se está dando en diversas partes del planeta. Según los expertos estos problemas se acentuarán y serán recurrentes.

Además, esta falta de agua está afectando no solo al abastecimiento en los núcleos urbanos, como ya hemos visto esta semana en localidades como Laredo donde se han producidos cortes, si no que repercute en el coste de la energía y de los productos alimentarios, lo que podría generar cierto desabastecimiento a lo largo de los próximo meses.

No en vano, la capacidad de los pantanos de media en España se encuentra sobre el 40%. Por ejemplo, el del Ebro registraba a principios de semana 4.335 hm3, lo que supone casi un 67% menos de lo que albergaba durante la misma semana del año pasado y un 68,5% menos que la media de los últimos 10 años en el mismo periodo del año.

En nuestro país ya se han dado durante esta pasada semana cortes de suministro nocturnos, cierre de duchas en las playas, y prohibición de regar, llenar piscinas y lavar coches, medidas restrictivas con las que se busca garantizar el abastecimiento de agua para el consumo humano, que, en algunos casos, ya ha tenido que ser limitado.

CORTES DE AGUA EN LA REGIÓN.  En Cantabria, este ha sido el caso de Laredo, donde le Ayuntamiento se ha visto en la obligación de cortar el suministro de agua de servicios no esenciales de titularidad municipal como las duchas, los lavapiés del paseo marítimo y las fuentes ornamentales del municipio. Además, desde el propio Consistorio se advertía de que la actual tendencia de consumo y la escasez de lluvias «podrían llevarnos a una situación que obligaría a realizar importantes restricciones en el suministro».

Y es que la falta de agua y la subida de los precios de la energía, con las implicaciones directas que tiene sobre el precio de los productos, ya se está notando tanto en España como en Portugal, donde la grave sequía ha provocado un desplome de la producción de energía hídrica.

EFECTOS SOBRE LA GANADERÍA Y LA AGRICULTURA. También, se han tenido que poner a disposición de los ganaderos de la región puntuales de agua por medio de autobombas para el abastecimiento a los animales en ciertos puntos, para que el ganado no pase escasez puesto que los ríos de la región están muy bajos. Esta escasez, subida a otros factores como la inflación o la subida de los precios de la energía y nuevos incrementos de los factores de producción (incluidos los salariales con una nueva subida del SMI) que no se pueden trasladar a las producciones que salen al mercado, los agricultores y ganaderos dudan seriamente si podrán acometer una nueva campaña de siembra que les traerá más gastos extraordinarios.

«Las sucesivas olas de calor este verano pueden considerarse excepcionales, sin duda. Es bastante extraordinario que coincidan valores tan altos en los tres parámetros con las que medimos la gravedad de una ola de calor: la intensidad, la extensión y la duración», explicó la catedrática de Geografía Humana de la Universidad Pablo Olavide y responsable del Observatorio Humano de la Sequía, Pilar Paneque.

«Esta excepcionalidad -añade- solo puede explicarse por la realidad del calentamiento global, que hasta ahora no hemos atendido suficientemente ni con la urgencia que hace ya muchos años merecía».

«Sabemos además que estos episodios (olas de calor, sequías, inundaciones, etc.) se acentuarán y se harán más recurrentes por lo que la inacción resulta incompresible, además de costosísima en términos económicos», indica.

Se trata, como indicó Paneque de un fenómeno que seguirá golpeando y que sufriremos no solo que resta de verano, si no que provocará que los próximos meses se acentúe el aumento de los precios de la energía y de los productos básicos.

UN PROBLEMA GLOBAL. En Europa, países como Francia, Alemania o el Reino Unido -más allá de los del sur del Mediterráneo y de las regiones más cálidas de América, Oriente Medio y la castigada África- están padeciendo temperaturas mucho más altas de lo normal, con efectos en sus reservas de agua y el suministro hídrico y también en la actividad económica y social, entre otras.

Francia es uno de los primeros que ha tomada cartas en el asunto, activando un gabinete de crisis por la sequía «más grave jamás registrada» en el país, con toda la zona metropolitana en vigilancia y 62 de 93 departamentos en alerta roja por la falta de agua. La primera ministra, Élisabeth Borne, pidió a los franceses que «presten atención a la utilización de los recuros hídricos.

Además, proliferan los megaincendios, avivados por las altas temperaturas, que este verano se repiten en el mundo, como los de California (EE.UU.), y que contrastan con las lluvias torrenciales que arrasan cuanto pillan, con inundaciones, como las de estos días en el estado de Kentucky, con al menos treinta fallecidos.

Los problemas se acenturán y se harán más recurrentes. «Las sucesivas olas de calor este verano pueden considerarse excepcionales, sin duda. Es bastante extraordinario que coincidan valores tan altos en los tres parámetros con las que medimos la gravedad de una ola de calor: la intensidad, la extensión y la duración», explicó la catedrática de Geografía Humana de la Universidad Pablo Olavide y responsable del Observatorio Humano de la Sequía, Pilar Paneque.

«Esta excepcionalidad -añade- solo puede explicarse por la realidad del calentamiento global, que hasta ahora no hemos atendido suficientemente ni con la urgencia que hace ya muchos años merecía».

«Sabemos además que estos episodios (olas de calor, sequías, inundaciones, etc.) se acentuarán y se harán más recurrentes por lo que la inacción resulta incompresible, además de costosísima en términos económicos», indica.

Se trata, como indicó Paneque de un fenómeno que seguirá golpeando y que sufriremos no solo que resta de verano, si no que provocará que los próximos meses se acentúe el aumento de los precios de la energía y de los productos básicos.

La subida de precios pone en riesgo la calidad en la cesta de la compra

En junio, el precio de un melón llegó a alcanzar los 13 euros, una cantidad que refleja el encarecimiento de los alimentos básicos y que pone de nuevo en el punto de mira la calidad de la nutrición en un momento en el que la inflación está en el 10,8 % debido a, entre otros, el encarecimiento de los alimentos,  que se han disparado entreo otros factores por el aumento de los precios de la energía, entre otras la hídrica a  causa de la sequia. En momentos de crisis, como ya pasó en la de 2008, la calidad de la nutrición puede verse resentida por el encarecimiento de los precios y, en especial, en los casos de personas con rentas más bajas.

Así lo explica el profesor de Nutrición en la Universidad Complutense de Madrid, Jesús Román, quien añade que los periodos de «crisis y problemas económicos» coinciden con mayores tasas de obesidad infantil provocada por la malnutrición.

Los últimos datos publicados por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señalan que los precios de los alimentos han alcanzado su mayor nivel desde 1990 a nivel mundial.

En España, primero la pandemia provocada por la covid-19, después la escalada en el precio de la electricidad y los combustibles -que provocaron movilizaciones y paros en el sector agro- y, por último, la guerra en Ucrania, han agitado una situación que termina por afectar a las estanterías de los supermercados.

Una subida del 15,2% en un año. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ya alertaba en julio de una subida del 15,2 por ciento en el precio de la cesta de la compra en un año.

Para Román, el punto crítico de cualquier dieta es cuando se produce un déficit de frutas, verduras, pescado y aceite de oliva, y precisamente estos son algunos de los alimentos que han alcanzado un precio más alto en los últimos meses.

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