Ribamontán al Mar «

Tras el Puntal desbordado: «No podemos permitir que el Estado abandone nuestras playas»

Mientras el Gobierno de Sánchez mira hacia otro lado, Cantabria exige refuerzos para proteger su costa y a sus vecinos | El Gobierno de Cantabria denuncia el abandono del Estado ante los botellones masivos en El Puntal y exige refuerzos para proteger playas y vecinos.

Vista de la playa de El Puntal, en Ribamontán al Mar (Cantabria), donde el pasado fin de semana se celebró una masiva concentración juvenil organizada a través de redes sociales. El Gobierno cántabro ha instado a la Delegación del Gobierno a tomar medidas urgentes para evitar que se repita la situación.
Vista de la playa de El Puntal, en Ribamontán al Mar (Cantabria), donde el pasado fin de semana se celebró una masiva concentración juvenil organizada a través de redes sociales. El Gobierno cántabro ha instado a la Delegación del Gobierno a tomar medidas urgentes para evitar que se repita la situación.

 A las 7:15 de la mañana, la playa de El Puntal aparece sembrada de latas, plásticos, mochilas, y restos de una noche sin control. No es un hecho aislado. Se repite cada verano. Lo que ha cambiado este año es que el Gobierno de Cantabria ha alzado la voz con claridad y responsabilidad: no se tolerará otro agosto de abandono estatal.

¿Qué está pasando?

El pasado fin de semana, cientos de jóvenes accedieron en embarcaciones privadas a la playa de El Puntal para celebrar un nuevo macrobotellón convocado por redes sociales. El evento acabó con basura dispersa por el arenal, acampadas ilegales y colapso en los accesos marítimos.

Este fenómeno se repite cada verano. Sin embargo, lo alarmante es la ausencia sistemática de efectivos de seguridad del Estado, cuya responsabilidad recae directamente en la Delegación del Gobierno en Cantabria, dependiente del Ejecutivo de Pedro Sánchez.

El Ayuntamiento de Ribamontán al Mar, con apenas tres policías locales, no puede contener por sí solo un evento que afecta a un espacio natural protegido y al turismo regional.

El Gobierno de Cantabria, presidido por María José Sáenz de Buruaga (PP), ha reaccionado con contundencia, denunciando la pasividad del Estado y pidiendo refuerzos inmediatos para evitar que agosto se convierta en un campo sin ley.

Responsables, promesas y contradicciones

El consejero de Medio Ambiente, Roberto Media, ha sido claro:

“Esto no puede repetirse. Se conocía con antelación. El Estado tiene los medios, pero no los despliega. No podemos ser rehenes de su inacción.”

La Delegación del Gobierno, sin embargo, se escuda en la falta de agentes disponibles, pese a que Cantabria ha visto reducir su presencia de Guardia Civil en la última década mientras aumentan los eventos de riesgo en temporada alta.

Mientras el PSOE lanza campañas publicitarias sobre “turismo sostenible”, la realidad es que la seguridad y la protección ambiental se están abandonando a su suerte en municipios pequeños que no tienen recursos propios.

La contradicción es evidente: el Ejecutivo central exige medidas, pero no facilita medios. Y luego responsabiliza a las comunidades autónomas, incluso cuando estas no tienen competencias directas sobre orden público en playas abiertas.

Consecuencias para los ciudadanos

El impacto para los vecinos y empresarios es directo. Negocios que deben cerrar antes de tiempo por riesgo de altercados, playas que amanecen degradadas y servicios municipales desbordados sin ayuda exterior.

Un hostelero de Somo nos lo resume así:

“La gente ya no viene como antes. Los que buscan tranquilidad evitan El Puntal. Y nosotros tenemos que limpiar lo que dejan otros… sin apoyo del Estado.”

La imagen turística de Cantabria se resiente, y con ella su economía. A esto se suma el daño ambiental a un entorno incluido en la Red Natura 2000, con especies protegidas afectadas por residuos y ruidos.

¿Hay alternativa?

Sí, y el Gobierno de Cantabria ya ha dado el primer paso: asumir su responsabilidad institucional, exigir lo que le corresponde al Estado, y apoyar a los ayuntamientos que no pueden más.

La presidenta Buruaga ha sido rotunda:

“Defender Cantabria también es pedir lo que nos corresponde. No vamos a callar mientras se ignora a nuestros municipios costeros.”

Mientras otras regiones miran hacia otro lado o normalizan este tipo de eventos, Cantabria apuesta por una convivencia ordenada, con seguridad, protección ambiental y respeto por la legalidad.

Porque lo público debe ser garantía, no obstáculo.

La izquierda, que durante años ha hecho bandera de la sostenibilidad, hoy calla mientras las playas se convierten en escenarios de impunidad y falta de autoridad. Y es el Ejecutivo regional quien asume la defensa del territorio y del sentido común.

Cantabria merece algo mejor que excusas. Merece seguridad, respeto y gestión eficaz.

  

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