terrible accidente

Potes se llena de emoción y lágrimas para despedir a Olaya e Inés

Cientos de personas se congregan a las puertas de la iglesia de San Vicente Mártir en Potes para dar el último adiós a Olaya Cuétara e Inés Gutiérrez, las dos jóvenes fallecidas en el trágico accidente de tráfico en Turieno. El pueblo, consternado, mostró su apoyo a las familias en un emotivo funeral. / Red X

Liébana se viste de luto para despedir a Olaya Cuétara e Inés Gutiérrez, las dos jóvenes de 17 años que perdieron la vida en un trágico accidente de tráfico en Turieno. Cientos de personas abarrotaron ayer la iglesia de San Vicente Mártir, en Potes, en un emotivo funeral marcado por el dolor, la unión de una comunidad y el recuerdo imborrable de dos vidas truncadas demasiado pronto.

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La comarca de Liébana vivió ayer uno de los días más tristes que se recuerdan. Cientos de personas acudieron a la iglesia parroquial de San Vicente Mártir , en Potes, para despedir a Olaya Cuétara Alonso e Inés Gutiérrez Peña, dos jóvenes de 17 años que la perdieron vida en un trágico accidente de tráfico en Turieno, en la madrugada del pasado. sábado al domingo.

Un último adiós arropado por todo un pueblo

Desde el momento en que se conoció la noticia, la comunidad lebaniega no ha dejado de mostrar su apoyo y cariño a las familias de las jóvenes. La villa de Potes amaneció con las banderas a media asta, los comercios cerrados y un ambiente de profundo respeto y silencio.

En el tanatorio de la residencia de la Tercera Edad “Félix de las Cuevas” no faltaron abrazos, lágrimas y palabras de consuelo para las familias. A las cuatro de la tarde, la iglesia de Potes quedó pequeña para acoger a los cientos de vecinos, amigos y compañeros que quisieron dar su último adiós a Olaya e Inés. La ceremonia estuvo marcada por la emotividad y el desgarro de una comunidad que, en palabras del párroco Elías Hoyal, “tiene los corazones rotos”.

La ceremonia: entre la fe y el dolor

La misa fue presidida por Elías Hoyal, acompañada por Juan Manuel Núñez, Padre Guardián del monasterio de Santo Toribio, y Marcelo Lucaci, sacerdote coadjutor. En su homilía, el párroco expresó:

“Qué difícil es unir dos palabras: juventud y muerte. Hoy, Liébana entera se reúne para arropar a estas familias, porque sus corazones están rotos. Nos preguntamos por qué, pero no todas las preguntas tienen respuesta. Solo podemos estar aquí, con ellos, en este momento de inmenso dolor”.

El momento más emotivo llegó cuando compañeros de estudios de las fallecidas tomaron la palabra. Con rosas en mano, recordaron vivencias compartidas y agradecieron a las familias haber formado parte de sus vidas. Uno de ellos, visiblemente emocionado, cerró diciendo:

“Os llevaremos grabadas en el corazón, siempre”.

Un último viaje lleno de amor.

Tras la ceremonia, los restos de los jóvenes emprendieron caminos diferentes. Inés Gutiérrez fue sepultada en el cementerio de Tama , rodeada de su familia y amigos más cercanos. Olaya Cuétara fue trasladada al crematorio de Tanos , donde fue incinerada en una ceremonia íntima y reservada a los suyos.

Liébana, unida en el duelo

Las palabras de Francisco Javier Gómez Ruiz, alcalde de Potes, reflejaron el sentimiento de la comunidad:

“Aquí todos somos familia. Lo que hemos perdido no es solo a dos jóvenes, sino a dos hermanas de esta comarca. Hoy, 5.000 corazones laten con el mismo dolor. Pero también estamos juntos, y así seguiremos.”

También la presidenta de Cantabria, María José Sáenz de Buruaga, expresó su pesar:

“Consternada por este terrible accidente. No hay consuelo para las familias. Mi más sentido pésame y todo mi afecto en este momento tan triste.”

Un homenaje que no se detendrá.

El impacto de la tragedia ha sido profundo y seguirá marcando a la comarca en los días venideros. Los amigos de Olaya e Inés ya están organizando iniciativas para recordar a las jóvenes, como una caminata solidaria por los parajes de Liébana y actos conmemorativos en los institutos donde estudiaban.

Liébana, herida pero unida, seguirá acompañando a las familias de Olaya e Inés en su duelo. Porque, aunque la ausencia de los jóvenes será irremplazable, el amor y el recuerdo de su comunidad las mantendrá presentes para siempre.