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El Diario de Cantabria

GREENPEACE

La playa de Rosamunda, en Santander, una de las amenazadas por la urbanización masiva de la costa

La playa de Rosamunda, en Santander, es uno de los diez hábitats naturales de la costa española seleccionados por Greenpeace por estar amenazados por la urbanización masiva.

La playa de Rosamunda, en Santander, una de las amenazadas por la urbanización masiva de la costa

Las diez playas amenazadas según la organización ecologista son la de Gaspar (Barcelona), Cala Mosca (Alicante), Playa Margalida-Playa Son Real (Islas Baleares), Playa de la Cola (Águilas, Murcia), Playa de El Palmar-Castilnovo (Cádiz), Playa Matas Blancas (Fuerteventura, Las Palmas), Playa de Liméns (Pontevedra), Playa de Tranqueru (Asturias), Playa Rosamunda (Santander, Cantabria) y Playa de Azkorri (País Vasco).

Sobre Rosamunda, Greenpeace señala que "es una playa natural cercana a una zona de estuario y acantilados, pero también a la gran ciudad de Santander, por lo que corre el grave riesgo de sufrir la expansión urbanística en el futuro si no se protege".

Un informe elaborado por Greenpeace en colaboración con el Observatorio de la Sostenibilidad, indica que Cataluña, Comunidad Valenciana, Andalucía y País Vasco son las comunidades autónomas costeras españolas con mayor presión urbanística en la costa, a consecuencia de la urbanización masiva, las actividades industriales o la agricultura.

En concreto, el estudio advierte de que en España hay 519.000 hectáreas (5.190 kilómetros cuadrados), lo que equivale a más superficie que La Rioja, de ecosistemas de gran valor pero que no tienen ninguna protección y de estos, el 56,9 por ciento han sido catalogados de interés comunitario por la Unión Europea y un 28,8 por ciento como prioritarios para su conservación.

En este contexto, la ONG ha identificado las diez playas naturales en España que sufren más presión y amenazas y recuerda que en la actualidad, el 22 por ciento de los hábitats naturales de la costa española están desprotegidos y de estos, el 57 por ciento han sido catalogados de interés comunitario por la Unión Europea y más de una cuarta parte (29%) como prioritarios para su conservación.

Además, la ONG denuncia que en la actualidad los ecosistemas costeros que no están reconocidos por las figuras de protección de la naturaleza son "vulnerables" al desarrollo de futuras actividades, principalmente las turístico residenciales, pero también las industriales o la agricultura intensiva.

"El ladrillo ha arrasado con todo en la costa española, pero aún quedan hábitats naturales sin alterar", defiende la ONG que ha seleccionado diez de las playas naturales que considera que están más amenazadas por la urbanización masiva en la costa.

En concreto, estas playas son la de Gaspar (Barcelona), Cala Mosca (Alicante), Playa Margalida-Playa Son Real (Islas Baleares), Playa de la Cola (Águilas, Murcia), Playa de El Palmar-Castilnovo (Cádiz), Playa Matas Blancas (Fuerteventura, Las Palmas), Playa de Liméns (Pontevedra), Playa de Tranqueru (Asturias), Playa Rosamunda /Cantabria) y Playa de Azkorri (País Vasco).

La responsable de la campaña de Costas de Greenpeace, Paloma Nuche, ha lamentado que tras la crisis económica el ladrillo ha vuelto a la costa y denuncia que en la actualidad hay "numerosos" proyectos urbanísticos en desarrollo, muchos de los cuales se planificaron durante la burbuja inmobiliaria pero que se paralizaron por falta de presupuesto, sobre todo en la vertiente mediterránea y en Andalucía.

"Los ecosistemas costeros no reconocidos oficialmente por las figuras de protección de la naturaleza sufren una fuerte presión humana y son vulnerables al desarrollo de futuras actividades", ha subrayado.

El informe indica que las comunidades autónomas cuyos ecosistemas desprotegidos sufren mayor presión humana son Cataluña, Comunidad Valenciana, Andalucía y País Vasco ya que la superficie urbanizada supera con creces la extensión de dichos hábitats que, al no tener reconocido su valor, son más vulnerables a futuros planeamientos urbanísticos y a los impactos indirectos de la urbanización masiva: contaminación, acumulación de basura, vertidos o falta de cuidado por parte de las administraciones, entre otros.

Entre estas, destacan Comunidad Valenciana y Andalucía por la combinación de una gran presión humana con una elevada tasa de hábitats naturales costeros desprotegidos (23% y 19%, respectivamente) a lo que se le añade unas características óptimas para el turismo, lo que constituye el cóctel perfecto para la destrucción de más ecosistemas.

Según el informe, la mayor proporción de ecosistemas costeros desprotegidos se da en la costa norte (Asturias, Cantabria, Galicia y Euskadi). En muchos casos, se trata de hábitats seminaturales ligados a actividades agrarias tradicionales, pero que también albergan una gran extensión de hábitats calificados por la UE de interés comunitario y prioritarios para su conservación.

De este modo, instan a realizar un mayor esfuerzo de las políticas de protección de la biodiversidad y ha reiterado la urgencia de las actuaciones en el litoral y aumentar los esfuerzos en restaurar áreas degradadas, sobre todo la recuperación del dominio público de las zonas privatizadas ilegalmente. Asimismo, piden a las administraciones a proteger extensas áreas de hábitats naturales antes de que resulten afectadas por la urbanización.

"Al actual contexto de pérdida de biodiversidad mundial, en el que la primera causa de extinción de especies es la artificialización del suelo, se suma el resurgir actual del desarrollo urbanístico en la costa, por lo que hemos de poner en valor la biodiversidad que aún no ha sucumbido al ladrillo antes de que sea demasiado tarde", puntualiza Nuche.

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