Domingo de Ramos

Palmas al cielo y silencio en las calles: así arranca la Semana Santa en Santander

Cientos de fieles acompañan la entrada de Jesús en Jerusalén en una jornada marcada por la devoción y el recogimiento

El obispo Arturo Ros bendice las palmas en Santander ante cientos de fieles y cofrades en el inicio de la procesión del Domingo de Ramos.
El obispo Arturo Ros bendice las palmas en Santander ante cientos de fieles y cofrades en el inicio de la procesión del Domingo de Ramos.

Para muchos, hoy no es un día más. Es el inicio de la Semana Santa, la semana grande para los cristianos, la que recuerda la entrada humilde de Jesús en Jerusalén y anticipa su pasión, muerte y resurrección.

En Santander, ese momento se ha vivido con una mezcla de alegría contenida y profundo respeto. Las palmas alzadas, los cantos, el silencio en algunos tramos… todo habla de una fe que sigue presente, sencilla pero firme.

Una ciudad que camina unida

La procesión ha partido desde la Plaza del Ayuntamiento, donde el obispo, Arturo Ros, ha bendecido los ramos. Desde allí, el paso de La entrada de Jesús en Jerusalén, la conocida Borriquilla, ha recorrido el centro de la ciudad acompañado por nazarenos y fieles.

Pero más allá del recorrido, lo importante era lo que se veía en las aceras: padres explicando a sus hijos el sentido del día, abuelos emocionados, jóvenes que se acercan quizá por primera vez. Esa es la verdadera fuerza de esta jornada.

Fe que se transmite generación tras generación

Los niños, con sus palmas, han sido protagonistas. Muchos vivían su primera procesión, repitiendo gestos que han pasado de generación en generación.

Porque la Semana Santa no se improvisa: se hereda, se aprende y se siente.

El valor de las cofradías

La Cofradía del Descendimiento ha sido la encargada de organizar esta procesión, cuidando cada detalle. Junto a ellos, la música de la agrupación Virgen de la Amargura ha acompañado el paso con solemnidad.

Son hombres y mujeres que, durante todo el año, trabajan en silencio para que estos días salgan a la calle con dignidad. Su labor es, muchas veces, invisible, pero esencial.

Presencia institucional con respeto

La presidenta de Cantabria, María José Sáenz de Buruaga, ha estado presente junto a otros representantes públicos. Su asistencia no es solo protocolaria: refleja el reconocimiento a una tradición que forma parte de la identidad de Cantabria.

Porque la fe, además de vivirse en lo íntimo, también forma parte de nuestra historia común.

Mucho más que una procesión

La Semana Santa de Santander, declarada Fiesta de Interés Turístico Regional, no es solo un evento cultural. Es una oportunidad para detenerse, mirar hacia dentro y recordar lo esencial.

En una sociedad acelerada, estos días invitan a algo que no siempre hacemos: reflexionar, acompañar, compartir silencio.

Una semana para volver a lo importante

El Domingo de Ramos es solo el comienzo. Por delante quedan días intensos: procesiones, encuentros, momentos de recogimiento y también de comunidad.

Cada paso, cada imagen, cada oración tiene un sentido que va más allá de lo visible.

Conclusión: una fe que sigue viva

Lo vivido hoy en Santander no es solo una tradición que se mantiene. Es la prueba de que, pese al paso del tiempo, la fe sigue encontrando su lugar en la vida cotidiana de muchas personas.

En las palmas alzadas, en las miradas emocionadas y en el silencio respetuoso de las calles, se percibe algo que no se puede medir, pero sí sentir.

Y es que, al final, la Semana Santa no se explica: se vive.

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