Una madre denuncia que su hija fue discriminada por tener esclerosis múltiple en un instituto de Castro
La historia comenzó como la de cualquier otra adolescente de Castro Urdiales. Una niña activa, deportista, apasionada por el atletismo y los caballos, acostumbrada a convivir con una enfermedad complicada sin permitir que esa realidad definiera toda su vida. Pero terminó convirtiéndose, según denuncia su familia, en una experiencia marcada por el dolor emocional, el sentimiento de exclusión y una profunda decepción con quienes debían protegerla dentro del entorno educativo.
La protagonista de esta historia ya no estudia en el IES José Zapatero Domínguez. Sus padres tomaron la decisión de cambiarla de centro después de meses de tensión, escritos administrativos, reuniones con Educación y una sensación constante de que nadie entendía realmente lo que había sucedido.
“No podíamos seguir viendo a nuestra hija sufrir cada vez que tenía que entrar por esa puerta”, explica su madre.
Una enfermedad invisible que muchos no comprenden
La joven convive con esclerosis múltiple, una enfermedad neurodegenerativa que afecta al sistema nervioso central y que, en muchos casos, no presenta síntomas visibles a simple vista.
Esa es precisamente una de las mayores dificultades que denuncian quienes la padecen: el hecho de parecer “normales” ante los ojos de los demás mientras luchan internamente contra dolor, agotamiento, limitaciones físicas o secuelas neurológicas.
“Mi hija puede correr, montar a caballo o sonreír. Pero eso no significa que no esté enferma”, relata la madre.
La adolescente nunca quiso esconder su diagnóstico. Según explica la familia, al inicio del curso habló con naturalidad sobre su situación médica con algunos profesores porque quería sentirse integrada y tratada como cualquier otra alumna.
“Jamás pidió privilegios. Solo quería comprensión”, asegura.
El episodio que cambió todo
El conflicto comenzó durante la preparación de un torneo deportivo escolar entre institutos de Castro Urdiales.
Según sostiene la familia, el profesor de Educación Física seleccionaba a los alumnos que participarían en la competición cuando, presuntamente, comunicó a la menor que quedaba fuera por su esclerosis múltiple.
La frase cayó como un golpe.
“Mi hija llegó llorando a casa. Lo que sintió fue humillación. Sintió que la estaban apartando únicamente por estar enferma”, recuerda su madre.
La familia sostiene que la adolescente no tenía ningún grado de discapacidad reconocido ni ninguna prohibición médica para practicar deporte. De hecho, practicaba atletismo habitualmente fuera del ámbito escolar.
Sin embargo, según denuncian, el problema fue que se dio por hecho que su enfermedad la hacía incapaz.
“Ahí está el verdadero daño. Que una persona adulta mire a una niña y vea primero la enfermedad antes que a la alumna”, lamenta la madre.
La respuesta del centro y la intervención de Educación
Tras lo sucedido, la familia inició una cadena de reclamaciones ante distintas administraciones. Presentaron escritos ante Inspección Educativa, el Gobierno de Cantabria y el Ayuntamiento de Castro Urdiales.
Con el paso de las semanas se produjo una reunión oficial impulsada por Inspección Educativa para tratar de cerrar el conflicto.
En el acta de aquella reunión, celebrada el 26 de mayo de 2025, el profesor pidió disculpas “por la posible mala interpretación” de sus palabras y el director del centro manifestó su compromiso para velar por el respeto a los derechos del alumnado.
Pero para la familia aquello nunca fue suficiente.
“No era una mala interpretación. Mi hija entendió perfectamente lo que escuchó y cómo la hicieron sentir”, sostiene la madre.
La mujer asegura que nunca percibió una verdadera asunción de responsabilidades ni medidas concretas para evitar situaciones similares.
“Parecía que todo el esfuerzo iba dirigido a apagar el problema cuanto antes”.
El sentimiento de abandono institucional
Uno de los aspectos que más indignación provoca en la familia es el silencio que, según denuncian, encontraron en distintas instituciones.
La madre asegura haber enviado mensajes y documentación al Ayuntamiento de Castro Urdiales y a diferentes responsables públicos explicando lo ocurrido y pidiendo ayuda o mediación.
“Lo único que queríamos era que alguien escuchara a nuestra hija”, afirma.
Sin embargo, con el paso de los meses, la sensación que quedó en casa fue la de estar luchando solos.
“Cuando tienes una hija enferma ya vives con miedo constantemente. Y encima tienes que enfrentarte a la sensación de que nadie quiere complicarse por defenderla”.
Las secuelas emocionales
Aunque el conflicto comenzó por un episodio relacionado con el deporte escolar, la familia insiste en que las consecuencias fueron mucho más profundas.
“El problema no era el torneo. El problema era lo que aquello representaba para una adolescente de 14 años”.
La joven empezó a sentirse observada, diferente y cuestionada dentro de un entorno donde antes se sentía integrada.
“Cuando eres niña solo quieres encajar. Y ella empezó a sentir que molestaba”.
Finalmente, la familia tomó una decisión difícil: sacar a la menor del instituto.
“Fue devastador porque ella tenía allí amigos, recuerdos y su vida cotidiana. Pero emocionalmente ya no podía más”.
“Las enfermedades invisibles también destruyen por dentro”
Hoy la adolescente continúa adelante. Sigue practicando deporte, continúa con sus tratamientos y trata de reconstruir la confianza perdida.
Pero sus padres decidieron hacer pública la historia porque consideran que muchas otras familias viven situaciones similares en silencio.
“La sociedad sigue creyendo que si una enfermedad no se ve, no existe”.
La madre insiste en que el caso de su hija no busca venganza, sino reflexión.
“Queremos que la gente entienda el daño que puede causar una frase, una exclusión o una falta de empatía”.
Porque detrás de cada enfermedad invisible hay personas que intentan llevar una vida normal mientras cargan una batalla que casi nadie ve.
Y porque, como repite la familia desde hace meses:
“Mi hija no necesita lástima. Necesita respeto”.