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El Diario de Cantabria

JUAN HORMAECHEA

Hormaechea, un político visionario

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Hormaechea, un político visionario
Cuentan que Juan Hormaechea iba en helicóptero a visitar las obras de los pueblos y que un día desde el aire, en uno de esos viajes, descubrió los terrenos que tiempo después ocuparía Cabárceno. Aquella fue una de las proverbiales visiones de futuro de un político polémico y de carácter difícil que acabó en el banquillo por malversación.

Hormaechea hizo historia porque fue el primer presidente de una comunidad autónoma condenado por la Justicia, mucho tiempo antes de que Quim Torra copara las portadas de los periódicos, y aunque para las generaciones más jóvenes sea apenas un nombre, su huella está muy presente en la Cantabria de hoy.

El Parque de la Naturaleza de Cabárceno, uno de los grandes atractivos turísticos de la región fue idea suya, y también mejorar la cabaña ganadera trayendo a Cantabria al famoso Sultán, el "toro del millón de dólares" como él le gustaba llamar al semental, en un alarde de exageración entre las críticas por manirroto de sus detractores.

Molesto con el barro que tenía que pisar en los pueblos, lanzó un plan de pavimentación de núcleos urbanos y empezó a mejorar las comunicaciones de una Cantabria desvertebrada con el primer plan de carreteras que se puso en marcha en la región.

Esas eran las obras que visitaba en el helicóptero que la Diputación regional alquiló para su servicio de Protección Civil y que él utilizaba para sus visitas por la comunidad autónoma, con el consiguiente revuelo a su llegada.

Hormaechea desechó además el primer proyecto para construir el Palacio de Festivales por falto de ambición, porque creía que Santander, huérfana entonces de escenarios, necesitaba un gran teatro.

Son luces de una historia en la que no faltan las sombras, la historia de un político autoritario enfrentado a los jueces y a la prensa, y que fue sentenciado a seis años de cárcel y catorce de inhabilitación por malversación y prevariación por gastarse dos millones de pesetas en publicar comunicados contra sus adversarios políticos, y por adjudicar a dedo a una empresa los carteles que anunciaban las obras de la Diputación.

Y no fue su única sentencia. También fue condenado por injurias y por promover la declaración de Bien Interés Cultural para un solar, hoy la plaza de las Cachavas, con la intención de impedir que pudiera construir allí un antiguo oponente político.

Alcalde de Santander por la UCD durante diez años, dio el salto desde la política municipal a la autonómica en 1987, cuando fue elegido presidente de Cantabria como independiente por Alianza Popular.

En 1990 prosperó la primera de las tres mociones de censura a las que se enfrentó durante su mandato, y que le desalojó del cargo durante seis meses, en los que gobernó el socialista Jaime Blanco.

Ese año creó su propio partido, una formación de espíritu regionalista, la UPCA, con la que ganó las elecciones en 1991 y ocupó la Presidencia tras alcanzar un pacto de gobierno con el PP.

Tras ese acuerdo se afilió al PP y disolvió la UPCA, que no tardaría mucho en resucitar, después de la crisis de gobierno que se saldó con la dimisión de seis consejeros del Ejecutivo.

Con la UPCA se presentó a las elecciones generales como candidato al Senado en 1992 y tres años después volvió a optar a la Presidencia de Cantabria, pero la madrugada anterior a los comicios la Junta Electoral resolvió que era inelegible porque había sido condenado por injurias y privado del derecho de votar y de ser elegido.

Quienes le trataron de cerca en aquellos años recuerdan su fuerte temperamento y lo mal que llevaba cualquier crítica. Su entonces jefe de prensa, Raúl Gómez Samperio, cree que su error fue "meterse con dos estamentos sagrados, los jueces y los periodistas".

Recuerda que estuvo hasta una época sin leer los periódicos y que por las mañanas era "un volcán", le faltaba el respeto a todo el mundo y se comportaba como un tirano, aunque por las tardes ya estaba más calmado y se volvía más tratable.

Otra de las cosas con las que no podía eran los trámites administrativos necesarios para cualquier proyecto que quisiera poner en marcha de la Administración. Se desesperaba con tanto informe.

La gestión de Juan Hormachea al frente del Ejecutivo estuvo marcada, sobre todas las cosas, por una gran tensión política, fueron tiempos revueltos en la historia de Cantabria.

De gustos afrancesados, le gustaba viajar al país vecino pero terminó comprando casa en Marruecos, donde pasó parte de sus últimos años. Y una de sus grandes pasiones eran las maquetas, que llenaban la sala de prensa.

En 2018 Hormaechea participó en un acto público en Torrelavega y fue recibido con sonoros aplausos. Entonces contó a los asistentes que su deseo era volver a la política, aunque en el otro platillo de la balanza pesaban sus ya 80 años y la familia. Y dejó claro también que no cambiaría nada de lo que hizo cuando gobernó porque no hizo "ningún daño a nadie". 

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