"No es una persona que se olvide fácilmente": Torrelavega llora la pérdida de 'Gelín', un alma generosa y un gimnástico de corazón
Torrelavega está de luto. El pasado martes, la ciudad perdió a uno de los suyos, a una figura entrañable cuya ausencia ha dejado un vacío profundo en el corazón de quienes tuvieron la fortuna de conocerle. Ángel Camprovín Tardío, conocido como 'Gelín', de 52 años, falleció trágicamente mientras trabajaba en las obras del polígono industrial de La Pasiega, en Parbayón. Un desprendimiento de tierra se lo llevó de forma repentina, brutal, dejando helada a toda una comunidad.
Desde la Real Sociedad Gimnástica, club del que era socio y apasionado seguidor, también quisieron recordarle "queremos trasladar nuestro más sentido pésame a su familia, amigos, compañeros de la empresa SIEC y a toda la Peña El Resurgir, de la que formaba parte activa". Porque Ángel no era solo un nombre más en una lista de socios: era de los que dejan huella, de los que animan con el alma, de los que están siempre.
En su entorno, nadie habla de él sin emocionarse. Porque hablar de Ángel, es hablar de bondad, de entrega y de vida compartida. Su hermano Bernardo, más conocido como Piqui, trató de explicarlo entre lágrimas: “Era un hombre muy, muy bueno. Aunque su aspecto pudiera parecer serio o un poco rudo, era todo lo contrario: todo corazón. Un tío de los que se desviven por los demás. Muy familiar, muy generoso. Y con un amor inmenso por nuestra madre, Gloria. La visitaba todos los días. Se tomaban algo, comían juntos, charlaban. Ese vínculo era algo precioso.”
Ángel era un hijo ejemplar, un esposo dedicado y un padre de tres hijas a las que adoraba. Compartía con su mujer y sus niñas una vida tranquila en Polanco, donde también tuvo lugar el velatorio, multitudinario y sentido, y donde hoy jueves se celebrará la misa en su memoria.
Pero su historia no empieza ahí. Su nombre está unido a uno de los bares más emblemáticos de Torrelavega, El Riojano, que regentaron sus padres. Creció entre el bullicio de la hostelería, el trato cercano y la vida de barrio. “Nos conocemos desde pequeños, desde siempre”, recuerda Silvia, una de sus amigas más cercanas, con voz entrecortada.
“Era una persona única. Muy alegre, con una vitalidad impresionante. Le encantaba jugar a las cartas, sobre todo a la flor, con su grupo de amigos de toda la vida. Cuando Ángel estaba, sabías que iba a ser un buen rato. Siempre te sacaba una sonrisa, te hacía sentir parte de algo.”
Silvia detalla cómo la amistad con Ángel trascendió las décadas. “Compartimos muchas Navidades, fiestas, risas... y también algún disgusto, claro, como pasa en la vida. Pero siempre estuvo ahí. Siempre pendiente de los suyos, de su familia. Era amable, divertido, muy querido.”
Entre sus pasiones, además de la música rock, brillaba con fuerza el fútbol. Ángel era un enamorado de la Gimnástica, equipo al que siguió con fervor toda su vida. El Malecón fue testigo de su entrega. Aunque simpatizaba también con el FC Barcelona, su corazón era blanquiazul.
Carlos, otro de sus amigos del alma y compañero en la Peña El Resurgir, no duda en decirlo alto y claro:
“Ángel era puro sentimiento cuando se trataba de la Gimnástica. Lo vivía intensamente. Nos unía eso: la pasión por el equipo, por nuestra ciudad, por los colores. Aunque discutíamos por el Barça —yo soy de otro equipo—, nos reíamos después. Él era así: todo lo vivía con pasión, pero nunca desde el rencor.”
Carlos añade que Ángel era de esas personas que se hacen querer: “No es una persona que se olvide fácilmente. Porque era muy auténtico. Siempre dispuesto a ayudar, siempre con tiempo para los amigos. Era trabajador, generoso, y muy cercano. La hostelería, la Gimnástica, las cartas… todo eso nos unió. Se va alguien muy especial. Lo vamos a echar de menos todos.”
El trágico accidente que se lo llevó ocurrió pasadas las tres de la tarde del 1 de julio. Los equipos de emergencia no pudieron hacer nada. Un mazazo para todos, pero sobre todo para su madre, Gloria. La familia explica que Ángel convivía con una enfermedad desde joven, “algo con lo que se puede convivir”, decían, “pero nadie esperaba que fuese así, tan de repente, tan injusto”.
El funeral de cuerpo presente tuvo lugar este jueves 3 de julio, a la una y media de la tarde, en la Iglesia Parroquial de Rumoroso. A continuación, se celebrará la incineración en el crematorio de Río Cabo. Se espera la asistencia de decenas de personas: familiares, amigos de toda la vida, compañeros de trabajo, miembros de la Peña y vecinos de Torrelavega y Polanco, que ya han mostrado su cariño en el velatorio.
Ángel Camprovín no era una figura pública, pero sí era, y seguirá siendo, una figura inolvidable para quienes le conocieron. Un hombre de los que hacen comunidad. De los que cuidan a los suyos. De los que animan desde el fondo del campo y desde el fondo del alma.