“Entiendo la huelga, pero así no podemos trabajar”

Adolfo, camionero afectado por la protesta del metal, denuncia la imposibilidad de acceder al puerto mientras defiende las reivindicaciones de los trabajadores.
Retenciones de transportistas en el acceso al puerto de Requejada, debido a la huelga de metal en Cantabria. / ALERTA

La primera jornada de la huelga indefinida del sector del metal en Cantabria ha generado importantes alteraciones en la actividad industrial y logística de la región. Uno de los puntos más afectados ha sido el puerto de Requejada, donde varios transportistas han quedado retenidos durante horas a causa de los piquetes que bloqueaban el acceso a las instalaciones.

Entre los atrapados se encontraba Adolfo, un camionero que esperaba para realizar una descarga en la planta de Solvay. Aunque asegura comprender los motivos de la huelga, critica el modo en que está afectando a quienes, como él, no forman parte del conflicto.

Transportista afectado por la huelga del metal en Cantabria. / ALERTA
Transportista afectado por la huelga del metal en Cantabria. / ALERTA

“Si tienen que hacer la huelga, tendrán que hacerla. Yo entiendo las reivindicaciones, claro que sí”, explica desde la cabina de su vehículo. “Pero también es complicado que se corte la carretera, porque hay otros que también tenemos que trabajar. Ellos tienen que defender lo suyo, y entiendo que tengan que hacer fuerza, pero nosotros estamos en medio”.

Durante la madrugada, los piquetes organizaron cortes en los accesos y prendieron fuego a palets y otros materiales, lo que obligó a intervenir a los bomberos, que sofocaron el incendio antes de que se propagara. La situación generó momentos de tensión entre los trabajadores en huelga, los transportistas y los agentes de seguridad desplegados en la zona.

Adolfo considera que existen otras formas de presión más directas:

“Algunos compañeros comentaban que sería mejor protestar delante de la empresa, sin cortar el paso a los demás. Así se presiona directamente a quien corresponde”.

La huelga, convocada por UGT y CCOO, afecta a más de 22.000 trabajadores del metal en Cantabria. Las principales demandas sindicales incluyen la subida salarial, la reducción de la jornada laboral y mejoras en salud y seguridad. La patronal, por su parte, considera que las exigencias son “inasumibles” en el contexto económico actual.

El impacto, sin embargo, va más allá del metal. Transportistas como Adolfo ven paralizada su actividad sin estar protegidos por el mismo convenio colectivo.

“El del metal es un buen convenio. El del transporte, no tanto. Nosotros estamos peor pagados, y cuando hicimos huelga hace unos años, nadie nos hizo caso. La gente no la apoyó porque si paramos nosotros, se para todo: supermercados, fábricas…”

Aun así, Adolfo no pierde la empatía con los trabajadores movilizados.

“La gente entiende la huelga, pero cuando te afecta en primera persona, cuesta más. Aun así, si no hacen fuerza, nada va a cambiar. Así que les animo, porque hace falta mucho valor para hacer lo que están haciendo”.

Mientras la huelga continúa y los piquetes se mantienen activos en puntos estratégicos de Cantabria, voces como la de Adolfo reflejan una realidad más compleja: la de quienes, sin estar en conflicto directo, padecen sus consecuencias en silencio.

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