«No a costa de lo nuestro»: clamor ganadero ante los ataques del lobo
Las organizaciones agrarias de Cantabria denuncian que la limitada gestión del lobo no responde a la gravedad de los daños, piden medidas efectivas, cuestionan a los ecologistas y exigen respeto ante campañas de desprestigio y abandono institucional
Los representantes del sector ganadero de Cantabria han expresado de forma conjunta su malestar por lo que consideran un desequilibrio profundo entre la gestión administrativa de la población de lobos en la comunidad autónoma y las consecuencias que esta presencia está teniendo sobre la ganadería extensiva, especialmente en áreas rurales. A través de un comunicado difundido este viernes por diversas entidades representativas del mundo agrario, los ganaderos comparan de forma directa el número de extracciones de lobos autorizadas durante el presente ejercicio —un total de «únicamente 41»— con las cifras acumuladas de ataques atribuidos a esta especie, que, según sus estimaciones, se elevan a cerca de 2.700 incidentes que han provocado la muerte de 3.200 cabezas de ganado.
A juicio de estas organizaciones, la magnitud de las pérdidas sufridas por el sector supera con creces cualquier planteamiento de control poblacional actualmente en marcha, y consideran que la desproporción entre las cifras de daño y la respuesta oficial requiere una revisión urgente del modelo de gestión. La interpretación que hacen los ganaderos no está dirigida a solicitar medidas excepcionales o privilegios, sino a demandar lo que entienden como un tratamiento equilibrado y justo. En palabras del propio comunicado, el sector no está pidiendo «privilegios», sino «justicia». Y en esa línea, niegan que sus reivindicaciones puedan ser leídas como una persecución al lobo, ni tampoco como un intento de exterminio de la especie, recordando que la presión no recae sobre los cánidos salvajes, sino sobre el propio medio rural. «El daño real lo sufre, día a día, el campo», se subraya en el texto, con referencia expresa al impacto que sufrieron cerca de un millar de ganaderos cántabros a lo largo del año pasado.
Convivencia con el lobo
Este posicionamiento ha sido suscrito por un amplio conjunto de entidades del ámbito agrario y cooperativo, entre las que figuran UGAM-COAG, ASAJA, UPA, AIGAS, la Federación de Razas Cárnicas Autóctonas, la Asociación de Frisonas de Cantabria (AFCA), así como varias cooperativas emblemáticas como AgroCantabria, la cooperativa Ruiseñada-Comillas y la agrupación Valles Unidos del Asón.
El pronunciamiento público de estas entidades se produce apenas una semana después de la última reunión de la Mesa del Lobo, una estructura de diálogo y participación institucional creada para canalizar las diferentes posiciones sobre la convivencia entre lobos y ganadería, y que quedó parcialmente desarticulada tras el abandono del foro por parte de dos organizaciones conservacionistas: Ecologistas en Acción y la Asociación para la Defensa de los Recursos Naturales de Cantabria (ARCA).
La decisión de estas entidades de abandonar la Mesa del Lobo ha sido valorada de forma crítica por las asociaciones ganaderas, que consideran que dicha retirada revela una falta de voluntad para alcanzar consensos y obedece a una actitud cerrada a la negociación. Según denuncian, las organizaciones ecologistas no estarían interesadas en construir soluciones compartidas, sino en «imponer su visión» al conjunto del sector, sin atender a la diversidad de realidades del territorio ni al peso económico y cultural de la ganadería extensiva. Los ganaderos consideran que esta actitud refleja una forma de actuar «intransigente» que «da la espalda a la realidad del medio rural».
El comunicado también pone en valor el compromiso del sector ganadero con los mecanismos de diálogo y concertación institucional, como su participación activa en la Mesa del Lobo desde su creación. Incluso cuando el lobo fue incluido en el LESPRE (Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial), el sector mantuvo su presencia en las reuniones y propuso fórmulas de compatibilidad entre conservación de la biodiversidad y protección del modelo ganadero. «Mientras otros abandonan las mesas de trabajo, el sector ganadero sigue en pie… proponiendo soluciones equilibradas y reclamando lo que es justo: convivir sí, pero no a costa de lo nuestro».
Daños descontrolados y necesidad de medidas
Según estas organizaciones, el plan de gestión del lobo recientemente reactivado no responde a caprichos administrativos ni a presiones políticas, sino a una necesidad objetiva vinculada al aumento de ataques. Desde su punto de vista, los daños han alcanzado un nivel «descontrolado», con efectos acumulativos que minan la sostenibilidad económica de la ganadería extensiva, una actividad que en muchas comarcas es motor de ocupación y fijación de población.
Insisten en que las políticas de control del lobo deben basarse en la experiencia empírica acumulada, no en postulados ideológicos. La realidad del campo cántabro ha cambiado, con una población de lobos creciente, presente en áreas cada vez más humanizadas, causando daños económicos, psicológicos y organizativos. La falta de respuesta adecuada, advierten, puede acelerar el abandono del medio rural, con consecuencias negativas en términos de biodiversidad, paisaje, economía y cultura.
En paralelo, las organizaciones agrarias alertan sobre la intención de algunos grupos ecologistas de acudir a los tribunales para exigir un plan específico de convivencia. A este respecto, recuerdan que ya existen resoluciones judiciales que avalan las medidas de control como respuesta legítima ante los daños provocados por el lobo. «Ha avalado» la necesidad de intervenir para frenar los daños, afirman, señalando que sus propuestas no contravienen el marco legal vigente.
Campañas de desprestigio y defensa del modelo rural
Finalmente, el comunicado colectivo alerta sobre una dinámica creciente de desprestigio hacia el sector ganadero, manifestada a través de campañas de odio, acoso e insultos, tanto en espacios digitales como en foros de opinión. Las organizaciones denuncian que se está construyendo un discurso que presenta a los ganaderos como “enemigos de la naturaleza”, una visión que consideran producto de la ignorancia y el fanatismo, y que no refleja la realidad del trabajo diario en el campo.
Frente a esto, reclaman un reconocimiento explícito del papel de la ganadería extensiva, como garante de un modelo de territorio vertebrado, respetuoso con el entorno y generador de actividad económica sin comprometer el equilibrio ecológico. «Respeto, porque sin ganadería extensiva no hay Cantabria verde ni sostenible que valga», concluye el texto, reafirmando la importancia del sector como garante de un territorio vivo y diverso.
La situación, según los ganaderos, se ha intensificado en los últimos meses por el aumento progresivo de los ataques y la percepción de desprotección institucional. Con más de 3.000 reses muertas en lo que va de año y alrededor de 1.000 explotaciones afectadas en el ejercicio anterior, la autorización de únicamente 41 extracciones genera una profunda frustración.
Un conflicto abierto
El debate sobre la gestión del lobo se ha convertido en un punto de fricción creciente entre el mundo rural y los enfoques conservacionistas, con diferencias profundas no solo en los objetivos, sino en las metodologías y formas de participación. La retirada de Ecologistas en Acción y ARCA de la Mesa del Lobo refuerza esa fractura, dejando un escenario en el que el consenso parece cada vez más difícil de alcanzar.
En este contexto, el sector ganadero exige que se escuche su experiencia, que se actúe con medidas proporcionales al alcance real del problema, y que se reconozca el valor del medio rural como parte central del futuro de Cantabria. Reclaman políticas públicas con visión integral, no centradas únicamente en la protección de especies, sino también en la protección de las personas y comunidades que las comparten.