PROTESTA DEL CAMPO | CANTABRIA

El campo dice basta: el Gobierno de Sánchez empuja a los ganaderos al límite

Los ganaderos cántabros llevaron sus tractores al corazón político de Santander. Frente al Parlamento de Cantabria expresaron con pancartas, discursos y un ternero muerto su desesperación ante el abandono institucional.
Tractor con pancarta frente al Parlamento de Cantabria: «El campo se muere y tiene asesinos». Los ganaderos señalan directamente al Gobierno como culpable de su situación.
Tractor con pancarta frente al Parlamento de Cantabria: «El campo se muere y tiene asesinos». Los ganaderos señalan directamente al Gobierno como culpable de su situación.

La tercera tractorada en un mes en Santander acabó con tensión, empujones y enfrentamientos verbales tras años de abandono del sector primario. Ganaderos cántabros acusan al PSOE y al Gobierno de Pedro Sánchez de legislar contra el campo desde los despachos y dar la espalda a quienes garantizan la alimentación.

Una protesta al borde del estallido

La tractorada de este jueves no fue una más. Fue el reflejo de un sector agotado. La Policía Nacional bloqueó el acceso al Parlamento de Cantabria y a la Delegación del Gobierno, impidiendo incluso la entrega de una carta con reivindicaciones básicas. El resultado fue una escalada de tensión que terminó en empujones, gritos e insultos. No por violencia gratuita, sino por desesperación acumulada.

El símbolo que el PSOE no quiere ver

Un ternero muerto por el ataque de un lobo yacía en el suelo del hall de la Delegación del Gobierno. No era provocación: era la realidad diaria del campo cántabro. Mientras el Ejecutivo de Sánchez protege al lobo desde Madrid y Bruselas, los ganaderos entierran animales, pierden rentas y ven cómo su trabajo se vuelve inviable.

Momento de máxima tensión entre los ganaderos y el delegado del Gobierno, Pedro Casares, rodeado de policías, durante la protesta frente a Delegación.
Momento de máxima tensión entre los ganaderos y el delegado del Gobierno, Pedro Casares, rodeado de policías, durante la protesta frente a Delegación.

El Parlamento ya no puede seguir mirando hacia otro lado

Lo que ha sucedido en Santander no es solo una protesta más. Es una llamada desesperada de un sector clave que está siendo ninguneado por el PSOE y por las políticas erráticas del Gobierno de Pedro Sánchez. Mientras los tractores rugen frente al Parlamento de Cantabria, los despachos siguen fríos, mudos e ineficaces. ¿De qué sirven las promesas vacías si no se traducen en presupuestos reales, medidas concretas y respeto institucional?

Los ganaderos no piden limosna, exigen condiciones dignas para trabajar. No quieren discursos vacíos ni más normativa absurda. Quieren que se les escuche, que se les reciba, que se les defienda. Frente al Parlamento se han leído pancartas que resumen una verdad que algunos no quieren aceptar: “Sin sector primario, no hay comida”.

El Gobierno cántabro y los grupos parlamentarios ya no pueden refugiarse en el silencio. Esta vez, las organizaciones agrarias han solicitado formalmente su comparecencia en el Arco Parlamentario. Han expuesto con claridad sus demandas, y la pelota está ahora en el tejado de quienes legislan. Si deciden ignorarlas, estarán traicionando no solo al campo, sino a toda Cantabria.

Porque lo que está en juego no es una ayuda más ni una protesta aislada. Es el futuro mismo del medio rural, la soberanía alimentaria de esta comunidad y la dignidad de quienes, día a día, mantienen vivo el corazón de España mientras otros solo piensan en pactos políticos, cargos y propaganda.

Y mientras Sánchez firma tratados suicidas como Mercosur en Bruselas, aquí, en Cantabria, el campo muere. Pero esta vez, no en silencio.


Pedro Casares, la cara del desprecio institucional

El delegado del Gobierno, Pedro Casares, intentó calmar los ánimos prometiendo “trabajar por el sector”. Las palabras llegaron tarde. Los ganaderos le acusaron directamente de mentir, de ir contra ellos y de utilizar la represión policial como respuesta política. “No queremos dinero, queremos que nos dejen vivir”, le gritaron.

Mercosur, PAC y Bruselas: decisiones que matan al campo

El acuerdo de Mercosur, los recortes de la PAC, la burocracia asfixiante y la falta de control del lobo forman una tormenta perfecta. Mientras Europa permite la entrada de carne hormonada, miel adulterada o cítricos sin controles, al ganadero cántabro se le exige más papeleo que producción. Una competencia desleal avalada por el Gobierno de Sánchez.

Cientos de manifestantes colapsan la calle Alta frente al Parlamento de Cantabria exigiendo soluciones reales al Gobierno de Pedro Sánchez.
Cientos de manifestantes colapsan la calle Alta frente al Parlamento de Cantabria exigiendo soluciones reales al Gobierno de Pedro Sánchez.

El apoyo ciudadano frente al silencio político

A lo largo del recorrido, aplausos, puños en alto y gestos de apoyo de los vecinos contrastaban con la frialdad institucional. La sociedad entiende lo que el PSOE se niega a asumir: sin agricultores ni ganaderos no hay soberanía alimentaria ni Cantabria verde.

El Partido Popular, del lado del campo

Frente al abandono del Gobierno central, el PP y su presidente Alberto Núñez Feijóo han sido claros: no a Mercosur sin reciprocidad, sí a la defensa del campo español, sí al control del lobo y sí a una PAC justa. Mientras Sánchez negocia votos, el PP defiende a quienes trabajan la tierra.

Un ganadero utiliza un tractor y un fardo de paja como improvisado estrado para lanzar su mensaje ante el Parlamento de Cantabria: "No queremos desaparecer, solo subsistir".
Un ganadero utiliza un tractor y un fardo de paja como improvisado estrado para lanzar su mensaje ante el Parlamento de Cantabria: "No queremos desaparecer, solo subsistir".

Cuando el campo se rebela, algo se ha roto

Lo ocurrido en Santander no es un problema de orden público. Es el síntoma de una política fallida. Cuando los tractores toman la ciudad y los ganaderos llevan animales muertos a las instituciones, el mensaje es claro: el Gobierno ha dejado de gobernar para el país real. Sánchez puede seguir prometiendo desde el atril, pero el campo ya no cree. Y cuando el campo se levanta, la mentira se queda sin cosecha.

 

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