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Álvaro Pombo, voz de la lucidez y la ternura, recibe el Premio Cervantes de mano de los Reyes

Álvaro Pombo tras recibir el galardón por parte de los Reyes. / X
La ceremonia tuvo lugar en la Universidad de Alcalá, en un emotivo acto presidido por los Reyes de España

En el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, bajo la solemnidad del artesonado mudéjar y la emoción contenida del mundo de las letras, Álvaro Pombo ha recibido este 23 de abril el Premio Cervantes 2024, el máximo reconocimiento de las letras en español. Y con ello, se cierra un círculo largo, profundo y genuinamente humano en la trayectoria de uno de los escritores más singulares y lúcidos de la narrativa contemporánea.

Una voz única, irrepetible

Pombo —nacido en Santander en 1939, miembro de la Real Academia Española desde 2004, filósofo de formación, poeta de alma, narrador de instintos— ha labrado un mundo literario propio, como destacó el jurado, “imperecedero e imprescindible, que conmueve y conduele”. Su prosa, muchas veces juguetona y otras, despiadadamente lúcida, se ha movido entre la ironía, la melancolía, la rebeldía moral y una ternura no exenta de rigor intelectual.

Ha sido —y es— un escritor que no teme pensar, ni hurgar en las contradicciones del alma humana, ni en los pliegues incómodos de la identidad, la familia, la política, el amor o la religión. En obras como Donde las mujeres, El héroe de las mansardas de Mansard, La fortuna de Matilda Turpin, Contra natura o más recientemente Santander, 1936, ha explorado los afectos y los conflictos con una mirada que se niega al lugar común.

Pombo pertenece a una generación de escritores para quienes la literatura es una forma de vida, una forma de resistencia, y también una trinchera desde la que pensar el mundo. Su voz, culta pero accesible, es la de quien ha sabido mirar con compasión, con humor y con una inteligencia inagotable.

Un galardón entre la fragilidad y la memoria

A sus 85 años, el autor ha acudido al acto con un gesto de nobleza silenciosa. No ha podido pronunciar su propio discurso —su salud delicada se lo ha impedido—, pero sus palabras, leídas por el escritor e historiador Mario Crespo, resonaron con fuerza y profundidad. Centrado en "la fragilidad" como hilo vital, Pombo reflexionó sobre el alma de El Quijote, sobre la necesidad de comprender antes que juzgar, y sobre la escritura como un acto de ternura ante el caos del mundo.

La entrega del premio estuvo presidida por los Reyes de España, en presencia del ministro de Cultura, Ernest Urtasun, y de numerosas figuras del ámbito literario. El Rey Felipe VI, en su intervención, destacó el papel del lenguaje como instrumento ético y como puente entre las diferencias:

"El lenguaje ha de servirnos para decir alto y claro que no todo vale. Que la palabra construya, no destruya."

Un autor fiel a su origen y a su libertad

Cántabro de nacimiento y convicción, Álvaro Pombo no ha perdido jamás la capacidad de pensar a contracorriente, de ejercer una libertad radical, incluso incómoda para algunos, pero siempre fecunda para la literatura. En un mundo que a menudo empuja a la uniformidad, él ha defendido con fuerza la singularidad del pensamiento, la disidencia razonada y el derecho a la complejidad.

No en vano, su discurso literario y público ha sido siempre el de un hombre libre, y en ese sentido, el Cervantes no sólo reconoce su obra, sino también su coraje y su coherencia.

Un legado para la memoria

Con este galardón, Pombo se une a la estirpe de gigantes que han modelado las letras hispanas desde el siglo XX hasta hoy: Delibes, Vargas Llosa, Juan Goytisolo, Ana María Matute, Ida Vitale, Rafael Cadenas... Su nombre se inscribe ya, con plena justicia, entre los grandes.

Y como dijo él mismo al conocer el premio, con su habitual humor cáustico y lúcido:

“Es lo último que voy a ganar un poco sólido”.

Pero lo cierto es que su obra —como la de Cervantes— seguirá ganando en cada lector. En cada página que alguien abra y se descubra, entre líneas, viviendo una vida que no sabía que también era suya.