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El Diario de Cantabria

TRIBUNALES

Los acusados de presionar a su sobrina para prostituirse lo niegan

Un instante del juicio. / José Ramón
Un instante del juicio. / José Ramón
Los acusados de presionar a su sobrina para prostituirse lo niegan

La pareja acusada de presionar a su sobrina para que viniera a España a ejercer la prostitución, y para quienes el fiscal solicita una pena para cada uno de ellos de once años de prisión, ha asegurado que «jamás la obligaron a hacer nada» porque la trajeron «para ayudar, no para explotar». Así lo ha señalado la acusada y tía de la mujer en su declaración en el juicio, que ha comenzado este jueves y continuará hoy y en el que la pareja está acusada de cuatro delitos: trata de seres humanos con fines de explotación, prostitución coactiva, delito leve de maltrato y continuado de falsedad en documento público.

Por ello, se enfrentan a penas de once años de prisión para cada uno y una multa de 9.900 euros, además de una indemnización de 30.000 euros para la sobrina. Según el fiscal, la joven estuvo ejerciendo la prostitución durante un año, de 2016 a 2017, en distintas ciudades de España como Vitoria, Bilbao o Santander, hasta que tuvo que ser atendida en el Hospital Marqués de Valdecilla y logró escapar de la vivienda en la que vivía junto a sus tíos.

La acusada, tía de la mujer y originaria de Brasil, ha explicado que fue su sobrina quien la pidió venir a España porque «quería trabajar como ella» y porque su situación económica en su país de origen era «muy complicada», ya que hacía tiempo que no tenía trabajo.

Esta chica, que ha declarado sin estar presente la prensa, estuvo viviendo durante un tiempo en un piso de su tía en Curitiba por el que solo tenía que pagar la comunidad y sus gastos personales de luz y agua.

Según el fiscal, al no aceptar trasladarse a España, su tía la exigió el pago de todas las rentas que no le había satisfecho durante el tiempo que le había dejado estar viviendo en su apartamento. La acusada ha señalado que trajo a su sobrina «para ayudarla no para explotarla» y que, mientras trabajan juntas ejerciendo la prostitución, «cada una cogía su dinero» y que «nunca la había exigido nada, ni un céntimo».

situación irregular en el país. Esta mujer y su marido han afirmado que la joven se encontraba en situación irregular en España y que no es verdad que la obligaran a entretener a los clientes en el baño para así entrar en la habitación y sustraerles el dinero de la cartera. El hombre ha admitido que usó identidades falsas para hacerse pasar por otra persona y así dar de alta 18 líneas de teléfono, que utilizaron para anunciar en internet los servicios sexuales de su sobrina.

Además, ha reconocido que utilizó la misma identidad falsa para suscribir contratos de arrendamiento de los pisos en los que la chica recibía a los clientes.

Tras un año ejerciendo la prostitución, la joven acudió con su tía a Valdecilla para ser atendida en urgencias donde, según la acusada, les dijeron que no fueran para «tonterías» y ella insistió en que le diesen alguna medicina a su sobrina.

Ese mismo día, y como ha relatado en el juicio el ertzaina con el que contactó la joven vía Whatsapp para pedirle ayuda porque quería «escapar de la situación de riesgo» en la que estaba, logró escapar del piso el que vivía con sus tíos y ejercía la prostitución. Además, este agente ha explicado que, en el momento en que en la Ertzaintza supieron que había huido del piso, se pusieron en contacto con la Policía Nacional de Santander para que la localizasen y la ofrecieran la protección que necesitaba.

«Estaba nerviosa, temerosa, frágil y asustada», ha asegurado uno de los policías nacionales que acudieron aquella noche a buscarla para llevarla a Extranjería, como rige el protocolo. Durante ese rato que estuvieron esperando el «papeleo», los agentes estuvieron hablando con la chica, quien les explicó que «estaba ejerciendo en contra de su voluntad», que fue agredida, aunque ellos no apreciaron lesiones de pelea cuando la recogieron, y que «no cobraba nada de dinero» por los servicios que prestaba.

Asimismo, les relató que tenía una deuda de 72.000 euros con su tía y que del dinero que ganaba, que calcula que fueron unos 38.000 euros al año y del que «no había visto nada», su tía se quedaba el 50 por ciento y el otro 50 era para cubrir la deuda. 

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