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El Diario de Cantabria

CORONAVIRUS CANTABRIA

Todos se movilizan para ayudar a quién más lo necesita, viva donde viva

El alcalde de Valderredible dice que la alerta "se está pasando con normalidad" 
Las calles de Santander han quedado casi vacías tras decretarse la alerta del Covit 19, este lunes, desplazándose unicamente para trabajar o realizar compras de primera necesidad. EFE / Román G. Aguilera.
Las calles de Santander han quedado casi vacías tras decretarse la alerta del Covit 19, este lunes, desplazándose unicamente para trabajar o realizar compras de primera necesidad. EFE / Román G. Aguilera.
Todos se movilizan para ayudar a quién más lo necesita, viva donde viva
La alerta decretada para combatir el coronavirus está haciendo aflorar la solidaridad de la que presumen los españoles, vivan donde vivan, porque el objetivo es ayudar a quien más lo necesita y facilitar lo imprescindible para que todo el que lo precise pueda quedarse, sin problema, en su casa.

"Mi teléfono como alcalde está abierto las 24 horas del día", reconoce a el regidor municipal de Valderredible, Fernando Fernández, uno de los municipios cántabros "más complejos" para vivir una situación como la actual, por la dispersión de sus 53 núcleos de población.

Sin embargo, desde Peñarrubia, a sus vecinos tampoco les llama la atención la recomendación de estar "más o menos aislados", porque consideran que es su forma de vida, al situarse este municipio en pleno Parque Nacional de los Picos de Europa y entre sus montañas y su Desfiladero de La Hermida.

"Aquí nos han dicho que no vamos a tener problemas de desabastecimiento y hoy la gente ha ido con normalidad a Potes", reconocen a Efe fuentes del Ayuntamiento de Peñarrubia, quienes creen que ahora, los residentes en las grandes ciudades, se dan cuentan del valor de vivir en un pueblo.

El alcalde de Valderredible añade que la alerta "se está pasando con normalidad" y siempre en coordinación con el centro de salud que asiste a todo su municipio, y, como anécdota, señala que solo se están acercando "algunas medicinas a dos personas que, por sus patologías, no conviene que bajen al ambulatorio".

Aún así, insiste en que sí en algún momento, algún vecino precisa algo, "el Ayuntamiento le llevaría lo necesario". "Mi teléfono como alcalde está abierto las 24 horas del día", asevera.

Desde otros municipios rurales cántabros se coincide en que en los pueblos están acostumbrados a este tipo de situaciones de "confinamiento", no en vano son los que luchan por el despoblamiento y el intentar que la gente recuerde las ventajas que tiene vivir en pequeños núcleos de población, que quizá ahora "vayan a ponerse de moda".

E, incluso, algunos, como el Ayuntamiento de Villaescusa, abogan por iniciativas de apoyo también para los pacientes que resulten afectados por el virus, ya que este municipio ha puesto a disposición de la Consejería cántabra de Sanidad su pabellón deportivo municipal para, si es necesario, habilitarlo con camas y personal sanitario para tratar a personas con covid-19.

La mancomunidad de Siete Villas, que agrupa algunos de los municipios costeros cántabros más frecuentados por los turistas como Noja, sigue 'a tope' con sus servicios de atención a mayores o dependientes para hacer llegar a esas personas alimentos, medicamentos o cualquier cosa que necesiten.

El presidente de la mancomunidad y alcalde de Argoños, Juan José Barruetabeña, explica a Efe que el personal de ese servicio está trabajando "a pleno rendimiento y con las medidas sanitarias óptimas" para que nadie quede "desatendido".

"En estos municipios pequeños la solidaridad de los vecinos, que se conocen unos a otros, facilita que las carencias individuales queden cubierta, sin necesidad de acudir a los servicios sociales", reconoce este regidor, lo cual comparte Julián Fuentecilla, alcalde de Soba, municipio que es el tercero con más superficie de la región, y en el que la mayor parte de sus mil habitantes son mayores.

"Eso de la solidaridad en los pueblos siempre existe y las personas mayores, si carecen de familiares en la zona, cuentan con vecinos o los propios trabajadores de supermercados o farmacias que les hacen llegar los artículos", sostiene.

Por tener solo 350 habitantes, al municipio de Valle de Villaverde, enclavado en el País Vasco, no le corresponder contar con farmacia, pero su alcalde, Javier Pérez, recuerda a Efe que sí tienen un "botiquín farmacéutico".

Ese servicio se encarga de repartir los medicamentos "vivienda por vivienda y fuera de horario" a las personas que no pueden salir de sus casas, asegura este regidor.

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