arqueología

Un pueblo de Cantabria esconde uno de los yacimientos más asombrosos de España, y estuvo oculto por siglos

Tumbas medievales, el yacimiento arqueológico Cantábrico-Romano de Camesa-Rebolledo. / A.S.
Cantabria sigue revelando su pasado oculto: un yacimiento romano con lujosas termas, una necrópolis medieval y una enigmática ermita que desapareció sin dejar rastro

Entre los pequeños pueblos de Camesa y Rebolledo, en el municipio de Valdeolea, se encuentra uno de los yacimientos arqueológicos más fascinantes de Cantabria: el arqueositio cántabro-romano de Camesa-Rebolledo. Este enclave, cargado de historia, ha sido testigo de más de mil años de ocupación humana, desde los tiempos del Imperio Romano hasta la Edad Media.

Un hallazgo fortuito que desveló un pasado oculto

Corría el año 1976 cuando un lugareño, Don Abel Gómez, encontró por casualidad un fragmento de ladrillo con la inscripción LEG. Aquella pieza, que en un principio pasó desapercibida, resultó ser un vestigio de la Legión IV Macedónica, una de las unidades militares más temidas de Roma, encargada de mantener el control tras las Guerras Cántabras (29-19 a.C.).

Durante cuatro años, el descubrimiento se mantuvo en secreto hasta que, coincidiendo con la conmemoración de los 2000 años de las Guerras Cántabras, se inició una serie de excavaciones lideradas por Miguel Ángel García Guinea, antiguo director del Museo de Prehistoria y Arqueología de Santander. Los resultados fueron asombrosos: el yacimiento reveló evidencias de una ocupación continua desde el siglo I hasta el siglo XII, pasando de villa romana a necrópolis medieval y, más tarde, a sede de una ermita cristiana.

La Villa Romana: Una Residencia de Lujo

El yacimiento de El Conventón albergaba una villa romana de grandes dimensiones, construida en torno al año 50 d.C. Se trataba de una residencia perteneciente a un personaje influyente, ya que era un complejo único en Cantabria, con un diseño en torno a un patio central, zonas de termas, corredores y una majestuosa fachada con torre lateral.

El lujo era palpable en cada rincón de la villa. Desde los balcones orientados al sol del mediodía hasta las termas privadas, todo estaba diseñado para el confort de su dueño y sus invitados. Las termas estaban ubicadas en el sector occidental del edificio y contaban con un sistema de calefacción por hipocausto, un innovador mecanismo que permitía el flujo de aire caliente bajo el suelo para calentar las salas de baño.

Los esclavos se encargaban de mantener encendido el fuego en el praefurnium, calentando el agua para llenar las bañeras de los distintos baños:

  • Caldarium (agua caliente)
  • Tepidarium (agua templada)
  • Frigidarium (agua fría)

El humo se canalizaba a través de conductos en los muros, proporcionando calefacción a toda la estancia. Para caminar sobre las termas, los usuarios debían usar zuecos de madera, ya que el calor podía llegar a temperaturas elevadas.

Además de los baños, la villa contaba con vestuarios y salas de masajes, lo que sugiere un espacio diseñado para el placer y el descanso.

De la Gloria Romana a la Cristiandad Medieval

Hacia el siglo VI, tras la decadencia del Imperio Romano y la llegada de los visigodos, la fastuosa villa cayó en ruinas. Sus terrenos comenzaron a utilizarse como necrópolis, lo que marcó el inicio de una nueva etapa en la historia del enclave.

Las primeras tumbas datan del año 585 d.C., coincidiendo con la expansión del reino visigodo de Toledo y la cristianización del norte de España. Sin embargo, algo cambió en el siglo VIII:

  • Los cuerpos empezaron a enterrarse con la cabeza orientada hacia el oeste.
  • Se comenzaron a construir tumbas de lajas de piedra, abandonando la práctica anterior de inhumación en el suelo arcilloso.
  • Los nobles de la región comenzaron a ser enterrados en sarcófagos de piedra con grandes losas.

En este periodo se levantó una ermita, símbolo de la cristianización del enclave. No obstante, en el siglo XII, el sitio fue abandonado por completo, dejando enterrada una parte crucial de la historia de Cantabria.

El Yacimiento Hoy: Un Centro de Interpretación Arqueológica

Gracias a las excavaciones y estudios realizados, hoy en día el yacimiento de Camesa-Rebolledo es uno de los mejor conservados de Cantabria. Se ha construido un Centro de Interpretación de 1300 m², que protege los restos arqueológicos y permite a los visitantes recorrer las distintas áreas mediante visitas guiadas y exposiciones interactivas.

El yacimiento es accesible desde la carretera comarcal de Valdeolea o a través de la Autovía A-67, tomando la salida hacia Mataporquera. Desde allí, en apenas cinco minutos se llega a este fascinante enclave histórico.

El yacimiento de Camesa-Rebolledo es un testimonio vivo de la evolución de Cantabria a lo largo de más de mil años de historia. Desde su pasado romano hasta su abandono en la Edad Media, este enclave es una ventana al pasado que sigue revelando nuevos secretos con cada excavación.

Visitar Camesa-Rebolledo no es solo un viaje en el tiempo, sino una oportunidad para descubrir los orígenes de esta tierra y maravillarse con el legado que aún perdura bajo sus suelos.