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Cocina casera elevada a obra de arte: el restaurante de Cantabria donde la tradición sabe mejor que nunca

Uno de los platos del restaurante La Olma. / La Olma

Entre iglesias rupestres y cascadas secretas, Valderredible guarda un tesoro culinario llamado La Olma, donde tradición, producto local y hospitalidad se dan cita para ofrecer una de las mejores experiencias gastronómicas de Cantabria

En Polientes, capital del valle de Valderredible, al sur de Cantabria, se levanta desde 1992 la Posada La Olma, un rincón que reúne lo mejor del turismo rural con una propuesta gastronómica de referencia en la comarca. Aquí, tradición y modernidad se combinan para ofrecer a los viajeros un lugar donde descansar, disfrutar de la mejor cocina cántabra y descubrir la naturaleza e historia de uno de los valles más especiales del norte de España.

Gastronomía de temporada con alma cántabra

Si hay algo que distingue a La Olma es su cocina. El restaurante, hoy dirigido por Gustavo y Guillermo Lucio, apuesta por mantener vivas las recetas de siempre, esas que han pasado de generación en generación y que encuentran en los productos locales su mejor aliado.

En Restaurante La Olma cada plato cuenta una historia y cada ingrediente habla del entorno. La carta y los menús varían según la temporada para aprovechar lo mejor de cada época del año, siempre con un denominador común: producto de calidad, proximidad y recetas caseras.

Algunos de sus imprescindibles son:

  • Cocido de Valderredible, una versión propia del clásico cocido montañés que incorpora legumbres de la zona y embutidos artesanos, ideal para reponer fuerzas después de una jornada de senderismo.

  • Lechazo asado, procedente de ganaderías locales, criado en pastoreo libre y preparado lentamente al horno hasta alcanzar una textura tierna y jugosa.

  • Chuletas y entrecots de vaca, de razas autóctonas alimentadas en libertad, que se sirven acompañadas de las famosas patatas de Valderredible y verduras de la huerta local.

  • Pimientos rellenos de carne y bechamel casera, suaves y cremosos, perfectos para quienes buscan un entrante tradicional con un toque especial.

  • Setas y hongos de temporada, salteados o integrados en revueltos, recogidos en los bosques del valle durante el otoño, cuando la naturaleza regala sabores únicos.

  • Postres caseros, como la quesada, el arroz con leche o la tarta de manzana, elaborados cada día en su obrador y servidos con mimo.

Todo ello acompañado por una selección de vinos de Camesía Bodegas del Alto Ebro, bodega vinculada al restaurante y ejemplo del resurgir del enoturismo en Cantabria. Entre sus referencias destacan el tinto joven El Ídolo, el crianza El Hito, el blanco La Ilda y su godello La Torca, perfectos para maridar cualquier elección del menú.

Mucho más que un restaurante: alojamiento y tradición

Además de disfrutar de una de las cocinas más auténticas del sur de Cantabria, quienes visitan La Olma pueden alojarse en su posada, un edificio de piedra y madera con ocho acogedoras habitaciones y un apartamento turístico. Desde aquí es posible recorrer Valderredible y descubrir sus tesoros: las iglesias rupestres, la espectacular Cascada del Tobazo, el arte rupestre de Ruanales, los paseos junto al río Ebro o la historia viva de la colegiata de San Martín de Elines.

El origen de su nombre y su historia

El nombre de La Olma rinde homenaje a un majestuoso olmo que durante siglos presidió la plaza del pueblo. Bajo su sombra se celebraban los mercados, reuniones vecinales y acuerdos importantes del valle, siendo testigo de la vida cotidiana de generaciones. Aunque el árbol ya no está, su espíritu sigue presente en este establecimiento que, más de 30 años después de su apertura, sigue siendo punto de encuentro para locales y viajeros.

Quienes visiten la Posada La Olma descubrirán que es mucho más que un lugar donde comer o dormir: es la puerta de entrada a un valle que guarda la esencia de Cantabria en cada rincón. Aquí, el tiempo transcurre despacio, los sabores son auténticos y la hospitalidad es parte del paisaje.