historia de cantabria

Cantabria esconde dos refugios antiaéreos excavados a mano por vecinos en plena Guerra Civil

Playa de San Juan de la Canal. / A.B.

Una guerra que también se libró bajo tierra

En plena Guerra Civil Española, mientras el Frente Norte se derrumbaba ante el avance de las tropas franquistas, cientos de pueblos cántabros —lejanos del combate directo— comenzaron a excavar la tierra en busca de refugio.

El miedo a los bombardeos era real. Y aunque la aviación franquista se centraba en puertos, líneas férreas y fábricas, ninguna zona se consideraba completamente segura. En este contexto, los vecinos de Maoño y Mompía, en el municipio de Santa Cruz de Bezana, decidieron cavar con sus propias manos dos refugios antiaéreos rudimentarios, que aún hoy siguen enterrados bajo fincas privadas y caminos rurales.

1937: la amenaza cae desde el cielo

Durante el verano de 1937, la situación militar del norte republicano era crítica. Santander se preparaba para una ofensiva inminente y la aviación italiana, al servicio del bando sublevado, comenzaba a bombardear infraestructuras estratégicas de forma sistemática: ferrocarriles, depósitos de agua, fábricas y concentraciones civiles.

En Maoño y Mompía, el temor se centraba en el paso del tren de vía estrecha, en las infraestructuras de abastecimiento agrícola y en la cercanía del campo de aviación de Parayas, un objetivo claro para los bombardeos enemigos.

Por ello, en el mes de julio de 1937, se comenzaron a construir dos refugios rurales antiaéreos, sin planos oficiales ni participación militar, utilizando únicamente herramientas agrícolas y la fuerza colectiva.

La construcción: tierra, sudor y silencio

Según testimonios recogidos en la década de 1990 por la Asociación de Vecinos de Bezana, los refugios eran zanjas profundas recubiertas con troncos, ramas, maderos y tierra compactada, formando una estructura simple en forma de “U” o trinchera abierta.
Su función era sencilla pero vital: proteger de esquirlas, metralla o presión de onda expansiva, más que de un impacto directo.

Los puntos donde se construyeron fueron:

  • En Maoño, en una ladera cerca del actual camino al cementerio, a pocos metros de una antigua balsa de agua.

  • En Mompía, en una finca de labranza junto a lo que entonces era el viejo lavadero, zona de paso común durante el conflicto.

En ambos casos, los accesos eran estrechos, con entrada disimulada entre maleza o cercas, y cabían de 8 a 12 personas sentadas o agachadas.

Nunca usados bajo fuego directo, pero esenciales como símbolo

Afortunadamente, los refugios no tuvieron que soportar bombardeos directos sobre el núcleo de los pueblos. Sin embargo, fueron usados varias veces ante el paso de escuadrillas enemigas que sobrevolaban la zona, especialmente en agosto de 1937, cuando se produjeron ataques sobre Camargo y el entorno del aeropuerto.

Los vecinos que sobrevivieron contaban cómo los niños eran enviados corriendo a los refugios mientras los adultos cuidaban los cultivos o escuchaban los motores con miedo.

Estado actual: enterrados, cartografiados, aún por excavar

Los dos refugios aún existen, aunque están sepultados bajo tierra, sin accesibilidad directa y en terrenos privados.

Durante un proyecto de prospección arqueológica realizado en 2006 por investigadores del Gobierno de Cantabria y la Universidad de Cantabria, fueron cartografiados mediante GPS e incluidos en el Inventario Etnográfico de Infraestructuras Bélicas no Monumentales.

A día de hoy, no han sido excavados ni musealizados, pero se consideran elementos de valor patrimonial, por ser testimonio directo de la guerra desde una óptica rural y civil