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Siete manantiales, salones históricos y paisajes únicos: el secreto mejor guardado de Cantabria para diciembre

Una de las estancias del balneario. / B.C.B.

Fundado en 1826, este balneario cántabro combina baños termales, arquitectura histórica y naturaleza para ofrecer una escapada invernal única

Si buscas un plan distinto para diciembre, Cantabria guarda un tesoro que combina historia, naturaleza y bienestar: el Balneario Las Caldas de Besaya. Fundado en 1826 y rodeado de senderos, casonas montañesas y árboles centenarios, este enclave es ideal para desconectar del mundo moderno y sumergirse en un ambiente donde cada rincón parece contar una historia propia.

Al cruzar sus puertas, el visitante se encuentra con un escenario que parece sacado de un drama decimonónico de Netflix: escaleras alfombradas que invitan a ascender con calma, salones amplios que evocan tiempos pausados y un silencio envolvente que envuelve desde el primer momento. Sin embargo, no es ficción: sus siete manantiales mineromedicinales, ricos en sodio, cloruros, bicarbonatos y elementos radioactivos de baja intensidad, han sido fuente de salud y descanso durante siglos. Estas aguas se recomiendan para afecciones respiratorias, digestivas, reumáticas y del sistema nervioso, y su eficacia se mantiene intacta tras casi 200 años de historia.

Termalismo con historia y arquitectura que enamora

El complejo se distribuye en tres edificios interconectados por pasarelas que permiten recorrerlo sin salir al exterior:

  • Edificio principal: de estilo clásico, con 70 habitaciones que conservan la arquitectura original y decoraciones que transportan al visitante a otra época.
  • Edificio del casino: restaurado tras la Guerra Civil, ofrece terrazas con vistas al parque, ideales para disfrutar de la naturaleza circundante con una taza de chocolate caliente o un libro en la mano.
  • Edificio de tratamientos: un espacio dedicado exclusivamente al bienestar, con cabinas individuales para baños termales, chorros, duchas circulares, masajes e inhalaciones, que permiten desconectar por completo y revitalizar cuerpo y mente.

Además, el balneario ofrece servicios completos: restaurante, cafetería, capilla, aparcamiento vigilado, wifi en las zonas comunes y actividades organizadas como bailes, charlas, juegos de mesa y excursiones. La capacidad total del complejo es de 156 personas, distribuidas en 75 habitaciones dobles y 6 individuales, todas equipadas con calefacción, televisión y baño privado.

Naturaleza y cultura a cada paso

Las Caldas de Besaya se encuentra en Los Corrales de Buelna, un enclave estratégico para quienes buscan combinar termalismo con naturaleza y cultura. El complejo está atravesado por un carril bici que conecta con Suances y rodeado de caminos peatonales que invitan a recorrer pueblos cercanos como Riocorvo, Viérnoles o Cartes, conocidos por su patrimonio histórico y casonas montañesas.

El entorno natural es igualmente espectacular: árboles centenarios, bosques y ríos que acompañan cada paseo y ofrecen un refugio perfecto para quienes quieren alejarse del ruido urbano. Además, a pocos pasos se encuentra el Santuario de Nuestra Señora de Las Caldas, un conjunto arquitectónico con siglos de historia que añade un valor espiritual y cultural a la experiencia.

Tradición, bienestar y desconexión

El Balneario Las Caldas de Besaya ha sido durante décadas un referente del termalismo en el norte de España, especialmente popular entre los mayores gracias al Programa de Termalismo del Imserso, pero cada vez más jóvenes se sienten atraídos por su propuesta de bienestar. Su encanto no reside solo en las propiedades de sus aguas, sino también en la autenticidad del edificio, el cuidado de su entorno y la sensación de tranquilidad que se respira desde el momento en que se cruza la puerta.

Lejos del bullicio y a apenas 37 kilómetros de Santander, Las Caldas de Besaya ofrece una experiencia completa para diciembre: baños calientes que combaten el frío, paseos por parques centenarios y un entorno que invita a detener el tiempo. Entre los salones clásicos, los tratamientos termales y los senderos que rodean el balneario, cada visitante encuentra un rincón donde reconectar con la calma y la naturaleza.

Este balneario no es un set de rodaje: es un pedazo de historia viva, donde tradición, naturaleza y bienestar se combinan para crear una experiencia única, perfecta para una escapada invernal que deje huella.