cuevas de cantabria

¿Sabías que Cantabria guarda una cueva paleolítica que casi nadie conoce?

Interior de la cueva de Sovilla. / A.E.

Una cueva paleolítica esconde ciervas, caballos y bisontes esculpidos hace más de 12.000 años, pero su historia es también la de un abandono que clama justicia

Entre las abruptas laderas del Monte Dobra, en el municipio de San Felices de Buelna, se esconde un vestigio apenas susurrado en los libros de arte rupestre: la Cueva de Sovilla. Una cavidad discreta, parcialmente destruida por una cantera en los años 50, que encierra grabados paleolíticos de más de 12.000 años. Aunque truncada por la historia reciente y los actos vandálicos, Sovilla sigue hablando con voz milenaria desde la piedra.

Ubicada a 85 metros sobre el nivel del mar, la cueva se asienta en una posición clave para la prehistoria cántabra. En la entrada natural de la hoz que une Torrelavega con el valle de Buelna, y cerca de la confluencia de los ríos Besaya y Barcenal, Sovilla era un punto ideal para el control de fauna y recursos fluviales.

Aunque su ocupación probablemente fue estacional, los hallazgos apuntan a un uso reiterado durante el Magdaleniense Superior-Final, entre el 11.000 y el 13.000 a. C. Se han encontrado restos de arte mueble, herramientas de sílex, azagayas, buriles, raspadores e incluso conchas marinas, señalando una compleja interacción con el entorno.

Una sala terminal como último refugio del arte paleolítico

Tras la voladura parcial de la galería en 1952, apenas queda una sala terminal ovalada, de 8,5 metros de ancho por 4,5 de altura. Aquí se concentran los restos arqueológicos y un conjunto excepcional de grabados rupestres, descubiertos formalmente en 1990 y estudiados por un equipo de la Universidad de Cantabria y el C.A.E.A.P. (Colectivo para la Ampliación de Estudios de Arqueología Prehistórica).

El panel central conserva tres figuras sobresalientes: dos ciervas y un caballo, además de un bisonte acéfalo con interior raspado. Este tratamiento técnico de la superficie —una suerte de volumen incipiente— confiere al conjunto un estilo naturalista y expresivo, característico del estilo IV del Magdaleniense. También se identifican un reno, un cuadrúpedo indeterminado y numerosos trazos no figurativos.

Un patrimonio herido por la desidia y la ignorancia

Sovilla es una joya del arte rupestre paleolítico, pero también un símbolo del abandono patrimonial. La cantera que la destruyó operaba sin controles en los años 50. Décadas después, la cueva ha sufrido pintadas, rayaduras y actos vandálicos que han dañado paneles únicos.

El nombre "TONI" grabado sobre una cierva no es solo una falta de respeto: es un crimen contra la memoria milenaria de Cantabria. Como en otros enclaves, la falta de conciencia social y control institucional ha permitido que siglos de historia se desvanezcan entre piedras partidas.

Cerrada al público, pero aún viva para la ciencia

Hoy, la Cueva de Sovilla está protegida como Bien de Interés Cultural (BIC) desde 1998. Aunque cerrada al público, puede ser visitada con permiso especial de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte de Cantabria. Su fragilidad requiere máxima protección, pero su estudio es indispensable para entender la expresión simbólica del norte ibérico durante el Paleolítico Superior.

A menudo eclipsada por su vecina Hornos de la Peña, Sovilla no compite con ella, la complementa. En su modesta galería sobrevive un relato grabado a fuego por cazadores paleolíticos que no buscaban fama, sino representar lo esencial: la cierva, el caballo, el bisonte, el alimento, la vida.