El pueblo de Cantabria que los Reyes Católicos convirtieron en clave para su reino
Con su pasado medieval, sus casonas nobles y su importancia histórica, es un lugar imprescindible para entender la evolución de Cantabria y la riqueza de su patrimonio
Cartes es uno de los pueblos más bellos y con mayor riqueza histórica de Cantabria, una villa que ha sabido conservar su disposición medieval y su importancia estratégica a lo largo de los siglos. Su casco histórico, sus casonas señoriales y su ubicación en el Valle del Besaya lo convierten en un destino imprescindible para quienes buscan conocer el legado cultural de la región.
Declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 1985, el pueblo ha mantenido su trazado original heredado del Camino Real, una vía que fue clave en las comunicaciones y el comercio de la época. Pasear por sus calles es viajar al pasado, recorriendo un entorno donde aún se respira el esplendor de los siglos XV al XVIII.
El casco histórico de Cartes y el Camino Real
El corazón de la villa está dominado por el Camino Real, la calle principal que estructura el núcleo urbano y que alberga algunas de las casonas más destacadas de la localidad. A ambos lados de esta vía, las construcciones han conservado sus escudos nobiliarios, balconadas de madera y detalles arquitectónicos que reflejan la importancia histórica de la zona.
Este conjunto de arquitectura civil montañesa, representativo de los siglos XVII y XVIII, se distingue por su cuidada conservación y por la presencia de escudos heráldicos pertenecientes a familias influyentes como los Bustamante, Ceballos y Manrique. Entre sus edificaciones más emblemáticas se encuentra el Torreón de Cartes, una construcción fortificada del siglo XV que ha jugado un papel clave en la historia de la villa.
Las casonas más emblemáticas de Cartes
A lo largo del Camino Real se pueden admirar algunas de las casonas señoriales más importantes del municipio. Entre ellas destaca la Casa del Capitán Don Miguel Velarde, que ostenta en su fachada el escudo de las familias Bustamante y Velarde, símbolo de su linaje. También es notable la Casona de los Obregón, una edificación de finales del siglo XVII con una impresionante balconada de madera y un escudo policromado que recuerda la relevancia de esta familia noble en la zona.
Otras edificaciones de gran valor histórico son la Casa de los Quijano-Rasa, que actualmente alberga el Ayuntamiento de Cartes, y la Casona de los Arcos, cuya doble arcada de medio punto fue diseñada para albergar actividades comerciales en su planta baja. La Casa de doña Melchora Quijano, con la capilla del Santísimo Cristo de los Dolores, y la Casa de los Oviedo, que conserva una inscripción medieval junto a su escudo, completan este recorrido por la historia viva de Cartes.
Cartes y su papel en la historia del Valle del Besaya
Situado en un punto estratégico del Valle del Besaya, Cartes ha sido un enclave clave en las comunicaciones desde tiempos remotos. En el siglo I, los romanos construyeron una calzada que conectaba los yacimientos mineros de la región con los puertos de Portus Blendium (Suances) y Portus Victoriae (Santander), facilitando el comercio de minerales.
Más tarde, con la repoblación promovida por el rey asturiano Alfonso I en el siglo VIII, la zona adquirió aún más relevancia. Cartes se convirtió en un punto de paso esencial para los peregrinos del Camino de Santiago que, tras llegar a Santillana del Mar, debían decidir entre continuar hacia Asturias o tomar la calzada en dirección a la meseta, enlazando con el Camino Francés en Carrión de los Condes.
Durante la expansión de los reinos cristianos, la ruta del Besaya cobró una gran importancia económica, ya que por ella transitaban productos clave como la lana y el trigo castellano en su camino hacia Europa. En 1352, la villa de Cartes se consolidó como uno de los principales núcleos comerciales de la región conocida en aquella época como las Asturias de Santillana.
El dominio de los condes de Castañeda y los marqueses de Aguilar
A lo largo de los siglos, Cartes fue un territorio disputado por importantes linajes nobiliarios debido a su relevancia estratégica y comercial. En 1432, la villa quedó bajo el dominio de los condes de Castañeda y los marqueses de Aguilar, quienes obtuvieron de los Reyes Católicos la centralización de la administración de justicia en la zona. Esta función se llevó a cabo en el Torreón de Cartes, una fortaleza que además sirvió como residencia del corregidor condal.
En el siglo XVIII, el Marqués de la Ensenada impulsó la construcción del Camino Real de Santander a Reinosa, una vía que mejoró las comunicaciones y facilitó el comercio de productos agrícolas. Gracias a esta infraestructura, se incrementó el tráfico de grano, harina y vino castellano, mientras que Cartes se convirtió en un punto estratégico para la exportación de hierro y madera.
El Torreón de Cartes: símbolo de la villa
En el centro del municipio se alza el Torreón de Cartes, una casa torre fortificada cuya estructura atraviesa el Camino Real a través de dos arcos. Construida en el siglo XV por la familia Manrique, su función principal era la defensa frente a sus vecinos, los La Vega, fundadores de Torrelavega.
Este complejo está formado por dos torreones de planta cuadrada, que originalmente contaban con una planta superior utilizada como vivienda y una planta baja destinada a establos y almacenes. Ambos torreones están unidos por una muralla que, además de permitir la comunicación interna, servía para controlar el paso a través del Camino Real, mediante portones levadizos.
En sus primeros años, el torreón fue utilizado como sede de justicia del Valle de Toranzo, funcionando como cárcel y como sede de la Audiencia. Más tarde, hacia mediados del siglo XV, se convirtió en residencia del corregidor condal, reforzando el papel de Cartes como centro administrativo de la región.
Un destino que combina historia y belleza natural
Más allá de su patrimonio arquitectónico, Cartes destaca por su entorno natural, que invita a recorrer los caminos que bordean el río Besaya y a disfrutar de un paisaje en el que la historia y la naturaleza se funden en un mismo escenario. Su ubicación privilegiada en Cantabria y su excelente conservación lo convierten en un destino perfecto para quienes buscan descubrir el legado medieval de la región sin renunciar a la tranquilidad de un pueblo con encanto.