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El lugar donde dormían los reyes que inspiró a Hollywood en pleno valle cántabro

El Palacio de los Hornillos, en las Fraguas. / A.S.
En el corazón de Cantabria existe un lugar donde la arquitectura inglesa, el cine de suspense y la historia real conviven en armonía

En pleno corazón de Cantabria, entre el verde de los valles y el silencio majestuoso de los montes, se encuentra Las Fraguas, una pequeña localidad del municipio de Arenas de Iguña que, con apenas cien habitantes, esconde tesoros arquitectónicos y naturales que han seducido a cineastas, actrices y viajeros con alma de exploradores.

Este tranquilo rincón del norte de España ganó fama internacional en 2001, cuando Nicole Kidman y Alejandro Amenábar lo convirtieron en uno de los escenarios centrales de ‘Los otros’, una de las películas españolas más taquilleras de todos los tiempos. Aunque la cinta transpira suspense británico, sus fotogramas más inquietantes no se rodaron en Inglaterra, sino en los bucólicos paisajes cántabros de esta villa casi escondida.

El Palacio de los Hornillos: cine, realeza y leyenda

La joya de Las Fraguas es, sin duda, el Palacio de los Hornillos, un elegante y sobrio edificio que combina el encanto de la arquitectura inglesa con la serenidad del paisaje cántabro. Fue diseñado por el arquitecto Ralph Selden Wornum, responsable también del Palacio de Miramar de San Sebastián, y se construyó entre finales del siglo XIX y principios del XX para la familia del duque de Santo Mauro, jefe de la Casa Real de Alfonso XIII.

Este palacio de estilo pintoresquista inglés se alza sobre una finca de más de 60 hectáreas, y en su interior llegó a hospedarse el propio rey Alfonso XIII. Rodeado de jardines, árboles centenarios y un halo de misterio que lo hizo perfecto para una película como ‘Los otros’, fue precisamente su atmósfera gótica y su aspecto apartado lo que fascinó a Amenábar, que lo eligió como residencia de los personajes de la cinta.

Muy cerca del palacio, aún se conserva la Casona de Las Fraguas, edificada en el siglo XVIII, que refuerza el valor patrimonial de esta villa que parece detenida en el tiempo.

La iglesia de San Jorge: el Partenón cántabro

Otro de los elementos más sorprendentes de Las Fraguas es su iglesia, que a primera vista parece desentonar con el entorno rural. Se trata de la Iglesia de San Jorge, apodada popularmente como “el Partenón cántabro”, por su imponente estilo neoclásico y sus columnas corintias. Fue levantada también por encargo del duque de Santo Mauro sobre una antigua ermita medieval, y su diseño recuerda a los templos griegos más clásicos.

Durante la Guerra Civil, la iglesia fue utilizada como cárcel, y en la actualidad se ha reconvertido en un monumento abierto al pueblo, símbolo del eclecticismo y la riqueza cultural que define a esta pequeña localidad.

Paisaje, leyenda y tradición

Además de su legado arquitectónico, Las Fraguas está rodeada de una naturaleza privilegiada, ideal para quienes buscan rutas tranquilas, paseos por senderos frondosos y el sonido relajante del agua y el viento entre los árboles. Su cercanía con otros núcleos importantes como Arenas de Iguña o Los Corrales de Buelna la convierte en un punto ideal para escapadas rurales con mucho que ofrecer: desde historia y arquitectura, hasta cine y tranquilidad.

Para quienes desean visitar este rincón de película, llegar es sencillo. Desde Santander, basta con tomar la autovía A-67 en dirección sur y desviarse por la carretera CA-271 hasta Arenas de Iguña, donde un breve recorrido por la Avenida General conduce directamente a Las Fraguas. El trayecto dura unos 35 a 40 minutos en coche.

Un escenario que sigue enamorando

Lo que comenzó como un plató para una película se ha convertido en un punto de referencia para los amantes del cine, la arquitectura y la historia, pero también para aquellos que buscan la belleza escondida en los pueblos pequeños. Las Fraguas, con su palacio de ensueño, su iglesia de inspiración griega y su entorno natural intacto, es uno de los grandes secretos de Cantabria.

Y como muchos visitantes confiesan al marcharse: no hace falta ser Nicole Kidman para quedar hipnotizado por su atmósfera. ¿Te animas a descubrirlo?