NO ES UN ADIÓS, ES UN HASTA LUEGO

Hoy Miengo despide a su carnicero más querido

La carnicería Rodolfo Coterillo, en Mogro, con la persiana bajada tras la repentina muerte de su dueño. Un lugar de encuentro y confianza para el pueblo, que hoy llora a su carnicero más querido.

Rodolfo Coterillo Poo falleció el domingo de forma repentina en la playa de Usil. El pueblo entero lo llora como a uno de los suyos de verdad.

 

Este martes, a las cuatro de la tarde, la iglesia de Mogro se llenará de silencio, de recuerdos y de ojos humedecidos. Rodolfo Coterillo Poo será despedido por su gente, por su pueblo, por generaciones que lo conocieron detrás del mostrador, cortando carne y repartiendo conversación, confianza y humanidad.

Rodolfo era el carnicero de Mogro. El de siempre. El único. Y el más querido.

Falleció el pasado domingo en la playa de Usil, mientras se mojaba las piernas tras una operación reciente. Lo encontraron flotando en el agua, junto a su muleta, una joven que hacía paddle surf. Aún no se ha confirmado la causa exacta de su muerte, pero el impacto ha sido inmediato, profundo, real.

Toda la vida trabajando para que le pase esto”, repite una y otra vez la gente en voz baja, en la plaza, en las colas del supermercado, en los mensajes que se cruzan sin consuelo. No lo dicen con rabia, lo dicen con esa tristeza que solo deja lo injusto, lo inesperado, lo que duele por lo repentino y por lo cercano.

Una vida al servicio de los demás

En Mogro, todo el mundo conocía a Rodolfo. Y no solo por ser el carnicero de siempre, sino por cómo era. Cercano, tranquilo, de palabra justa. Sabía lo que querías antes de que lo pidieras. Te preguntaba por tu madre, por tus nietos, por si este año ibas a hacer la matanza. Tenía memoria de las cosas pequeñas. Y por eso era grande.

“Se nos ha ido uno de los buenos”, decía esta mañana una clienta habitual frente a la puerta cerrada de la carnicería. “Lo suyo era un servicio, no un negocio. Lo daba todo por el pueblo. Y nunca se quejaba”.

La voz del Ayuntamiento

La teniente alcalde de Miengo, Elena Castillo, ha querido expresar públicamente el pesar de todo el municipio:

“Estamos todos profundamente consternados. Rodolfo era una persona muy cercana, trabajadora, siempre con buena disposición. Su pérdida ha generado una enorme tristeza entre los vecinos de Mogro y del conjunto del municipio. Era muy querido”.

También ha querido recordar el valor humano de su figura:

“Este tipo de pérdidas tan inesperadas nos recuerdan la fragilidad de la vida y la importancia de quienes, como él, forman la esencia de nuestros pueblos. Su ausencia se va a notar profundamente”.

Último adiós

La capilla ardiente se instaló este lunes en el Velatorio de Polanco. El funeral se celebra este martes, 1 de julio, a las 16:00 horas, en la Iglesia Parroquial de Mogro, y será enterrado en el cementerio del pueblo que tanto lo quiso y al que tanto entregó.

Hoy Miengo se detiene. Hoy Mogro se despide de uno de los suyos de verdad.
Hoy Miengo despide a su carnicero más querido.