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El Diario de Cantabria

Al Sinfín le faltó algo en Cangas

El equipo cántabro enlazó su cuarta derrota consecutiva. Se encontró con un 6-1 de partida que le hizo ir a remolque todo el partido. Solo estuvo por delante 15-16 tras un gran inicio de segundo tiempo al que no dio continuidad

Alberto Pla, ayer en Cangas, durante un primer tiempo en el que reactivó a los suyos. / LOF
Alberto Pla, ayer en Cangas, durante un primer tiempo en el que reactivó a los suyos. / LOF
Al Sinfín le faltó algo en Cangas

Se le dan bien al DS Blendio los resultados ajustados. Ha ganado muchos partidos por la mínima esta misma temporada. Se siente a gusto, no le tiemblan las manos ni las piernas ni tiene miedo a las consecuencias. A menudo, envites así suelen ser resueltos a cara o cruz, pero lo cierto es que lo sucedido ayer en Cangas tiene poco que ver con el lanzamiento de una moneda. Aunque la victoria local fue por la mínima, lo cierto es que al conjunto santanderino le faltó algo, probablemente sea complicado saber qué, para aspirar a ganar el partido. Fue siempre a remolque. Llegó a ir perdiendo por cinco goles en sólo ocho minutos de contienda (6-1) pero llegó a igualar el resultado en dos ocasiones y a ponerse por delante en una. Pero apenas duró unos segundos. Nunca hubo un verdadero cambio de tendencia o de dinámica, un giro brusco de guión en el que el padre resultara ser el cura. Ganó quien más lo necesitaba, algo que suele suceder a menudo en la recta final de las temporadas.

Hablaba el añorado Manel Comas de la ‘táctica del conejo’. Y se explicaba: consistía en ir siempre detrás del marcador pero sin permitir que se rompa el partido, manteniéndose cerca para, en el momento propicio, dar el golpe definitivo, remontar y coger con el pie cambiado a un rival que, al haberse visto siempre por delante, se habría sentido superior. Dio la sensación por momentos de que el DS Blendio podría haber firmado un relato semejante en territorio gallego. Más aún, después de empatar a 23 a falta de poco más de cinco minutos para el final, pero se quedó a medio camino. Estuvo cómodo en ataque, pero ayer le faltó portería y cerrar una retaguardia donde siempre había una puerta abierta. Ahora era aquí y más tarde allí, pero el equipo gallego encontraba el camino con facilidad.

Era de esperar que Cangas saliera con una marcha más. Se está jugando la vida y eso siempre invita a afilar el cuchillo. Espoleado por su entregada afición, que llenó el pabellón, salió a morder, con rabia y ganas de dar un zarpazo a sus aspiraciones de permanencia. La actitud de los jugadores resultó contagiosa y fue caldeando el ambiente a medida que se sentía poderoso tanto en ataque como en defensa. Su puesta en escena resultó espectacular y, en sólo ocho minutos, firmaron un 6-1 que les permitió soñar con un partido incluso fácil y que provocó el primer tiempo muerto de Rodrigo Reñones. Había que parar aquella sangría.

Al DS Blendio no le salía nada. Acumuló tres pérdidas, unos pasos y unos continuos encontronazos contra el portero local, un inspirado Javi Díaz que terminó el primer tiempo con ocho paradas. Aquello era como para desanimar a cualquiera. Parecía que a un equipo le salía todo y a otro no le salía nada, pero el entrenador cántabro dio con la tecla. No se trataba de mala fortuna, de un mal de ojo o de vudú, sino que todo respondía a una enorme diferencia entre la intensidad que estaban poniendo unos y los otros. Así se lo explicó Reñones a sus hombres en ese tiempo muerto del minuto ocho. Incluso achacó a eso, aunque incluso pudiera parecer paradójico, las dos exclusiones que había sufrido ya su equipo (una de Silva y otra de Torriko). En su opinión, no respondían a la dureza empleada por sus hombres, sino al empuje rival, a su hambre, a sus ganas y, en definitiva, a su necesidad, que saca potencia de donde a veces no hay para ir con todo a derribar una muralla.

Ese tiempo muerto dio resultado. De inmediato, el DS Blendio firmó un parcial de 0-2 que se prolongó hasta el 1-4 en el minuto trece. El resultado era de 7-5 y el partido había cambiado. Había partido. El entrenador quitó de la pista a Torriko y dio entrada a un Alberto Pla inspirado que terminó con cinco goles. Fue él quien tiró del carro en lo que quedaba de primer tiempo porque Jorge Silva no estaba a gusto. Falló cuatro lanzamientos antes del descanso, alguno de ellos impropio en él. Porque lo cierto es que a los hombres de negro les costaba sentirse fluidos y poderosos mirando a la portería rival. El Cangas, con la certeza de que ayer no se podía escapar nada de su propia casa, armó una gran coraza frente a su área a la que el bando santanderino sólo encontró debilidades por los extremos. De hecho, Ángel Iglesias llegó al ecuador con cinco tantos en otros tantos intentos (terminaría con seis) mostrándose especialmente inspirado ante el que fuera su equipo. Sus compañeros le buscaron en los primeros 30 minutos pero no tanto en los segundos, que fue cuando Jorge Silva fue creciendo echándose sobre sus hombros la responsabilidad ofensiva.

Aquel tiempo muerto de Reñones tras el 6-1 inicial pudo haber tenido incluso mejores consecuencias cuando, antes de llegar a los veinte minutos, enlazó Pla un gol más un robo que fue continuado con un enorme tanto de Silva (el único del primer tiempo). Se puso la cosa 9-7 y, aunque el entrenador local paró el partido, se reanudó con una recuperación visitante que le permitía jugar por ponerse a un solo gol. Aquello habría sido un mazazo inmediato para un equipo gallego que se había visto volar con aquel 6-1. Sin embargo, el lanzamiento de Pla, que seguía ‘on fire’, dio al larguero y eso hizo que, de un posible 9-8, se pasara rápidamente a un 10-7 que, poco después, fue un 12-8. Vuelta a empezar.

Hasta ese momento, la portería cántabra no había aparecido. Comenzó Samu bajo palos y no vio una mientras que, en la contraria, el veterano Javi Díaz disfrutaba del don de la inspiración. Ahí estuvo la gran diferencia de lo sucedido en el primer cuarto de partido. Sin embargo, en los diez minutos anteriores al descanso, comenzó a parar también el portero del DS Blendio. Y su equipo lo agradeció. Fue recortando distancias hasta incluso colocarse 13-12. No estaba el resultado tan ajustado desde el 2-1, que no duró ni un pestañeo. Al descanso incluso pudo llegar el equipo santanderino con el partido empatado gracias a un gol de Postigo, pero lo anularon los árbitros al señalar que estaba pisando en el lanzamiento. Haberse ido a boxes con tablas tras el tremendo inicio de partido del Cangas habría sido un gran golpe moral para éste, pero lo cierto es que se fue con un 14-12 que, visto lo visto, fue dado por bueno por ambos equipos.

El segundo tiempo amenazó con desarrollar el giro de guión que todos estaban esperando. Comenzó con un parcial de 0-3 que, por primera y única vez en todo el partido, puso al DS Blendio por delante (15-16). Lo malo fue que le duró poco. El Cangas de nuevo volvió a tomar la iniciativa en seguida espoleado por un poderoso Muratovic que tiraba de todos los demás. No sólo con sus cinco goles, sino con su actitud sobre la cancha. Se encargó de que sus compañeros no se vinieran abajo al temer que se fuera a repetir otra vez la misma historia. Es clave tener siempre alguien en quien apoyarse.

Apostó Reñones por pasar a realizar tres cambios defensa - ataque para dar mayor aire a Silva. Entró Valverde para que, junto a Muñiz y Dimitrievski, levantaran un muro en el centro de la retaguardia que resultara complicado derribar por el rival. Todos ellos se sentaban a la hora de mirar hacia la portería rival para que entraran Valles, Lon y el citado lateral portugués, a quien le sentó bien liberarse de responsabilidades defensivas porque comenzó a acertar. Era clave porque, aunque no fuera él quien marcara, sí era quien liberaba a alguien cuando se levantaba e iban dos o tres a frenarle.

Volvieron a empatar los cántabros a 22 y a 23 anunciando un final apretado que nunca se llegó a apretar del todo. Acertó Cangas con sus lanzamientos en los minutos finales disfrutando, además, de un buen número de penaltis. Un gol de Lon (26-25) a 48 segundos del final dio vida a los de Reñones porque, además, defendieron muy bien la siguiente acción. Sin embargo, cuando el bando gallego ya estaba obligado a ejecutar, Dimitrievski fue expulsado y se acabó la amenaza del pasivo. Acabó marcando el cuadro local y, con doce segundos  por jugar, también marcó el DS Blendio, pero todo el pescado ya estaba vendido. La cuarta derrota consecutiva ya estaba consumada.

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