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El Diario de Cantabria

SINFÍN - GRANOLLERS

A remolque de principio a fin

  • El sinfín, con sus pivotes lastrados, encadenó su segunda derrota consecutiva contra un Granollers que le mantuvo siempre bajo control   
  • A los de reñones les costó encadenar buenas defensas con goles
Diego Muñiz González lanza a la portería contraria. / José Ramón
Diego Muñiz González lanza a la portería contraria. / José Ramón
A remolque de principio a fin

Nunca se fue el Sinfín del partido, pero fue siempre a remolque, como si fuera un vagón empujado por una locomotora. Nunca lejos, pero siempre a una distancia prudencial. Sin hacer daño. Sin posibilidad de ponerse a la altura de quien tiraba del carro. Se pasó buena parte de la contienda a dos y tres goles del Granollers, pero le faltó ese momento de lucidez para enlazar sus buenas defensas con algunos ataques de poderío. Cuando se mostró acertado mirando a la portería rival, no lo estuvo tanto defendiendo la suya propia. Y al revés. Y para ganar a un equipo como el catalán hay que hacer muchas cosas muy bien. No vale con hacer sólo la mitad.

Fue un partido duro y de defensas. La mejor muestra de ello es que acabó con tres expulsiones. No suele ser habitual. Incluso cuesta ver una. No hubo ni un gol fácil por parte del equipo santanderino y eso le lastró para dibujar una reacción que no encontró en ningún momento. Se estampó hasta cinco veces contra la madera, no fue capaz de correr y cuando tuvo la posibilidad de lanzar desde campo propio a puerta vacía, una vez se marchó el balón fuera por milímetros y en otra golpeó al palo. Al Sinfín le faltó algo y, por encima de todo, le faltó continuidad en las dos áreas.

Comenzó el cuadro local a jugar sin dos de sus jugadores capitales en ataque. Jorge Silva entraría a los 22 minutos de partido mientras que Lon no lo hizo hasta el descanso. Había arrastrado molestias durante toda la semana y había pactado con los médicos y el propio entrenador que sólo jugaría treinta minutos. Y decidieron que fueran los últimos. Reñones esperaba un partido largo y quería tener a su pivote más peligroso en el momento de la verdad. Lo malo es que no lo tuvo.

El veterano jugador cántabro cayó en combate a falta de casi diez minutos. Y lo hizo por trabajarse un gol de campeonato, como si el de ayer hubiera sido su primer partido y debiera aprovechar cada segundo sobre la cancha para demostrar que tiene nivel suficiente para jugar en Asobal. Mientras peleaba con las dos torres que, sobre todo en el segundo tiempo, colocó el Granollers en el centro de su área, recibió un balón con la zurda y, mientras giraba sobre sí mismo, se lo cambió a la derecha para rematar a portería. La pelota no fue a gol, sino que salió repelida y fue él mismo quien saltó hasta donde no parecía que llegara para cazarla. Y volvió a probar fortuna, esta vez con acierto. Marcó un gol que parecía imposible pero le salió caro porque volvió cojeando al banquillo. No podía seguir y así lo comunicó en cuanto llegó a la altura de su entrenador.

El resultado entonces era de 21-23. Había vida. Lo malo fue que a Reñones se le presentó un feo panorama para afrontar esos minutos decisivos. No sólo perdió a Lon, sino que a trece minutos para el final había perdido a Muñiz por tres exclusiones. No era el mejor día para acumular tantas y lo peor de todo fue que la primera fue absolutamente prescindible porque fue por protestar tras una recuperación de balón. Incomprensible. El cabreo de su entrenador fue tremendo. Le pidió cabeza porque ayer debía haber sido especialmente cuidadoso.

Como Lon se quedó sentado de partida, a Muñiz le tocó doblar ataque y defensa. Por eso debía cuidarse al máximo y no caer en semejante trampa. En el fondo, fue un síntoma de lo excesivamente pendientes de los colegiados que estuvieron los hombres de negro, sobre todo en el primer tiempo. Incluso Rodrigo Reñones vio una cartulina amarilla por interpelarles enérgicamente. Puso tal cara que fue una idea genial que el arma más cercana estuviera en el cuartel de la Policía Nacional. En teoría, al menos.

El Sinfín comenzó a jugar tanto sin Lon como sin Jorge Silva. Es decir, sin sus mejores artilleros en la primera y en la segunda línea. La ausencia del portugués al menos la compensó bien Zungri, que se mostró acertado mirando a portería en el primer tercio de partido. Fue a los 22 minutos cuando entró el jugador luso, que comenzó con mal pie pero acabó anotando tres goles fundamentales en la recta final del primer tiempo para mantener a los suyos en el encuentro.

Fue un primer tiempo en el que hubo que sudar sangre y arena para sumar tantos al marcador. El Granollers comenzó apoyándose en Figueras, que ayer se uso las botas (doce goles), pero llegó un momento en el que se le apagó la luz en esa dura e intensa primera mitad. Tanto es así, que su equipo se pasó casi un cuarto de hora sin anotar. Y lo peor es que los hombres de negro tampoco lo aprovecharon para voltear el marcador y, cuando menos, empatar las cosas. Tampoco le daba. Había intensificado su defensa, pero no la sacaba partido con algunos goles fáciles. Cada paso costaba mucho trabajo y con la idea de dotar de un poco más de fluidez al juego de ataque entraron en la cancha tanto Pla como Silva. Tampoco fue una maniobra que aclarara demasiado las cosas. Mejor le fue al equipo catalán, que también esperó para poner en pista a uno de sus mejores argumentos ofensivos, como es Oswaldo dos Santos, que le dio otro aire a los suyos frente al área rival.

El inicio del segundo tiempo fue otra cosa. Los ataques comenzaron a disfrutar más. En la cancha ya estaba Lon y también estaba un Silva que había llegado al descanso en plan matador. Se inició entonces una fase del encuentro con reparto de goles que no beneficiaba a los hombres de negro, que incluso llegaron a ponerse cinco abajo. El partido corría el peligro de romperse porque, además, el Granollers incluso disfrutaba atacando a Mijuskovic, que, en la práctica, es el único portero que tiene Reñones. Seguro que ayer se quedó con ganas de cambiarlo buscando la inspiración de un segundo, pero era demasiada papeleta para el joven Sergio Rosa. El momento de este último llegó tras el partido de Asobal, cuando pasó a jugar el filial.

Fue con 14-19 y a pesar de quedar mucho tiempo por delante cuando Reñones decidió cambiar el partido. Pidió tiempo y apostó definitivamente por la defensa. Sabía que cualquier opción de su equipo pasaba por levantar un muro frente a su propia área, por lo que puso a jugar a Basualdo junto a Muñiz en detrimento de Dimitrievski y a Zungri por Silva. Había que apretar ahí como fuera y el equipo lo consiguió. Volvió al partido colocándose continuamente a dos goles (20-22, 22-24), pero nunca se llegó a poner a uno. Y menos factible pareció cuando, de pronto, Reñones se quedó sin pivotes. Con la expulsión de Muñiz y la lesión de Lon, Basualdo cogió toda la responsabilidad defensiva y ofensiva y se encomendó tanto a la causa que sufrió su propia exclusión. Incluso Cristian Postigo tuvo que ejercer de pivote durante un ataque.  No dejaron de intentarlo los cántabros sabedores de que el partido les debía un momento de inspiración, pero éste no llegó. Ayer no era el día.

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