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El Diario de Cantabria

Fiesta en La Albericia

El Sinfín sorprendió al Ademar tras un gran segundo tiempo en el que dio un paso al frente en defensa y en el que se lució Ernesto, que terminó con 18 paradas, tres de ellas en los decisivos dos minutos finales del encuentro

Ernesto celebra su enorme actuación de ayer, clave para sorprender al Ademar. / trapero
Ernesto celebra su enorme actuación de ayer, clave para sorprender al Ademar. / trapero
Fiesta en La Albericia

A la celebración sólo le faltó un trofeo que levantar, pero ni falta que hacía. Ya se encargaron los jugadores del Sinfín de hacer como si estuviera ahí, de celebrar la victoria como si hubieran ganado un título. Todos se amontonaron en torno a Nico Zungri, que había detenido el último e inútil lanzamiento del Ademar con el pecho. Y él respondió golpeándose a sí mismo con rabia como si fuera King Kong en la cima del Empire State Building. No sólo saltó el banquillo, sino que el resto de los componentes del equipo que no se visten de corto por uno u otro motivo y que siguen el encuentro desde la grada con la principal función de que no se note demasiado que el partido se disputa a puerta cerrada también invadieron la cancha con tantas ganas de celebración o más que si hoy mismo anunciaran el fin de la pandemia y la reapertura de las discotecas. Y no era para menos. El Sinfín se acababa de cargar al Ademar.

Zungri fue con todo a detener ese lanzamiento final pero lo cierto es que ni siquiera hacía falta jugarse así el tipo porque estaba a punto de sonar la bocina y su equipo ganaba por dos goles. Y si llegó a la última posesión sin la urgencia de quien se la juega a cara o cruz fue, por encima de todo, por la espectacular actuación de su portero, un Ernesto que terminó la contienda con 18 paradas, que suponen un 40% de los lanzamientos de Ademar. Y parar casi la mitad de los balones que disparan los lanzadores del equipo leonés no es poca cosa. Es algo tremendo, un paso fundamental para que el equipo consiguiera una victoria por la que muy pocos apostaban. Menos aún, después de un dubitativo inicio de partido que rápidamente concedió una renta de cuatro goles al equipo pilotado por el eterno Manolo Cadenas.

Diez de las 18 intervenciones del portero de Leganés fueron en el segundo tiempo y tres de ellas en los dos últimos minutos. Se convirtió en la peor pesadilla para un equipo sorprendido por el humilde Sinfín desde, sobre todo, el inicio del segundo tiempo, cuando los locales volvieron a la cancha teniendo bien claro que todo pasaba por mostrar intensidad frente a su propia área. Y así se lo recordó el entrenador después de consumar la remontada y meterse de lleno en el partido. Tras un gol de Zungri, que marcó tres sin fallo, y dibujar el 21-21 en el luminoso, Víctor Montesinos insistió en darlo todo en la retaguardia: «Hay que defender, que es donde hay que ganar», insistió. Para entonces, el encuentro se abocaba a un intercambio de golpes que no le convenía nada al equipo. Es cierto que estaba encontrando la manera de hacer daño en ataque, pero tenía muy claro que por ahí no iba a llegar el triunfo. Por encima de todo, debía frenar el ritmo anotador de su rival. Y lo logró. Tuvo que superar la treintena de goles para ganar, pero su portero logró que el buen rendimiento defensivo tuviera incluso valor doble.

Era bien consciente el Sinfín de que tenía delante a un equipo capaz de poner mucho ritmo al partido, por lo que tenía bien interiorizado que debía cometer pocos fallos y, sobre todo, perder pocos balones. De partida, hizo todo lo contrario. Apareció en la pista un equipo que regaló demasiado y que permitió correr a su rival, que, por un momento, pensó que en cuestión de minutos se podría servir un café y sentarse en el porche a ver pasar al muerto. Con 3-7, Víctor Montesinos tuvo que pedir ya tiempo muerto y lo cierto es que al equipo no le pudo sentar mejor porque, a partir de ese momento, logró un parcial de 5-1 que igualó la contienda a ocho. Xavi Castro había entrado por Basualdo para intentar cerrar más la defensa y Zungri incluso se posicionó en el extremo derecho mientras que Postigo ocupó el sitio de un desubicado Lastra, que no acertó con las primeras que tuvo, ni en ataque ni en defensa, y rápidamente se fue al banquillo.

Tras esa reacción del Sinfín, fue Cadenas quien pidió tiempo y Montesinos le intentó sorprender apareciendo con una defensa 5-1 con Leo como adelantado. Sin embargo, poco le duró porque este último fue excluido en su primera defensa y no volvería más a la cancha. De nuevo cayó el Sinfín en continuas pérdidas que permitieron abrir una nueva ventaja a los leoneses (8-11). Eran un lujo corriendo mientras que en estático era Lucin, que anotó cinco de los primeros catorce de su equipo, quien más daño hacía.

Suplió Montesinos la ausencia de Diego Muñiz, su baluarte defensivo, con Ostroushko, que se centró en labores de contención siendo Dimitrievski quien ayudaba también en ataque. Y el macedonio respondió a lo grande anotando ocho goles sin apenas fallo (sólo uno). Aún así, el ucraniano, al que se le veía con ganas cada vez que tenía la oportunidad de atacar, acabó con tres goles. Lo cierto es que él mismo se sentía superior, a veces demasiado, a pesar de tener delante a un rival de competición europea. Es un jugador con unas aptitudes tremendas que sin duda le ha dado un plus al equipo que todavía se hará más evidente cuando no tenga un rival delante tan grande como el de ayer. Será cuando vuelva Muñiz cuando, probablemente, se le pueda ver en todo su esplendor ofensivo.

El fin del primer tiempo fue un despropósito por culpa de la exclusión de Víctor Montesinos, que, sumado a la de Merchán, el pivote internacional de Ademar, provocó que el equipo estuviera dos minutos jugando con cinco y, por un momento, sin saber muy bien con cuántos podía hacerlo. El equipo, aún así, se mantuvo en el partido y llegó al ecuador del mismo 15-16, pero ya intuía los habituales problemas con los árbitros, que enervaron especialmente al respetable cuando, tras un gol de Pla, el equipo castellano sacó y marcó en seguida pero aprovechándose de que uno de sus jugadores estaba en campo rival. Fue tan obvio que generó una frustración que, por suerte, no sacó al Sinfín del partido.

Y habría resultado fatal que así hubiera sido porque, para entonces, el equipo ya estaba por delante. Tras un inicio de segundo tiempo que dejó patente el paso hacia delante dado en defensa, el Sinfín empató a 17, algo que no lograba desde el 8-8. E incluso se puso por delante 18-17. Comenzó ahí una dinámica que sólo rompió el Ademar con un 20-21 que amenazó un cambio de tendencia que no fue a mayores. Fue el momento del intercambio de goles hasta que Ernesto dijo basta.

A falta de cuatro minutos y medio, el marcador era de 29-29. Peligro. Partido nuevo. Primero marcó Ramiro y, a continuación, se sucedieron tres paradas de los porteros, dos de Ernesto y una de Slavic. Faltaba un minuto y diez segundos y Montesinos pidió tiempo para preparar una posesión que debía dar una renta definitiva de dos goles a los suyos. Y sólo él y sus hombres saben la jugada que preparó, pero el gol que puso una renta de dos goles en el luminoso (31-29) fue fruto de un despiste bien aprovechado por el ratonero Nacho Valles. Aún quedaba casi un minuto y había tiempo para un milagro leonés, pero éste lo abortó completamente Ernesto con otra parada a falta de 31 segundos que le permitió salir a hombros del pabellón de La Albericia.

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