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El Diario de Cantabria

LOGROÑO - SINFIN

Con la cabeza bien alta

  • El Sinfín puso contra las cuerdas al balonmano logroño durante tres cuartos de partido
  • A partir de ahí, se le acabó la gasolina y el equipo local rompió la contienda
Ander Torriko, buscando un hueco entre la defensa riojana. / Lof
Ander Torriko, buscando un hueco entre la defensa riojana. / Lof
Con la cabeza bien alta

No es la primera vez que le sucede al Sinfín. Varias veces ha sido capaz de dar la cara durante muchos minutos ante uno de los grandes, incluso ante el Barcelona, pero al final los partidos se le acaban haciendo largos porque no tiene el depósito de gasolina que tiene el rival. Le cuesta mantener el ritmo y, sobre todo, la frescura que impide caer en imprecisiones que acaban regalando goles fáciles, que son los que rompen los partidos. El partido que completaron ayer los hombres de Reñones no mereció terminar con un resultado tan amplio, pero la brecha se abre rápidamente en cuanto el edificio se viene abajo. Y el santanderino se cayó alrededor del minuto 45, con un cuarto de partido aún por disputarse. Y fue ahí cuando se le estropeó toda la cosecha.

Los hombres de Reñones se fueron de Logroño con la cabeza bien alta. Salieron guapos en la tele. Fueron capaces de meter el miedo en el cuerpo de su rival e incluso de sus aficionados, que tuvieron que hacer acto de presencia en esos primeros compases de segundo tiempo en el que los cántabros demostraron que lo querían todo. No sólo comenzaron poniéndose por delante (13-14), sino que incluso lograron una renta de dos goles (16-18) que dio vía libre para soñar. Sin embargo, justo en ese momento llegó la exclusión de Muñiz, a la que siguió rápidamente otra de Zungri, lo que ayudó a que el conjunto local firmara un parcial de 4-0. Ahí se empezó a torcer la cosa.

El Liberbank Cantabria aún sería capaz de empatar a 21 con gol de Álex Barco, que se quedó a uno de llegar a lo cien en Asobal, pero una serie de pérdidas, malas decisiones y goles rápidos del conjunto riojano ya terminaron por romper la contienda a partir de ahí. Los cañonazos de Garciandia no tuvieron réplica echando de menos Reñones la aportación ofensiva del pivote y un lanzamiento de nueve metros que sumara. En ataque vivió, sobre todo, de las internadas de Torriko y Valles y el acierto de los extremos. El entrenador cántabro debe ver fuera de juego a Silva porque apenas le dio unos minutos en el primer tiempo, en el que se le vio precipitado, mientras que en el segundo, a pesar de esa carencia patente, sólo jugó cuando Zungri fue excluido. Le faltaron herramientas al Sinfín pero, aún así, fue mucho más que un equipo competitivo en Logroño.

No quería Rodrigo Reñones un intercambio de golpes. No quería que el equipo local corriera y marcara goles fáciles. Quería ataques largos y pausados. Así también el desgaste es menor y no se hace tan evidente el pecado de tener una plantilla mucho menos profunda que la de su oponente. Y lo cierto es que, en buena medida, el guión previsto le salió bien durante tres cuartos de hora. Se pasó el Sinfín muchos minutos por delante en el marcador a base de una buena defensa que, sobre todo, provocó un buen número de pérdidas del Balonmano Logroño durante los primeros compases del envite. Eso le permitió mandar durante doce minutos, que fue lo que tardaron los riojanos en ponerse por delante (6-5).

Sabía bien Reñones que su rival era todo un especialista en armar veloces transiciones. No sólo tras robo, sino incluso tras gol. Por eso su apuesta inicial fue jugar con siete jugadores fijos sin realizar cambio alguno entre la defensa y el ataque. Esto dejó a Valles sentado de partida con Torriko moviendo la pelota, con Dimitrievski y Zungri en los laterales y Muñiz jugando en las dos áreas. A pesar de ello, el conjunto cántabro no se resintió en ataque mientras que en defensa se mostró junto y duro generando pérdidas en el equipo rival que le impedían sentirse cómodo sobre la pista.

Valles entró en juego cuando el Balonmano Logroño se puso por delante gracias a un par de goles fáciles generados por el atasco que se produjo en el ataque santanderino. Se fueron acabando las ideas y por eso apareció en pista el hábil central madrileño, lo que agradeció el equipo como una bocanada de aire fresco. Se volvió a igualar la contienda y, poco a poco, Reñones fue poniendo en pista a la que ayer fue la segunda unidad, cambiando a los dos laterales y dando entrada a Basualdo para dar un respiro a Muñiz en ataque. El técnico cántabro sabía que debía administrar esfuerzos porque éstos, como terminaría evidenciándose, resultan decisivos ante rivales tan profundos y con tanto ritmo. De ahí que fuera necesario el sacrificio.

Dio la sensación de que el equipo riojano iba a llegar al descanso con una amplia renta y amenazando con empezar a romper el encuentro, pero entonces llegó la primera exclusión del partido. Y después la segunda. Esto hizo que tuviera que jugar el último minuto y medio del primer tiempo con dos hombres menos. El luminoso reflejaba entonces un 13-11 que los hombres de Reñones fueron capaces de convertir en 13-13 cuando sonó la bocina. Y lo hizo gracias al acierto de su portero y también a la rapidez de movimientos de Rodrigo Reñones, que pidió tiempo muerto cuando vio que sus jugadores iban a desperdiciar un contragolpe. Lo cierto es que tuvieron balones para haberse ido incluso por delante, pero el volteo completo del resultado no se daría hasta la primera acción de la reanudación.

Fue entonces cuando los cántabros confirmaron que iban en serio. También lo sintió así la parroquia local, que había estado siguiendo los acontecimientos con cierta tranquilidad hasta que se percataron de que aquello se les podía escapar. Por eso comenzaron a exigir pasivo rápidamente a los árbitros para cortar los ataques largos que tanto le estaban funcionando al bando cántabro. Y lo cierto es que su presión dio resultado. Jugar en casa siempre es un punto a favor, pero, sobre todo, lo es contar con más cartas que el rival para llegar a la recta final de la contienda con la lengua en su sitio.

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