salud mental en el deporte

“Pensé que no quería seguir”: el testimonio más sincero de Ricky Rubio

El internacional español rompe su silencio y expone las sombras de una carrera marcada por la exigencia, el dolor y la necesidad de reencontrarse consigo mismo

Ricky Rubio durante el anuncio del retiro de Sergio Llull de la Selección Nacional de Baloncesto de España. / EP
Ricky Rubio durante el anuncio del retiro de Sergio Llull de la Selección Nacional de Baloncesto de España. / EP

Ricky Rubio, uno de los grandes nombres del baloncesto español de las dos últimas décadas, ha ofrecido una de las entrevistas más impactantes de su trayectoria. Lejos de la épica de los títulos, de las luces del Madison Square Garden o de las ovaciones en el Palau, Rubio ha hablado desde un lugar mucho más íntimo y humano: el de la fragilidad emocional, la presión insostenible y la búsqueda de sentido más allá del deporte profesional.

En una conversación con Jordi Évole en laSexta, el base catalán de 34 años abordó sin filtros las razones que le han alejado de las canchas desde 2023, año en el que pidió no participar en el Mundial con la selección española para priorizar su salud mental. Fue entonces, confesó, cuando “dije basta”.

Un niño convertido en símbolo

A los 14 años, Rubio debutaba en la ACB con el Joventut de Badalona. Desde entonces, su carrera se convirtió en una constante huida hacia adelante. "Todo fue muy rápido. No sé si era realmente lo que quería o lo que se esperaba de mí", explicó. Desde muy joven, el foco mediático lo apuntaba como el heredero natural de una generación dorada. “Jugaba porque me enamoraba la sensación de estar en un equipo, de ser el pillo, de ver más allá. Pero a los 14 años, no estás preparado para todo lo que conlleva la élite”.

Con honestidad desgarradora, el exjugador del Barça, Utah, Phoenix o Cleveland admitió que nunca disfrutó plenamente del baloncesto de élite. “Para mí nunca nada era suficiente. Siempre creí que tenía que superar a Pau Gasol. Salía a la pista y pensaba que era el peor, así me obligaba a darlo todo. Pero eso es auto sabotaje. Nunca me sentí realmente satisfecho”.

Rubio detalló que incluso en sus mejores momentos —como el Mundial 2019, donde fue MVP— la presión interna no cesaba. “Cuando perdíamos, sentía culpa. Cuando ganábamos, no era suficiente. Me exigía perfección. Vivía en una lucha constante entre lo que lograba y lo que creía que debía lograr”.

El derrumbe invisible

La lesión de rodilla sufrida en 2021 con los Cavaliers fue el detonante físico, pero no el único. “No quería ni coger el teléfono. Me rompí por dentro”, recordó. La recuperación física fue tan exigente como su agotamiento emocional. "Dormía mal. Tenía sueños oscuros. Y antes del Mundial de 2023, algo me dijo que no podía seguir”.

Fue entonces cuando pidió ayuda. “Una noche pensé: no quiero seguir. No solo en el baloncesto, sino en la vida. Fue un segundo. Pero fue real. Tengo un hijo, una familia. Y aún así, sentí ese vacío. Por eso puedo entender a quienes atraviesan momentos así. La cabeza a veces pesa más que el cuerpo”.

Rubio también relató el profundo impacto que tuvo en su vida la muerte de su madre en 2016, tras una larga lucha contra el cáncer. “Ella me daba seguridad. Me aceptaba como era, sin exigirme. Cuando murió, todo cambió. Ya no tenía ese refugio”.

Su relato es demoledor: “Durante su tratamiento yo no paré. En Estados Unidos, mi mujer dio a luz en un hospital y yo me estaba haciendo tratamiento en la misma habitación. Tenía que desconectar del personaje. Pero no sabía cómo”.

A día de hoy, Ricky Rubio no descarta regresar a las pistas, pero pone condiciones. “Echo de menos el juego, pero no todo lo que lo rodea. Me gustaría jugar sin el personaje, sin el ruido. Me gustaría volver a divertirme jugando al baloncesto. Si no, no volveré”.

Admite que solo disfruta realmente cuando juega entre amigos, sin cámaras, sin presiones. “Estoy intentando recuperar esa sensación, redescubrir el baloncesto como aquel niño de la ‘Penya’”.

Rubio también quiso reflexionar sobre la situación de los nuevos talentos. En particular, se refirió al caso de Lamine Yamal, estrella precoz del FC Barcelona y de la selección española, con solo 17 años. “¿Está preparado para esa responsabilidad? ¿Le estamos formando para manejar la fama, la presión? Porque jugar bien no significa estar emocionalmente listo para soportarlo todo”.

El relato de Ricky Rubio trasciende lo deportivo. Es un testimonio de humanidad, vulnerabilidad y valentía, en un contexto donde las figuras públicas aún temen hablar de salud mental. Su confesión no es una derrota, sino un acto de liberación y de ejemplo para todos aquellos que viven atrapados en una exigencia constante. "No sé si volveré a jugar. Pero si lo hago, será porque he vuelto a disfrutar", concluyó.

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