El valle escondido en Cantabria que ha ganado uno de los premios más importantes de España
En este municipio cántabro de valles infinitos y futuro silencioso, el viento no solo sopla: construye. Y lo hace con consenso, respeto y resultados que hoy son ejemplo nacional
En el corazón de Soba, donde los valles se ensanchan entre la niebla y los pueblos parecen colgados en laderas de silencio, resuenan dos sonidos que definen el presente de este rincón cántabro: el mugido de las vacas que pastan libres en los prados de altura y el zumbido pausado de los aerogeneradores girando al ritmo del viento de montaña. El cielo cambia de luz sobre los pueblos de piedra y tejado rojizo, mientras la brisa mueve las hojas y los sueños de quienes han decidido abrazar la modernidad sin renunciar a sus raíces. Aquí, la energía eólica convive con la ganadería como si siempre hubiera sido así.
Soba, el gigante verde de Cantabria que apuesta por el viento
Soba es el tercer municipio más extenso de Cantabria, con 214 km² de valles y montañas donde viven apenas 1.200 personas, distribuidas en 27 juntas vecinales. Su economía se ha sustentado históricamente en la ganadería, siendo hoy el lugar con la mayor cabaña bovina de la región, con más de 12.000 cabezas de ganado. El entorno natural es privilegiado: prados abiertos, bosques de ribera, pastizales alpinos y pequeños pueblos conectados por sinuosas carreteras de montaña.
Del consenso vecinal a los aerogeneradores: la historia del parque eólico de Cañoneras
En el año 2000, el futuro llamó a la puerta de Soba en forma de una propuesta: la construcción de un parque eólico. La decisión no se tomó en despachos lejanos, sino que fue sometida a votación en cada junta vecinal. Y el resultado fue claro: unanimidad para el desarrollo del proyecto. Así nació el parque de Cañoneras, impulsado por Iberdrola y en funcionamiento desde 2007.
Con 38 aerogeneradores y una potencia de 32,3 MW, este parque —gestionado por la sociedad E2000, formada por Iberdrola, Ocyener y Eólica Cantabria— se extiende por los pueblos de Sangas, La Revilla, Villar, Santayana, Fresnedo y Rehoyos. A lo largo de estos años, su impacto ha sido positivo y tangible en la vida del municipio.
Ganadería y energía: una simbiosis que funciona
El dinero procedente del canon eólico (140.000 € anuales) y los impuestos (60.000 € por IBI e IAE) se ha invertido en mejoras reales para la comunidad: pavimentación de caminos ganaderos, mejora de accesos, renovación de edificios públicos, redes de agua y saneamiento. Además, el parque ha impulsado la modernización de la ganadería con plantas de ordeño automático y programas de mejora genética.
El propio alcalde Julián Fuentecilla, en el cargo desde hace 25 años, afirma que “la convivencia es ejemplar; el ganado camina por debajo de los molinos como si siempre hubieran estado ahí”. La imagen de yeguas pastando en silencio bajo las aspas en movimiento se ha convertido en símbolo de un equilibrio posible entre lo rural y lo renovable.
Un entorno natural que no ha perdido su esencia
La ruta hacia la subestación del parque permite disfrutar de vistas inolvidables: praderas abiertas, manadas de potros y un horizonte que une tecnología y paisaje. El parque emplea a trabajadores locales y contrata servicios de mantenimiento, limpieza y vialidad, generando empleo directo e indirecto.
No en vano, Soba ha sido incluido entre los 10 municipios españoles destacados por la Asociación Empresarial Eólica en su informe “Vecinos Eólicos”, que retrata historias de integración energética en comunidades rurales.
Premio EOLO 2025: un reconocimiento merecido
Este año, el municipio de Soba ha sido distinguido con el Premio EOLO 2025 a la Integración Rural de la Energía Eólica, otorgado por la Asociación Empresarial Eólica (AEE), entidad que agrupa a las principales compañías del sector. Este galardón reconoce el consenso social, la mejora de la calidad de vida y el respeto al paisaje que caracterizan al parque de Cañoneras.
Junto a Soba, también han sido premiados proyectos de innovación como el elevador de servicio Avanti con carro de mantenimiento autónomo, microrrelatos, reels y fotografías que celebran la cultura del viento y su papel en la transformación sostenible de España.
En Soba, el futuro sopla sin hacer ruido. Se escucha en los caminos recién arreglados, en las cabañas ganaderas mejoradas, en los niños que juegan bajo el vuelo de los milanos y en el mugido de las vacas que comparten el viento con los aerogeneradores. Porque quizá lo mejor de este parque eólico no es lo que se ve, sino la vida que permite que continúe.