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El pueblo de Cantabria que pisó Isabel la Católica y casi nadie lo recuerda

Vista del río Asón en Rasines. / A.R.

Juana la Loca, Isabel la Católica y una caravana de 90 barcos pasaron por este rincón cántabro

Rasines, una joya escondida entre los verdes valles de Cantabria, despliega en apenas 42 kilómetros cuadrados una impresionante concentración de historia, arqueología, arquitectura tradicional y naturaleza viva. Este pequeño municipio, situado entre Ampuero y Guriezo, guarda secretos milenarios que lo convierten en uno de los rincones con mayor riqueza patrimonial del norte de España.

Un viaje por el tiempo desde la Prehistoria

La historia de Rasines está anclada en la prehistoria, con vestigios que datan del Paleolítico superior hasta la Edad del Bronce. El yacimiento más célebre es la Cueva del Valle, donde se han hallado materiales arqueológicos que evidencian una ocupación continua durante milenios. Pero no es la única: en la Cueva de San Roque, en la localidad de Villaparte, se encontraron restos de la cultura magdaleniense (entre el 15.000 y el 8.500 a.C.), y la Cueva de Ojébar conserva materiales del Neolítico.

Una tierra marcada por civilizaciones

El municipio también guarda huellas de la Edad del Bronce, como en la Cueva de la Pedrera de Cereceda, donde aparecieron enterramientos de este período, o en el menhir del alto de Lodos, símbolo megalítico que se alza en la confluencia de Rasines, Guriezo y Ampuero.

Con la llegada de los romanos, Rasines siguió acumulando historia: se ha documentado un asentamiento cerca de la iglesia de San Andrés. Pero el hallazgo más singular fue una ara votiva, descubierta por obreros junto al río Silencio a principios del siglo XX. Grabada con la inscripción “A. FLORUS. A.P.C.S.”, ha generado distintas interpretaciones, relacionadas con cultos al agua, funerarios o incluso mineros.

Edad Media: villa, alfoz y cruce de caminos

La primera mención escrita de Rasines data del año 973, cuando aparece en el Cartulario de Santa María del Puerto como villa. Su protagonismo creció durante la Edad Media: en 1122 se convierte en alfoz, figura administrativa con funciones fiscales, judiciales y militares, lo que habla de su importancia estratégica. Por aquí pasaba el Camino Real, una vía que conectaba el puerto de Laredo con el interior peninsular, especialmente con Burgos.

Entre los numerosos pasajes históricos que atraviesan Rasines, destaca el hecho de que personajes de gran relevancia en la historia de España hayan transitado por esta localidad cántabra gracias a su ubicación estratégica en el Camino Real, que unía el puerto de Laredo con el interior, especialmente con Burgos.

Entre estas figuras históricas sobresale especialmente:

La Reina Isabel la Católica

Uno de los nombres más ilustres asociados a Rasines es el de Isabel I de Castilla, quien pasó por aquí acompañando a su hija Juana, futura reina Juana I de Castilla, también conocida como Juana la Loca, en un viaje de enorme trascendencia.

Juana la Loca

La hija de Isabel la Católica, fue llevada por su madre hasta el puerto de Laredo para embarcar rumbo a Flandes, donde contraería matrimonio con Felipe el Hermoso. Esta travesía marítima histórica comenzó con una espectacular expedición: Juana partió en una carraca veneciana escoltada por 19 barcos de guerra y 70 barcos mercantes, todos en dirección al norte de Europa.

Este viaje no fue solo un acontecimiento familiar, sino también un acto político de gran envergadura, que marcaría el futuro de la monarquía hispánica. Y Rasines, aunque brevemente, formó parte de este episodio esencial de la historia de España, consolidando su papel como enclave clave en las rutas reales del país.

Tierra de canteros, ermitas e iglesias

Uno de los oficios más prestigiosos de Rasines fue el de transportistas de lana y trigo de Castilla y de hierro de Carranza y el valle del Soba. Pero lo que verdaderamente distingue a este municipio es su tradición en la cantería. De aquí proceden nombres ilustres como Juan Gil de Hontañón, maestro mayor de la catedral nueva de Salamanca y la catedral de Sevilla, o Juan de Rasines, partícipe en la construcción de la catedral de Santo Domingo de la Calzada.

El patrimonio arquitectónico de Rasines también incluye iglesias, ermitas y el Museo de la Cantería, además de un curioso detalle: cuenta con una de las pocas plazas de toros cuadradas de España, así como ventanas monolíticas que reflejan la habilidad milenaria de sus canteros.